Cuando amar demasiado significa depender

Alicia Escaño Hidalgo · 4 agosto, 2016

La palabra “depender” hace referencia a estar sujeto a ciertas condiciones, limitaciones o restricciones que nos impone nuestro medio. Por ejemplo, para estar vivos dependemos de disponer de comida y bebida, de dormir adecuadamente, de respirar, etc.

En este sentido, estaríamos hablando de necesidades absolutas, sin las cuales nadie podría sobrevivir “realmente”. Es totalmente razonable y beneficioso darse cuenta de que necesitamos y dependemos de ciertas cosas para estar vivos.

Por otro lado, tenemos las necesidades relativas de las cuales no dependemos porque no son más que preferencias que nos hacen la vida un poco mejor, pero sin las cuales aún podríamos seguir haciendo nuestra vida de manera normal

Por ejemplo, si quiero clavar un clavo en la pared, sería una estupidez decir que necesito absolutamente un martillo, ya que puedo clavarlo con otro instrumento, como por ejemplo una piedra pesada. El martillo es una necesidad relativa, aunque preferible a la piedra porque es más cómodo, claro está.

Entendida esta diferencia es fácil extrapolarla al plano de lo psicológico y en particular del amor. Pensamos, equivocadamente, que necesitamos el amor para ser feliz o sobrevivir y aunque se han realizado estudios sobre ello, ninguno ha podido concluir que la felicidad o la falta de la misma de las personas implicadas, se deba a haber tenido amor o no en sus vidas.

Candado con corazón

Si pensamos que necesitamos el amor en nuestra vida y más aun, el amor de alguien en particular, acabaremos dependiendo de ese alguien, como si nuestra vida no pudiese seguir su curso de forma normal si esa persona no está con nosotros. Depender es encadenarse.

La necesitamos como quien necesita el agua para hidratarse y sobrevivir, aunque esa necesidad no sea más que inventada por nuestra mente

¿Cómo puedo saber si amo o dependo?

Hay ciertas pistas que pueden ayudarte a darte cuenta de que estás cayendo en las garras de la dependencia emocional:

Dejas que la otra persona te trate mal

Tienes tan idealizada a la otra persona que piensas que en el amor y con esta pareja en particular, “todo vale”, que no pasa nada si alguna vez te falta el respeto, que va a cambiar, etc. En el fondo de tu ser sabes que esto no va a ser así y estás sufriendo pero tienes un miedo horroroso a plantarle cara o dejar la relación y prefieres aguantar lo inaguantable.

Te pones ansioso si esa persona no está cerca

Como lo vives como una necesidad, sientes miedo de que esa persona no esté continuamente a tu lado ya que eso significa que puedes perderla o bien que no controlas dónde está y qué está haciendo.

Es como si no encontrásemos agua para beber y estuviésemos muertos de sed, nos pondríamos igual de ansiosos pero con la diferencia de que el agua sí es una necesidad real

Sientes que la vida no tendría sentido si no está a tu lado

Imaginas un futuro sin esa persona y prefieres no imaginarlo ya que esto te produce pavor. Piensas que sin esa persona, no podrías ser feliz, no podrías disfrutar de nada, que te quedarías solo, etc. Todo ello, pensamientos sumamente irrealistas producto de la creencia de que necesitas amor para funcionar. Pero depender no es la opción.

Pareja tirada en el suelo

Dejas de ser tú mismo desde que estás en esa relación

Ya no emprendes las actividades y planes que antes te apasionaban e incluso has dejado de ver tanto a tus amigos. Ahora prefieres hacer las aficiones que le gustan a tu pareja e incluso te has sumergido en intereses que jamás pensaste que te fueran a interesar.

En definitiva, ya no eres la persona auténtica que eras antes, sino que te has convertido en el siamés de tu pareja y esto, en el fondo, te hace sentirte vacío

Algunas claves para dejar de depender

Si te has sentido identificado en el punto anterior y deseas salir de esa jaula en la que tú mismo te has metido, sería conveniente que afrontaras ese miedo a la soledad o a la falta de amor. Piensa que dejar de depender, la llave la tienes en tu bolsillo, solo ¡úsala!

  • Modifica esos pensamientos hiper-románticos: el romanticismo es bonito y divertido en dosis normales y siempre y cuando lo controlemos, pero si se nos va de las manos podemos llegar a pensar cosas tan falsas como “sin ti no valgo nada”, “sin ti yo muero”, “tu ausencia me duele”, etc. Estas ideas, inculcadas por nuestra cultura, no hacen sino que llenarnos de ansiedad ante la percepción constante de una amenaza de pérdida.
  • Ni tu eres propiedad de tu pareja ni tu pareja es de tu propiedad: aunque digamos “mi novio”, “mi pareja”, “mi marido” ese “mi” no es más que un recurso comunicativo, pero la realidad es que esa persona es libre, no nos pertenece. Ha llegado a nuestras vidas porque ha querido y se puede ir cuando quiera, nos guste o no. Por lo tanto, empieza a desapegarte y a comprender que aunque sea tu pareja en este momento y compartáis la vida en cierto modo, un día puede ser solo una persona más del mundo y sobrevivirás a ello.
  • Revisa tus creencias: ¿Por qué es necesario tener el amor de esa persona? ¿Qué haces con ese amor? ¿Para qué lo quieres? ¿Te produce satisfacción y bienestar o va más allá de eso? ¿Dónde está escrito que yo necesito a mi pareja para ser feliz?
  • Modifica tu conducta: una vez hayas trabajado esos pensamientos y creencias irrealista a nivel mental, es necesario que lo pongas en práctica a nivel conductual. Deja de revisar o comprobar dónde está tu pareja, deja de darle explicaciones que no llevan a nada.
Mujer feliz en un prado

Disfruta de su compañía pero también de tu propia compañía, tanto con otras personas como en soledad. Haz lo que te gusta hacer y no lo que debes hacer porque tienes pareja. Si tu pareja acepta tu nuevo cambio, será maravilloso. En cambio, si no lo acepta, ¡sal corriendo! esa persona no es digna de ti ni la necesitas. Depender de alguien no es necesario para ser feliz.