La corrupción desde una perspectiva psicológica

20 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Marián Carrero Puerto
En este artículo hablamos de la corrupción desde una perspectiva psicológica. Esta práctica está muy extendida en la sociedad actual, suponiendo en muchos casos una traición a la confianza depositada.

La corrupción desde una perspectiva psicológica es un tema de interés reciente para esta rama de conocimiento. A lo largo del artículo, hablaremos de qué es la corrupción y consideraremos varios tipos de ella, además de mostrar esta práctica desde una perspectiva psicológica con un estudio que expondremos al final.

La palabra corrupción flota en el presente con más frecuencia y persistencia de la que seguramente nos gustaría. Una prueba de ello es la tasa de reproducción de noticias difundidas por los medios de comunicación en las que aparecen implicadas personas que, por su cargo público, deberían ser un modelo de conducta.

“Si no tenemos policías, jueces, abogados, fiscales, honestos, valerosos y eficientes; si se rinden al crimen y a la corrupción, están condenando al país a la ignominia más desesperante y atroz”.

-Javier Silicia-

Mujer cruzando los dedos al mentir para representar las mentiras azules

¿Cuándo hablamos de corrupción desde una perspectiva psicológica?

Podemos definir la corrupción como una forma de autoritarismo caracterizada por el uso de lo público para intereses particulares (Benbenaste, 1999). Asimismo, vemos también la necesidad de distinguir entre dos tipos de corrupción:

Primer tipo de corrupción

Es la derivada de la incidencia del valor mercantil en la subjetividad de quien se halla en una posición de gobernante o funcionario del Estado.

Es corrupto quien usando su posición en la Política o como funcionario del Estado, busca obtener más dinero que el legalmente adjudicado por la sociedad.

El corrupto desea consumir y comportarse de acuerdo a las pautas del mercado más allá de lo que permite su ingreso legal. Sin embargo, ni produce ni compite, como los actores empresarios o empleados que se hallan en la dinámica del mercado.

En suma, el corrupto no es productivo ni para el Estado ni tampoco se siente capaz de ingresar y sostenerse en la competencia propia de la dinámica inherente al Mercado.

“Quien vota a los corruptos los legitima, los justifica y es tan responsable como ellos”

-Julio Anguita-

Segundo tipo de corrupción

Es la incidencia en la práctica política y el Estado de formas precapitalistas del poder.

Esta segunda forma es predominante en países poco desarrollados o que, respecto al curso del desarrollo mundial, permanecen de manera crónica en un atraso relativo.

La forma de dependencia incondicional entre el líder o jefe y sus adeptos genera un vínculo sin mediaciones, dualista, cuyos polos son: o lealtad o traición.

Cuando el líder accede al Estado incorpora, desde el criterio de lealtad, a varias personas que, con frecuencia, no están capacitadas para ejercer las funciones del cargo que asumen.

Sin embargo, lo que la mayoría consideramos como corrupción es el primer tipo. Expresiones como la ineficiencia es igual o peor que la corrupción, como lo registran las encuestas realizada en Argentina desde 1999, que indica que esta forma de corrupción precapitalista no es frecuentemente percibida como tal por los ciudadanos del país (Benbenaste et al. 2005).

“Si fuese posible crear un robot capaz de ser funcionario civil, creo que haríamos un gran bien, ya que las Leyes de la Robótica le impedirían dañar a un ser humano, lo incapacitarían para la tiranía, la corrupción, la estupidez, el prejuicio”.

-Isaac Asimov-

Manos estrechándose

Psicología Política: corrupción desde una perspectiva psicológica

Un estudio llevado a cabo por Anderson y Tverdova (2003) sobre el impacto de la corrupción y las alianzas políticas en la sociedad sostiene que la actitud de los ciudadanos hacia los gobiernos -en los países donde la corrupción política es alta- es negativa.

Dicen los autores del estudio que los grupos sociales critican el sistema político de estos gobiernos y desconfían de las autoridades locales, aunque se trate de gobiernos autodenominados como democráticos. Por otro lado, la crítica y la desconfianza se hallan notablemente atenuadas entre los adeptos al régimen.

La conclusión de esta investigación es que, si bien las prácticas gubernamentales que comprometen los principios democráticos son indicadores importantes del tipo de gestión política que desarrolla un país, la corrupción no reduce el apoyo del electorado a las instituciones políticas en igual medida en lo referente a política, cultura y economía.

El resultado de esta investigación es interesante a la hora de sacar conclusiones sobre el análisis del discurso en torno al tema de la corrupción desde una perspectiva psicológica y las políticas gubernamentales contextuales.

Anderson, C.J. & Tverdova, Y.V. (2003) Corruption, Political Allegiances and Attitudes toward Government in Contemporary Democracies. American Journal of Political Science, 47(1), 91–109. Benbenaste, N. (1999). Democracia Mercantil. Buenos Aires: EUDEBA. Benbenaste, N. & Delfino, G. (2005). “El concepto de corrupción, sus formas de vigencia en la sociedad contemporánea”. Les cahiers de psychologie politique. Stein–Sparvieri, E. (2013). La corrupción política y su expresión en el discurso periodístico. Subjetividad y procesos cognitivos17(2), 133-155.