Personas leales, el valor de ser fiel a unos principios

9 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
La lealtad no puede imponerse, la lealtad es un acto de libertad donde uno mismo elige a qué o a quiénes ofrecer su compromiso, su respeto y su afinidad. Al fin y al cabo, nadie puede demostrar un firme respeto a los demás si primero no se respeta a sí mismo.

Las personas leales son, por encima de todo, personalidades honestas. Se rigen por un código que está siempre en sintonía con sus valores pero también con ese compromiso respetuoso con el otro, ahí donde no caben las traiciones, las mentiras o las actitudes interesadas. Estamos sin duda ante un concepto tan interesante como profundo que va más allá incluso que la confianza.

Si nos preguntamos cuál puede ser el origen de la lealtad, desde el campo de la antropología nos señalan algo interesante. Esta dimensión habría actuado en el pasado como un mecanismo de supervivencia. En ese escenario de nuestros ancestros tan adverso y lleno de peligros, recibir la ayuda y el apoyo de los miembros del grupo era clave para sobrevivir.

En la actualidad el escenario ya no es el mismo. Sin embargo y de algún modo, seguimos necesitando esa cercanía y seguridad de personas significativas para sentirnos bien. Es conferir al otro un sentimiento de atención, respeto y compromiso continuado donde saber que no vamos a ser traicionados. Donde entender que en esa conducta no hay intereses ocultos o dobles intenciones.

Hay quien señala que a día de hoy la lealtad es casi un ideal, un bien en peligro de extinción. Más allá de lo que podamos pensar, esta dimensión sigue estando presente en el corazón de muchas personas. Pero eso sí, debemos también tener muy claro qué es ser leal, porque en ocasiones, es muy posible caer en ciertas dinámicas donde este principio queda tergiversado. Veamos por tanto más datos a continuación.

«Te seguiré hasta el último suspiro con la verdad y la lealtad».

-William Shakespeare-

Mujer abrazándose

Personas leales, ¿cómo son?

Decía Séneca que la lealtad parte de la confianza, pero como ya hemos señalado, este concepto hunde sus raíces en algo más profundo, complejo y exquisito a la vez. Para empezar, las personas leales son por encima de todo, respetuosas con sus propios principios. Es de ahí donde parte el auténtico núcleo del comportamiento leal: actuar siempre en base a unos valores siendo fieles a lo que uno considera como correcto.

La lealtad, el compromiso por hacer lo correcto

Lealtad proviene del término ‘legal’. Hay por tanto un componente de rectitud y compromiso por hacer lo correcto en cada circunstancia. ¿Qué significa esto traducido en el ámbito relacional? Implica, por ejemplo, que aunque terminemos una relación afectiva o de amistad con alguien, siempre existirá el respeto. No revelaremos intimidades, no escamparemos críticas ni propiciaremos conductas que puedan dañarlos de algún modo.

Más allá de la confianza, está la lealtad. Aun cuando la primera se pierde y ya no guardamos vínculo alguno con ese alguien, pervive el sentido profundo del respeto, una virtud sin duda tan noble como deseable.

Las personas leales no pueden serlo a la fuerza, se rigen por sus propios principios

Admitámoslo, si hay algo que se nos exige en muchos escenarios es la lealtad. Nos lo piden en el entorno laboral, ahí donde ser fieles a una política de empresa, a unos directivos, a unas normas. Nos lo pide también nuestra familia, exigiéndolos a menudo seguir con unos mismos valores, cumplir unas costumbres, obedecer ciertos rituales…

  • Este es sin duda el lado más oscuro de la lealtad, ese donde se intenta imponer a la fuerza determinados compromisos, creando comportamientos alineados y vulnerando autoestimas. Debemos por tanto tenerlo claro, las personas leales no actúan por imposición. No son leales a la pareja, la familia o a los amigos porque así se lo impongan otros.
  • Actúan en libertad siendo consecuentes con sus propias normas internas, hay una sintonía entre lo que sienten y lo que hacen.
  • No hay sumisión ni alineación, la lealtad auténtica es un ejercicio de valentía moral donde uno elige ser consecuente con sus propios principios en todo momento.
  • Esto significa por ejemplo, que no practicarán la lealtad con todo el mundo, no si determinadas personas les exigen comportamientos que van en contra de sus creencias.
Amigos pasándoselo bien

La persona leal es sincera, no condescendiente, y nos ayuda a crecer

Las personas leales no son aquellas que hacen uso exclusivo de la condescendencia. No son las que nos dicen sí a todo, las que nunca ponen objeciones, las que nos apoyan en cada cosa que hagamos, en cada decisión y comportamiento por muy dudoso que sea. Lealtad es también sinceridad y hacer uso de un compromiso activo por nuestro bienestar.

Eso significa que, si en algún momento es necesario que alguien nos pare los pies, nos advierta de algo o nos ayude a abrir los ojos ante una realidad que no vemos, lo hará. Porque se rige según unos valores firmes, no según el servilismo o la pasividad. Así, quien desea lo mejor para nosotros no dudará nunca en ser ese apoyo  capaz de decirnos verdades que duelen, capaz de mostrarnos nuestros errores pero también, nuestras oportunidades de crecimiento.

Para concluir, como bien hemos podido intuir, el concepto de lealtad tiene sus matices. Nadie puede imponernos a qué o a quién ser leal. Este concepto no es externo, tiene un origen interno y está en armonía con un código de valores basado en el respeto y la integridad que uno mismo ha ido construyendo a lo largo de su vida. Asimismo, las personas leales no se quedan en la palabra, porque la lealtad se ejercita, se aplica a diario en cualquier circunstancia y situación. Pensemos en ello.

  • Van Vugt, M., y Hart, CM (2004). La identidad social como pegamento social: los orígenes de la lealtad grupal. Revista de personalidad y psicología social , 86 (4), 585–598. https://doi.org/10.1037/0022-3514.86.4.585