La corporalidad en psicoterapia: ¿qué puede aportar?

Las emociones se piensan con la mente, pero se sienten en el cuerpo. Por eso, el cuerpo constituye una magnífica puerta de acceso a nuestros estados emocionales. Descubre cómo se utiliza esta vía en psicoterapia.
La corporalidad en psicoterapia: ¿qué puede aportar?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz el 11 Mayo, 2021.

Última actualización: 11 Mayo, 2021

Cuando pensamos en acudir a un psicólogo o en realizar un trabajo terapéutico nos imaginamos dialogando y analizando verbalmente nuestras situaciones. Y esto es cierto en gran medida; bajo la guía del terapeuta ampliamos nuestro enfoque y accedemos a nuevos razonamientos y estilos cognitivos. Adquirimos un nuevo modo de pensar que se ve reflejado posteriormente en nuestra realidad. Sin embargo, las palabras muchas veces se quedan cortas, por ello la corporalidad en psicoterapia es importante. 

Las emociones se piensan con la mente, pero se sienten en el cuerpo. La ansiedad genera un hormigueo en el estómago, la preocupación desencadena con frecuencia intensos dolores de cabeza, el miedo a expresarnos se manifiesta en forma de nudos en la garganta.

El cuerpo habla, grita y somatiza nuestros estados emocionales. Y esto le convierte en una magnífica puerta de acceso a esas experiencias internas que el lenguaje verbal es incapaz de abarcar.

La corporalidad en psicoterapia

La corporalidad en psicoterapia hace referencia al uso del cuerpo como una herramienta para hacernos conscientes de nuestras emociones y liberarlas. Por lo general, el proceso suele desarrollarse de arriba a abajo: pienso, analizo, razono y modifico creencias, y esto conduce a un cambio en mis emociones y conductas. Sin embargo, también es posible trabajar a la inversa, y en muchos casos esto resulta más sencillo y efectivo.

La corporalidad nos invita a trabajar con el lenguaje no verbal, a conectarnos con nuestras sensaciones, posturas, gestos o tonos de voz. Nos propone atender a estas manifestaciones físicas para comprender lo que nos ocurre, y emplearlas para cambiarlo.

Mujer en el psicólogo

Pensemos que el peso de nuestras emociones recae sobre todo en el hemisferio cerebral derecho, al igual que nuestra capacidad visual, espacial, táctil y en general todo nuestro lenguaje no verbal. Por ello, todos estos elementos pueden conectarnos y permitirnos trabajar con nuestras emociones de un modo más directo y profundo que las palabras.

Esto es especialmente relevante en personas que se caracterizan por su razonamiento lógico o analítico, con tendencia a perderse en razonamientos y a mantenerse desconectadas de su parte más física. El cuerpo nos abre una nueva puerta con grandes oportunidades de trabajo personal.

¿Cómo se trabaja la corporalidad en psicoterapia?

La corporalidad en psicoterapia permite trabajar especialmente con los estados emocionales. A continuación hacemos un recorrido por los aspectos más importantes para ello.

Identificar las emociones

En lugar de centrarnos solo en reflexionar a nivel teórico sobre lo que nos sucede o cómo podemos cambiarlo, la corporalidad propone una serie de técnicas activas y centradas en la experiencia concreta. Para ello es imprescindible, en primer lugar, centrar la atención en qué es lo que se está sintiendo en el momento. ¿Dónde sientes el miedo? ¿Dónde experimentas la tristeza? ¿En qué zonas de tu cuerpo se manifiesta tu malestar?

A continuación, habrá que tomar en consideración todos los aspectos del lenguaje no verbal. Por ejemplo, un tono de voz excesivamente bajo, monótono y pausado puede indicar tristeza y apatía. Una postura encorvada es el reflejo de una inseguridad y una sensación de necesitar protegerse. Brazos y piernas cruzados pueden indicar tensión, poca apertura y baja disposición a colaborar.

Existen técnicas, como la escultura, que nos ayudan a percibir lo que sentimos en un momento dado o en una relación concreta. La postura recreada nos permite ver y sobre todo sentir qué papel estamos adoptando en relación a esa situación o ese vínculo.

Por ejemplo, al recrear una escultura de pareja, ¿cómo te sientes con la postura adoptada? ¿a dónde miráis cada uno? ¿Qué distancia física os separa? Todos estos datos pueden ser realmente esclarecedores.

Pareja en terapia

Trabajar las emociones

La corporalidad en psicoterapia nos permite también trabajar las emociones desde el cuerpo, en un proceso de abajo hacia arriba. Así, el objetivo será acostumbrarnos a integrar la corporalidad asociada a las emociones que deseamos experimentar.

¿Cómo se sentiría alguien feliz, tranquilo, positivo y seguro de sí mismo? ¿Cuál sería la postura, la gestualidad o el tono de voz de una persona alegre y enérgica? Identificar y recrear estas condiciones resulta una estrategia poderosa.

Nuestra memoria somática recuerda lo que sentimos las veces que adoptamos esas posturas. Por ello, sonreír, aunque sea de manera forzada, mejora el estado de ánimo, igual que caminar erguidos, aunque nos resulte incómodo al principio, aumenta nuestra confianza.

El cuerpo y la mente se comunican y retroalimentan y es necesario integrar ambos en cualquier proceso terapéutico.

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  • Fernández De La Vega González, S. (2018). La memoria del cuerpo: una justificación teórica de las intervenciones corporales en psicoterapia psicoanalítica. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría38(134), 451-471.