Competir o cooperar: ¿qué es mejor enseñar a los niños?

¿Qué es mejor inculcar a los niños: el valor de ser competitivos para lograr metas o habilidades de cooperación y trabajo en grupo? Analizamos cómo venimos de alguna forma programados y también lo que la sociedad tiene preparado para los más pequeños.
Competir o cooperar: ¿qué es mejor enseñar a los niños?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 25 septiembre, 2022

A nadie se le escapa el hecho de que vivimos en una sociedad altamente competitiva. En esta selva de asfalto solo quien ve la vida como un reto constante está motivado al logro y suele alcanzar (en apariencia) el éxito. Así, en un entramado social cada vez más falto de oportunidades, hay una obligación casi implícita y soterrada que nos empuja a habilitarnos en este tipo de competencia.

Dicha presión silenciosa se aprecia a menudo en el tipo de educación que eligen muchas familias. Son muchos los padres que eligen formar a sus hijos en actividades en las que la competición es una constante. Nadie puede negar, por ejemplo, los indudables beneficios que puede suponer para un niño practicar un deporte desde bien pequeño.

Sin embargo, hay un fenómeno que apreciamos cada vez con mayor frecuencia. Los progenitores presionan a sus hijos para que ganen, para que obtengan triunfos en aquellas actividades deportivas en las que están inscritos. La orientación al logro, casi exacerbada por parte de los padres, se convierte en una fuente de ansiedad en la mente infantil.

Valores como la cooperación, el trabajo en equipo o el simple disfrute por la actividad física quedan a un lado. No es relevante. Solo importa el éxito y esto hace que se valore al niño por aquello que logra y no por aquello que es. Esta es una realidad cada vez más patente de la que merece la pena hablar.

Los niños están más orientados a la cooperación que a la competición, pero solemos educarlos para lo segundo.

Niños tímidos se reúnen en la escuela para Competir o cooperar
El principal objetivo de los niños en la primera infancia es hacer amigos, divertirse y descubrir el mundo.

Competir o cooperar: ¿qué valor transmitir en la infancia?

La cooperación ha sido un pilar esencial para el sustento de nuestra civilización. Sin ella, no existiría nuestra cultura, nuestras sociedades e incluso la propia evolución como seres humanos no habría sido tan exitosa. Sabemos que ayudar y compartir son prácticas que revierten en nuestro bienestar mutuo, pero si hay algo que también nos define es obstaculizar y monopolizar.

Sin embargo, y aquí viene el dato revelador, los niños llegan al mundo siendo inherentemente cooperativos. Una investigación de la Universidad de Yale, por ejemplo, señala que a partir del año de vida los pequeños ya muestran conductas de colaboración, apoyo y conexión social.

Los actos de reciprocidad infantil son constantes en las guarderías y los centros de educación infantil. Sin embargo, poco a poco, la sociedad, los padres y las dinámicas sociales que observan los van modelando. Si les dan a elegir entre competir o cooperar, ellos elegirán, por término medio, lo segundo, pero a menudo la presión educativa les orienta hacia la otra vía.

A partir de los 14 meses de edad, los niños ya tienen desarrollada la capacidad cognitiva de ayudar y colaborar. Potenciar desde bien temprano esta dimensión nos permitiría dar forma a una sociedad más respetuosa. 

Los padres quieren hijos ganadores

Hay un libro muy interesante titulado Playing to Win: Raising Children in a Competitive Culture (2013). En este trabajo, la socióloga Hilary Friedman nos aporta unos datos muy relevantes sobre los estilos de crianza actual.

Los padres invierten cada vez más dinero en que sus niños practiquen actividades competitivas. Lo que ansían los progenitores de hoy en día es tener niños ganadores. No les interesa que amen el fútbol, la danza, el baloncesto, el patinaje artístico o el ajedrez. Ansían que sus hijos ganen trofeos, que sean los mejores. Educar en competitividad es una vía de dos caminos. Por un lado, buscan sentirse orgullosos de sus pequeños.

Por otro, entienden que tener un hijo competitivo es elevar la probabilidad de que el día de mañana, este tenga competencias lo bastante sólidas para alcanzar el éxito. Al fin y al cabo, desarrollar una mentalidad competitiva es educar en el esfuerzo, la superación de desafíos y la motivación constante.

Sin embargo, esta regla de tres no siempre funciona. Los niños educados en la presión por ser los mejores, terminan siendo, a menudo, los más infelices.

Muchos padres “sobornan” incluso a sus hijos. Les instan a ser los mejores de la clase o a ganar trofeos o medallas en el deporte a cambio de ofrecerles recompensas, como juguetes, tecnología o viajes.

Los niños no quieren ser los mejores, solo quieren disfrutar

Hay un hecho destacable que enfatizaba Friedman en su libro. Cuando se les preguntaba a los niños qué prefieren, si competir o cooperar, señalan que cooperar. Lo que los pequeños buscan con las competiciones deportivas es pasarlo bien con otros niños. El objetivo que suelen tener es hacer amigos, disfrutar, conectar socialmente con sus iguales.

La presión por competir y ganar les infunde estrés y altas cuotas de ansiedad. Los chicos y las chicas que son presionados desde la infancia para ser los mejores en todo lo que hacen por parte de sus padres no siempre logran el éxito académico. A menudo, evidencian mayor riesgo de desarrollar depresión.

Educar a nuestros hijos en la obligación constante de alcanzar logros y méritos no conducirá directamente a nuestros hijos a la excelencia. Este tipo de dinámicas pueden distorsionar la identidad del niño. Su autoconcepto dependerá en exclusiva de aquello que consiguen, no de aquello que realmente son.

Nuestra sociedad nos inculca la obligación de ser competitivos. Esto hace que se encumbre y llene de recompensas a los ganadores y de críticas, menosprecio y vergüenza a los perdedores.

Un niño está triste porque no sabe qué es mejor Competir o cooperar
Inculcar a los niños los valores de la competitividad como único mecanismo de alcanzar el éxito, les puede infundir estrés y ansiedad.

Competir o cooperar: ¿qué es mejor?

¿Competir o cooperar? ¿Qué deberíamos enseñar a nuestros hijos? Lo cierto es que ambas esferas son igual de decisivas. Educar en una competitividad sana en la cual el niño aprenda a superarse y esforzarse por un objetivo, es lícito y muy positivo. Sin embargo, el problema está cuando la competitividad está desprovista de empatía y deriva en la agresividad.

Es bueno tener adecuadas competencias para ser competitivo y es necesario también aprender a ser cooperativos y solidarios. Una realidad que no debería estar reñida con la otra, ni ser tampoco su opuesta. Pero como sociedad sobrevaloramos en exceso la competitividad y con ella, encumbramos al que vence y despreciamos al que pierde, al que no llega, al que se queda atrás.

Si lo pensamos bien, las personas más felices que hemos conocido son aquellas que cooperan, que ayudan al resto, hombres y mujeres que saben convivir y que no están focalizadas solo en tener éxito o conquistar metas. Dejemos que nuestros niños practiquen deportes y sus actividades favoritas centrándose en lo que más le gusta: divertirse, hacer amigos, disfrutar.

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  • Friedman, Hilary (2013) Playing to Win: Raising Children in a Competitive Culture. ‎ University of California Pres
  • Olson KR, Spelke ES. Foundations of cooperation in young children. Cognition. 2008 Jul;108(1):222-31. doi: 10.1016/j.cognition.2007.12.003. Epub 2008 Jan 28. PMID: 18226808; PMCID: PMC2481508.