El contraste mental, un camino para evitar el optimismo ingenuo

El contraste mental es una estrategia muy útil para acompañar a esa dosis moderada de optimismo que necesitamos para alimentar nuestra motivación. Hablamos de cómo realizar esta técnica y aprovechar después los resultados de aplicarla.
El contraste mental, un camino para evitar el optimismo ingenuo
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 15 julio, 2022

El contraste mental es un ejercicio y una perspectiva que ayuda a ver las cosas desde un punto de vista más realista. Esto se convierte en una gran herramienta para lograr los objetivos y se opone, hasta cierto punto, al optimismo ingenuo.

Muchos textos hablan de las bondades del optimismo sin precisar, eso sí, que se dan bajo unas condiciones determinadas. A veces se cree que basta con “pensar en positivo” para que todo salga bien. Esto no es solo ingenuo, sino que además en muchos casos puede ser contraproducente para lograr nuestros objetivos.

Si bien la actitud positiva y la esperanza en obtener unos buenos resultados nos ayudan a conseguir cualquier objetivo, no es menos importante el hecho de ver las limitaciones de la realidad. El contraste mental sirve precisamente para adoptar una perspectiva más apegada a los hechos, en lugar de gestionar el peso del curso de los acontecimientos en la fortuna o la inercia.

Un idealista es un hombre que, partiendo de que una rosa huele mejor que una col, deduce que una sopa de rosas tendría también mejor sabor”.

-Ernest Hemingway-

Mujer pensando
El contraste entre los deseos y los hechos puede ayudarnos a precisar hacia dónde dirigirnos.

El optimismo ingenuo

Ser optimistas es algo saludable. Tiene que ver con un sentimiento de esperanza esencial. Aunque las cosas vayan mal, la fe no se apaga. Esta es una perspectiva extraordinariamente motivadora.

El problema aparece cuando la persona espera que el rumbo cambie y que el azar dirija el timón a ese lugar en el que se cumplirán sus expectativas. Este tipo de cursos mentales están muy lejos de los puertos que motiven la reflexión necesaria para modificar la inercia de los acontecimientos.

Aquí pueden tener mucho peso ideas del tipo: “como la vez anterior tuve mala suerte, esta vez tendré buena suerte y el destino me devolverá lo que en el pasado no quiso concederme”. Muchas personas trabajan con la idea de que la buena y la mala suerte tienen que estar equilibradas, cuando lo cierto es que no tenemos noticia de que el destino esté dispuesto a pagarnos todas esas que nos debe.

Cuidado, porque no estamos diciendo que en ocasiones no sea importante el hecho de dejar fluir los acontecimientos. Lo que sí estamos diciendo es que es importante que estemos preparados para hacer correcciones de rumbo cuando sea necesario. Respetar ese flujo natural, pero también intervenir para reacomodar o corregir el curso de los acontecimientos.

El contraste mental

El contraste mental hace referencia al ejercicio de confrontar los planes y los deseos con los límites objetivos de la realidad. Una cosa es lo que queremos que ocurra y otra muy diferente las posibilidades efectivas de que suceda. Contrastar lo uno con lo otro os ayuda a trabajar con una visión más adaptada de la realidad.

¿Tiene algún sentido bajar el nivel del optimismo? El contraste mental sirve para identificar mejor los puntos más débiles de nuestras estrategias. Si visualizamos un desenlace negativo, ¿por qué se podría haber producido? Responder a esta pregunta os dará ideas para realizar intervenciones que aumenten la probabilidad de obtener el resultado que queremos.

Mujer pensando
El contraste mental sirve para focalizarnos más en los hechos, es decir, en la realidad.

Los riesgos de la autosugestión y el idealismo

Cuando una persona se sugestiona a sí misma planteándose que todo será excelente, también se impone una presión que no solo puede ser desmedida, sino también poco enriquecedora. Pensar una realidad y un mundo en el que todo es armónico, maravilloso y feliz significa poner la vara demasiado alto, tan alto que nunca se va a alcanzar.

Con frecuencia, el optimismo ingenuo lleva a la decepción. Se espera tanto de la realidad que al final ni siquiera lo que es muy bueno alcanza el nivel de la expectativa. En quienes profesan el positivismo anímico como una religión, esto será motivo de un nuevo baño de autosugestión. En los casos extremos, se llega a creer que la fuerza de la mente tiene el poder para transformar lo negativo en positivo de manera casi mágica.

Está claro que una persona puede construir una nube rosa y decidirse a vivir en ella. Sin embargo, al hacerlo se priva de las valiosas lecciones que están implícitas en los errores y en los fracasos. En realidad, se aprende mucho más del tropiezo que del acierto.

Este último corrobora algo que ya se sabía, mientras que la equivocación enseña algo nuevo. Obviamente, el contraste mental debe emplearse de forma razonable. Dice un viejo adagio que siempre es bueno “esperar lo mejor, pero estar preparado para lo peor”. De eso se trata una perspectiva realista.

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  • Batanero, C., & Díaz, C. (2015). Aproximación informal al contraste de hipótesis. Didáctica de la Estadística, Probabilidad y Combinatoria, 2, 207-214.
  • Vera-Villarroel, P., Pávez, P., & Silva, J. (2012). El rol predisponente del optimismo: hacia un modelo etiológico del bienestar. Terapia psicológica30(2), 77-84.