¿En qué consiste la pregunta milagro?

Adriana Díez · 17 enero, 2018

“Imagina que mañana suena tu despertador y al levantarte notas que ha ocurrido un milagro y todo tu problema ha desaparecido. ¿Cómo podrías darte cuenta de que ya no existe ese problema por el que viniste a consulta?” Este es el comienzo del trabajo con la técnica de la pregunta milagro.

Esta metodología de trabajo se encuentra dentro de la terapia centrada en las soluciones, con su máximo representante Steve de Shazer. El trabajo se dirige a encontrar las excepciones en la vida del paciente, es decir, a encontrar situaciones en las que el problema no esté presente y potenciarlas y maximizarlas todo lo que se pueda.

La terapia centrada en las soluciones entraría dentro del grupo de las llamadas terapias breves, de unas diez sesiones aproximadamente. Lo que se busca con la “pregunta milagro” es que el paciente se dé cuenta rápidamente de cómo cambiaría su vida si su problema no estuviera o desapareciera repentinamente.

A veces estamos tan inmersos en los problemas que dejamos de lado todo lo bueno que nos ocurre día a día, nos centramos solo en lo malo y somos incapaces de salir de esta espiral. Con esta pregunta tenemos la oportunidad de hacer que ocurra un milagro, darnos cuenta de qué pasaría si de nuevo tenemos la suerte de despertar y no tener el problema.

Chico mirando una vela encendida

¿Qué nos impide hacer lo que queremos?

“Podría darme cuenta de que mi problema ha desaparecido si me levantara y no sintiera el dolor en el pecho. Si pudiera desayunar tranquilamente sin mirar cada dos minutos el reloj, si pudiera despertar a mis hijos sin prisa y decirle cuánto les quiero. Me daría cuenta porque besaría a mi pareja nada más levantarse y sería consciente de lo afortunada que soy, por tener una familia y un trabajo. Olvidaría por un momento mi estrés y disfrutaría de la paz de desayunar todos juntos”.

La pregunta milagro ha de ser llevada a cabo por un terapeuta especializado, que guíe la narrativa del paciente y que permita ver los detalles que están perdiéndose por centrarse en su problema. Este tipo de preguntas nos ayudan a darnos cuenta de qué ha cambiado y qué se deja de hacer por la problemática.

Mirar dentro de nosotros e imaginar qué pasaría si “estuviera bien” nos da los factores de cambio y los objetivos a conseguir. ¿Hay algo externo que me impide conseguir lo que quiero o soy yo quien está poniendo límites para avanzar? Muchas veces somos nosotros mismos quienes ponemos la piedra para tropezar. Imaginar un día a día mejor también nos acerca a saber qué queremos conseguir.

Dos amigos pensando en el futuro

El trabajo después de la pregunta milagro

Tras comprobar y darnos cuenta de lo que el problema ha cambiado en mi vida, vienen las acciones. Dentro de esta terapia centrada en las soluciones se encuentra también la técnica llamada “efecto mariposa”. Este ejercicio nos ayuda a ver que tras un pequeño cambio van ocurriendo los demás, casi de forma encadenada.

No podemos quedarnos en imaginar qué pasaría o ver cómo están cambiando las cosas, es el momento de tomar el control del día a día y empezar a construir. Darse cuenta de lo que el problema ocupa en mi vida es quizás el paso más difícil, pero una vez somos conscientes, es más sencillo que empecemos a actuar.

La pregunta milagro podría considerarse el pistoletazo de salida, pero después todavía queda mucho trabajo por hacer. Los factores de cambio y los objetivos a conseguir los marcamos nosotros, tras darnos cuenta de todo aquello que nos gusta y nuestro problema impide que hagamos. Tomemos el control y comencemos a trabajar en ello.

Y ahora te pregunto, ¿qué ocurriría si mañana te despiertas y todo lo que hoy te genera malestar ha desaparecido? Comienza a preguntarte qué podrías cambiar en tu vida. Imagina y crea las posibilidades de un día a día mejor.