¿Cuál es el rasgo común en los personajes crueles de la historia?

Algunos de los personajes más crueles de la historia han sido también grandes narcisistas, que se sintieron mejores o superiores a quienes les rodean. Un posicionamiento mental sobre el que justificaron los actos de crueldad que cometieron.
¿Cuál es el rasgo común en los personajes crueles de la historia?
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 20 enero, 2020

Hay muchos personajes crueles de la historia que se han convertido en modelos del mal. La mayoría de nosotros nos sentimos más cómodos cuando les catalogamos como personas “enfermas”, que han actuado como lo han hecho, por su patología mental o emocional. La realidad nos dice otra cosa.

Es mucho más alto el número de personas que no están aquejadas por ningún trastorno en particular y que, sin embargo, han cometido actos que la mayoría rechazaríamos por crueles. Así, lo que define a algunos de los personajes más crueles de la historia no es una patología, sino un rasgo que está presente en muchas personas: el narcisismo y su correlato, la vanidad.

La crueldad, como cualquier otro vicio, no requiere ningún motivo para ser practicada, apenas oportunidad”.

-George Eliot-

Sin ir muy lejos, recientemente se publicó un estudio  sobre los feminicidas y violadores de mujeres. Las conclusiones del mismo indican que solo el 4 % de estos individuos presentan algún tipo de patología. Los demás, actúan de manera cruel simplemente inspirados por la convicción de que son seres superiores a las mujeres.

Algo similar es lo que ha ocurrido con los personajes más crueles de la historia. Si se hace un examen de ellos, el rasgo que en verdad comparten es precisamente el de sentirse superiores, mejores, elegidos o lo que sea. En el fondo es lo mismo: simplemente son narcisistas, invadidos de vanidad. Los siguientes son algunos de esos abominables personajes.

Calígula

Calígula, uno de los personajes crueles de la historia

Podemos ver a Calígula como un hombre seriamente trastornado, cuando en realidad esta hipótesis se ha cuestionado. Constituye un ejemplo extremo de lo que puede llegar a ser “un niño mimado” con poder absoluto. Lo que definió su vida y su gobierno no fue en realidad un plan calculado de daño y exterminio, sino un conjunto de caprichos infantiles llevados a su expresión más obscena.

Era un hombre joven, educado para sentirse el amo del mundo. Por eso, él mismo llegó a considerarse un dios. Describió su propio comportamiento, del cual, evidentemente era consciente, con la palabra “adriatepsia” a la cual definía en los siguientes términos: “la desfachatez que nos permite imponer por la fuerza hasta el más salvaje de nuestros deseos ”. Eso lo dice todo.

Nerón y sus ínfulas

Hay muchos personajes romanos que ejemplifican el narcisismo llevado a su máxima expresión y la crueldad que se deriva de este. Nerón es uno de ellos. Era como Calígula, un individuo infantil y vanidoso que se sentía por encima de cualquier otro ser humano y, en consecuencia, legitimaba sus propios deseos y sus caprichos  por el solo hecho que nacían de él, un ser supremo.

Nerón tenía uno de los rasgos que está presente en la mayoría de narcisistas: la paranoia. Creía que todos querían hacerle daño, precisamente por ser superior. Le encantaba exhibirse y realizar pequeños espectáculos para ser aplaudido. Contrató 5.000 aplaudidores para que lo veneraran. Como Calígula y tantos otros personajes crueles de la historia, eliminaba a todo aquel que le estorbara. Antes de morir exclamó: “¡Qué artista muere conmigo!”.

Nerón

Leopoldo II de Bélgica

La lista de los personajes crueles de la historia es muy extensa. Lo cierto es que corta o larga, en ella no puede faltar el nombre de Leopoldo II de Bélgica, uno de esos personajes que son fiel encarnación del narcisismo y la vanidad. En 1885 puso sus ojos sobre El Congo, en África, y desató una cadena de asesinatos, mutilaciones y violaciones que no tienen par en la historia.

Sabía muy bien lo que hacía y por eso encubría su matanza con una serie de justificaciones, comenzando por su deseo de evangelizar a esa región africana. Lo que hizo en realidad fue aplicar un saqueo sistemático de un bien muy apreciado: el marfil. No tuvo ningún problema en practicar torturas masivas para lograrlo. En su mente, su superioridad era licencia.

Leopoldo II era un hombre de modales impecables que dormía en traje de gala. Se consideraba a sí mismo como alguien con gustos exquisitos. Mandaba hacer figurillas con el marfil que mataba a miles de personas en África. El Congo figuraba a su nombre.

El punto está en que todos estos personajes crueles de la historia no habrían podido hacer semejantes barbaridades sin el concurso de miles de hombres y mujeres de su tiempo. Todos, en conjunto, y amparados en ideas típicamente megalómanas, hicieron del mal una banalidad. Todos también eran, desde cierto punto de vista, encantadores y carismáticos. Así es el narcisismo: engañoso y cruel.


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  • Ovejero, J. (2012). La ética de la crueldad. Anagrama.

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