¿Conoces los diferentes tipos de memoria a largo plazo?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 30 noviembre, 2017
Alejandro Sanfeliciano · 30 noviembre, 2017

La memoria a largo plazo o MLP es ese almacén donde guardamos toda aquella información significativa del pasado. Estos datos, acerca de las vivencias pasadas, de alguna manera guían nuestra conducta. A través de la experiencia sabemos qué consecuencias tiene cada conducta y qué debemos hacer según el contexto en el que estemos. Por esto la memoria a largo plazo cumple un papel evolutivo muy importante.

Ahora bien, no toda la memoria a largo plazo contiene el mismo tipo de datos. Podemos ver una diferencia clara entre conocer la capital de España, o lo que he comido hoy, o saber montar en bici. Es posible diferenciar entre este tipo de “conocimientos”, y para hacerlo nos vamos a fijar en la clasificación del psicólogo L. Squire. En este sentido, divide a la MLP en memoria declarativa y procedimental.

Memoria a largo plazo declarativa

La MLP declarativa, es aquel tipo de memoria a la que podemos acceder de manera explícita e intencional. Es decir, aquellos datos a los cuales accedemos voluntariamente y podemos expresar con palabras. Esta es una memoria de hechos y está formada principalmente por proposiciones o imágenes mentales.

Ahora bien, dentro de la memoria declarativa podemos hacer una subclasificación. Entre la memoria que se encarga de las experiencias personales, que vamos a llamar memoria episódica; y aquella que se encarga de los datos que hablan acerca del mundo y el lenguaje, que va a ser la memoria semántica.

Mujer pensando con los ojos cerrados

Memoria episódica

La memoria episódica se usa para codificar experiencias o vivencias personales ocurridas en el pasado. Para una posterior recuperación consciente de eventos y episodios de nuestra propia vida que han ocurrido en un momento temporal determinado. Por tanto, una característica principal de este tipo de memoria es su carácter temporal, ya que cada suceso está etiquetado en un tiempo determinado. Tulving (1972) la definió como: “el conocimiento consciente de acontecimientos o episodios datados temporalmente, localizados espacialmente y experimentados personalmente”.

Cuando la persona intenta recuperar algo de esta memoria de manera voluntaria tiene que realizar un viaje hacia atrás en el tiempo… hasta que llega al acontecimiento objetivo. Por esto, la recuperación está muy ligada con las claves contextuales que sirven para poder acceder a la información que queremos recordar.

Hay dos aspectos clave que potencian la codificación de un suceso particular y mejoran su posterior recuperación. Uno es el procesamiento que se le ha dedicado a codificarlo o almacenarlo: los estudios nos dicen que cuantos más recursos gastemos en intentar almacenar un hecho será luego más fácil de recordar. Y el otro son los aspectos emocionales, aquellos recuerdos ligados a una emoción concreta dejan mucha más huella y son más fáciles de recordar.

Caneza y Nyberg (2000), a través de estudios de neuroimagen, mostraron que la corteza prefrontal derecha está relacionada con la recuperación episódica.

Memoria semántica

La memoria semántica es una clase de memoria necesaria para el uso del lenguaje. Se trata de una base de datos que las personas poseen acerca de las palabras, otros símbolos verbales y su significado. Es un sistema independiente de la memoria episódica a nivel de codificación, almacenamiento y recuperación. A diferencia de la episódica, carece de codificación temporal; sabes que el agua hierve a 100 cº pero no recuerdas -porque no lo almacenaste, no te pareció relevante- cuando aprendiste ese dato.

La memoria semántica es un gran almacén de conceptos e información. Pero, ¿cómo están organizados dichos datos? A pesar de que hay múltiples teorías acerca de cómo se almacenan y organizan, la más validada proviene de los modelos conexionistas. Según estos, la memoria semántica está organizada en un sistema de redes en el cual todos los conceptos están relacionados entre ellos de diversas maneras. Algo que facilita la recuperación de recuerdos. Así el concepto perro está fuertemente relacionado con mamífero, pelo y ladrar, pero muy poco (en general) con libro, ordenador y grapadora.

Esta memoria esconde una profunda teoría detrás. A los investigadores les interesa saber cómo adquirimos nuestra relación con los objetos. Cada uno de nosotros puede definir un objeto de forma diferente pero sabemos que estamos hablando del mismo. Así pues, la información que tenemos de un objeto o símbolo, no sólo es la información objetiva que pueda poseer el objeto sino nuestra experiencia con él. Como afirma Jorge Rivas (2010), de la Universidad Nacional de Mar del Plata: “cada relación comunicativa entre dos hablantes implica siempre un acto de interpretación y una negociación de los significados“.

Memoria a largo plazo procedimental

La memoria procedimental es aquella que se encuentra automatizada y es inaccesible de manera explícita para nosotros. Es aquella memoria relacionada con la información acerca del “saber hacer”. Dentro de esta podemos encontrar la memoria implícita, las destrezas motoras y los condicionamientos.

Hombre con gafas pensando

Memoria implícita

Es aquella memoria a largo plazo que no requiere la recuperación intencional de la experiencia adquirida previamente. Quizás es uno de los tipos de memoria más difícil de definir y explicar. Por ello, para entenderla acudamos a los estudios de priming o a las pruebas para medir la memoria implícita.

Un ejemplo claro de priming lo encontramos en la rapidez a la hora de responder o leer palabras familiares. Imaginad que presentamos a un sujeto una serie de palabras y le decimos que las lea en voz alta para asegurarnos que les presta atención. Y después de un tiempo prudente, puede que él ya no recuerde esas palabras explícitamente, pero si le presentamos otra lista de palabras tardará más en leer aquellas que no se presentaron en la lista anterior.

Parece que existe cierto almacén que guarda sucesos episódicos de manera implícita para facilitar situaciones en el futuro próximo. Además, como dato curioso, este tipo de memoria se conserva a la perfección en los pacientes amnésicos: una prueba de su independencia de la memoria declarativa.

Destrezas motoras

Cuando hablamos de destrezas motoras nos referimos a aquellas habilidades que hemos automatizado gracias a la práctica, como montar en bici o andar. Mientras realizamos estas actividades automatizadas, no estamos recordando de manera explícita cómo se hacen: nuestro cuerpo actúa de una manera prácticamente automática.

Este tipo de memoria nos es de gran utilidad, ya que cuando una habilidad se procedimentaliza deja libre una gran cantidad de recursos de la memoria de trabajo. Así, por ejemplo, en lugar de estar pensando en qué tengo que hacer para mantener el equilibrio en la bici, puedo destinar recursos a prestar atención a las indicaciones para ir a un lugar concreto.

Condicionamiento

Este tipo de memoria se relaciona con el aprendizaje asociativo, como el condicionamiento clásico o el operante. En estos casos hemos creado una asociación: ante un determinado estímulo sigue inmediatamente un tipo de respuesta. Así, cuando ese estímulo aparezca, realizaremos de forma automatizada esa respuesta asociada.

Un ejemplo sencillo es el condicionamiento del asco. Imaginad que en una ocasión tomamos un yogur caducado que nos sienta realmente mal al estómago. Es probable que el cuerpo relacione el malestar con ese yogur, especialmente porque estamos programados para crear asociaciones muy rápidas con alimentos. Así, la próxima vez que veamos un yogur, en nuestro cuerpo se desencadenaran unos procesos que nos harán sentir un malestar estomacal, y así evitar su ingestión.