Corrige al sabio y será más sabio, corrige al ignorante y lo harás tu enemigo - La Mente es Maravillosa

Corrige al sabio y será más sabio, corrige al ignorante y lo harás tu enemigo

Fátima Servián Franco 10 julio, 2017 en Psicología 3503 compartidos
Persona discutiendo y responsabilizando a su enemigo de su malestar

En realidad todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos lo mismo ni somos capaces de reconocerlo en el mismo grado. Concretamente, entendemos la ignorancia como un concepto que indica falta de conocimiento o experiencia. Precisamente es esta falta de conocimiento/experiencia la que vuelve al ignorante vehemente y suspicaz, pudiendo convertirse en nuestro enemigo si tenemos vivencias o conocimientos diferentes.

Por el contrario las personas sabias saben que una buena parte de su virtud reside en la conciencia de la ignorancia, tal como postuló Sócrates. Esa conciencia de nuestra ignorancia es la que nos descubre frente a lo real, nuestra finitud ante tal infinitud, y nos concilia con nuestra naturaleza. Estas personas virtuosas se mantienen alejadas de la rivalidad, por lo que difícilmente se convertirán en enemigos, o amigos de la codicia y de la confusión producida por los deseos desmedidos.

Las personas que ignoran sus propias limitaciones y las de su conocimiento están anuladas por su propia visión, siendo imposible una comunicación asertiva con ellas. Todo lo que no entre dentro de sus patrones será motivo de conflicto, que podrá solucionarse de cualquier manera menos por una concesión sincera por su parte.

“Los sabios buscan la sabiduría; los necios creen haberla encontrado”
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La ignorancia ignorada presume de conocimiento

La ignorancia es tan atrevida que presume de saber. El perfil de las personas sabelotodo y furibundas se puede explicar desde el efecto Dunning-Kruger. A este efecto se le conoce en Psicología como la autopercepción inadecuada. Hace referencia a las personas solemos sobreestimar la cantidad de conocimientos con los que contamos, ya sea por la cantidad o por la seguridad con la que convertimos opiniones personales en hechos irrefutables.

Hombre hablando y manipulando conversación con amigo

Esta falsa autopercepción fue descubierta en el año 1999 por Justin Kruger y David Dunning, profesores de la Universidad de Cornell. Ambos investigadores comenzaron analizando estudios en los cuales se sugería que en algunas ocasiones la ignorancia proporciona más confianza que el conocimiento. Específicamente, se hacía referencia a algunas actividades como la conducción de coches o a juegos como el ajedrez y el tenis.

La ignorancia ignorada, por otro lado, es la madre de muchos desencuentros. Un enemigo no suele venir nada, y uno de esos sitios inhóspitos de donde surge puede ser porque la persona amiga o neutra se siente atacada o desprestigiada, fruto de su omnipotente visión de su conocimiento.

Si se os pregunta: ¿Qué es la muerte?

Responded: «La verdadera muerte es la ignorancia».

De esta forma… ¡Cuántos muertos entre los vivos!

La consciencia de la propia ignorancia nos hace un gran regalo: la curiosidad

Saber es también conocer aquello que nos falta por saber y abrir la puerta, la motivación, para conocerlo. En este sentido, la humildad es el compañero de viaje adecuado para la sabiduría. Tendríamos que avergonzarnos menos de confesar nuestra ignorancia, de esta manera nuestras oportunidades para aprender serían mucho más frecuentes. Esto es algo que los niños saben bien, “¿Qué es esto? ¿Qué es aquello? ¿Para qué es lo otro? ¿Cómo funciona?”

Mujer leyendo un libro

Gran parte de la sociedad no conoce ni comprende cómo funciona nuestro organismo y sus complicados procesos químicos y biológicos. Sin embargo, en cualquier conversación en público de este tipo, es difícil escuchar a alguien que se confiesa ignorante, todos saben. Aquí se hace evidente “la ignorancia de la ignorancia”, efecto que se produce cuando nadie quiere quedar como un ignorante… como si fuese lo peor que pudiera pasar.

No olvidar que somos ignorantes forja en oro la llave hacia el conocimiento y la sabiduría. Reconocer la ignorancia nos permite además comprender que el hombre es un ser plástico. Por lo tanto, cuando algún enemigo nos califique de ignorantes, no habrá razón para sentirnos ofendidos; al contrario, podremos agradecerle el recordatorio y animarnos a que nos enseñe o a descubrir juntos, que no deja de ser otro proceso fascinante.

La abundancia de palabras y la ignorancia predominan en la mayor parte de los hombres; si quieres sobresalir de la mayoría inútil, cultiva tu conocimiento y envuélvete en nubes de silencio para escuchar y darle una oportunidad a la curiosidad.
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Fátima Servián Franco

Psicóloga General Sanitaria. Profesora colaboradora en la Universidad Internacional de Valencia y directora del centro de Psicología, Renacer.

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