Prozac: ¿una droga milagrosa?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 14 marzo, 2018
Francisco Pérez · 14 marzo, 2018

Mary ha tenido problemas con los demás la mayor parte de su vida adulta. Ha peleado con sus padres, sus vecinos, su esposo… Esta mujer, con 39 años, ha experimentado depresión y bulimia, adicción a las drogas y ha intentado suicidarse en dos ocasiones. Un psiquiatra le recetó el antidepresivo doxepina, pero no le gustó cómo le hacía sentir esta droga. Hace un par de años, su psiquiatra le propuso que probara un nuevo fármaco: Prozac. Así lo hizo Mary.

Después de un mes, Mary ya había cambiado su psicoterapia por la escuela y un empleo a tiempo completo. También desechó los tranquilizantes y los medicamentos de la farmacia. Dijo sentirse “un 100% mejor”. “Ahora, mantiene una buena relación con sus padres. Siente que la aprecian en el trabajo y que no se pasa el día pensando en lo negativo de las cosas. Ya no experimento ataques de cólera. “Mi matrimonio es cinco veces mejor de lo que era” (Cowley, 1990a, p.39).

Prozac, la droga que apareció en la portada de una revista

Cuando el uso de una droga produce testimonios favorables por aquellas personas que han experimentado sus efectos y hasta llega a aparecer en la portada de la revista Newsweek, se hace necesario que nos detengamos a analizarla en profundidad. Pero, haciendo caso omiso a la reacción de los medios de comunicación, ¿es tan revolucionaria como aseguran quienes la defienden?

En algunos aspectos, parece que el Prozac sí merece los elogios que se le han prodigado. Introducida en 1987, actualmente es la droga antidepresiva recetada con más frecuencia. Aunque es muy cara, lo cierto es que parece haber logrado cambiar la vida de miles de personas deprimidas. Sin embargo, aunque la patente del Prozac expiró en 2001 en EE UU y en 1999 en España, aún existe debate sobre de su relevancia terapéutica.

“Hubo mucha gente que empezó a admitir que padecía enfermedades depresivas y que estaba en tratamiento, porque no se notaba. Eso fue un hito importantísimo”.

-López Ibor-

Mujer con depresión

Hubo un momento en que la depresión era mayoritariamente tratada por psiquiatras, pautando para el tratamiento los conocidos como antidepresivos tricíclicos (amitriptilina, clomipramina). Los efectos secundarios de estos medicamentos eran tan desagradables como desconocidos en muchos casos, de ahí que muchos pacientes y médicos abusaran de ellos sin medir realmente las consecuencias de un consumo alto y recurrente.

Al aparecer el Prozac, que tenía prácticamente la misma eficacia que los fármacos existentes, pero en apariencia con menos efectos secundarios, los médicos de atención primaria comenzaron a prescribirlo. Así, disminuyó de alguna manera ese temor a utilizar antidepresivos, pese a que, al principio, los profesionales no estaban a favor de recetarlo.

¿Qué es el Prozac?

Prozac es el nombre comercial de un antidepresivo: la fluoxetina. Prozac funciona por medio del bloqueo de la recaptación de serotonina. Se trata de un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina o ISRS. A diferencia de otras drogas antidepresivas, Prozac parece tener pocos efectos secundarios y la probabilidad de una sobredosis es muy remota. Así, encontramos que muchas personas que no han respondido a otro tipo de fármacos antidepresivos sí lo hacen ante el Prozac.

Por otro lado, señalar que es posible que Prozac tenga su lado oscuro. De hecho, algunas de las personas que consumen Prozac experimentan agitación intensa y temblores. Otras personas desarrollan ideación suicida. Finalmente, otros pacientes sostienen que Prozac los hace proclives a padecer ataques de violencia. De hecho, los abogados defensores en varios procesos judiciales por homicidio lo han utilizado como defensa. Afirman que la droga fue la que provocó el comportamiento homicida (Marcus, 1991).

¿Miedos infundados?

Muchos profesionales formados no aceptan las conclusiones de estos informes. Incluso un conjunto de expertos del gobierno de Estados Unidos, reunidos a petición de la Food and Drug Administration, no encontró ninguna evidencia que demostrara los efectos secundarios de Prozac (FDA, 1991). Sin embargo, algunos expertos sugieren que hasta el 15% de los consumidores presentan algún tipo de efecto secundario. Por desgracia, el entusiasmo del público por Prozac plantea un problema para los trabajadores de la salud.

La gran cantidad de publicidad sobre la droga aumenta la posibilidad de que los pacientes que pasan por episodios de tristeza o desánimo no consideren tomar medidas alternativas más adecuadas. Uno de estos tratamientos alternativos con eficacia clínica probada es la psicoterapia.

Psicólogo con paciente

Aunque el Prozac pueda hacernos sentir mejor, lo cierto es que podemos llegar a pagar el precio de mejorar nuestro estado de ánimo más allá de la farmacia, en nuestro propio cuerpo y sobre nuestra propia salud. Al igual que ocurre con el resfriado común, aún no se ve en el futuro inmediato ninguna cura “mágica” para la depresión.

Eficacia cuestionada

El Prozac, el antidepresivo consagrado como símbolo del siglo XXI con 40 millones de consumidores en todo el mundo, es seriamente cuestionado. Según los resultados de un metanálisis que publica PLoS Medicine, la fluoxetina, el principio activo de la llamada “pastilla de la felicidad”, tiene el mismo efecto que tomar pastillas hechas con azúcar.

Esto es lo mismo que decir que el Prozac es un placebo (cuando se trata de personas que sufren depresión leve y moderada). Lo mismo ocurriría con los otros dos antidepresivos más vendidos, la venlafaxina (Efexor) y la paroxetina (Serotax). El estudio concluye que solo tendrían los efectos que se demandan de ellos cuando la depresión es muy profunda.

Entonces, ¿estamos ante un fármaco antidepresivo eficaz o se trata tan sólo de un placebo? No olvidemos que existen millones de personas que afirman que a ellas les ha ayudado. Según Spiegel, 1989 “aunque las drogas antidepresivas produzcan efectos secundarios, su margen general de éxito es muy bueno”. De una manera o de otra, antes de dar un paso hacia la medicación o el consumo de fármacos lo mejor es acudir a la consulta de un especialista que esté en disposición de ofrecernos diferentes alternativas, porque como decimos, no existe una cura mágica para la depresión.