Cuando creo en mí despierto mis fortalezas y no dejo de crecer

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Cuando me atrevo a creer en mí, tomo decisiones valientes. Solo entonces cambia mi realidad y me abro camino sin miedos, sin temor a lo que digan otros, sin angustia por lo que pueda pasar. La autoconfianza me permite crecer en la dirección que elegimos.
 

Cuando creo en mí, tomo decisiones con mayor seguridad. Cuando confío en mis recursos, en mi experiencia y recuerdo cuáles son mis valores y necesidades, despierto fortalezas para abrirme camino. Solo entonces me permito crecer y avanzar construyendo la realidad que deseo, sorteando obstáculos, quitando pesos de mi mochila, dejando lo que duele para enriquecerme de lo que pueda llegar.

Todo esto parece fácil a simple vista. Nos gusta incluso cómo suena. Al fin y al cabo, dentro del campo del crecimiento personal, el primer mandamiento siempre es aprender a creer en nosotros mismos. Sin embargo, a pesar de que hayamos leído libros, trabajos y artículos sobre el tema, esta sigue siendo nuestra asignatura pendiente.

Detrás de muchos trastornos del ánimo está sin duda la falta confianza, de aprecio y valoración hacia la propia persona. La autoestima está deshilachada, la mente se halla dominada por un diálogo interno habituado a censurarse, a criticarse de manera casi constante. Es muy difícil lograr que una persona confíe en sus propio ser cuando todo lo que hay en ella, son ruinas y un desgaste psicológico profundo.

 

Asimismo, algo que debemos tener en cuenta es que uno no deja de confiar en sí mismo de un día para otro. En realidad, estamos ante un hecho que se arrastra durante años o incluso décadas.

Generalmente, es en nuestra infancia y adolescencia cuando empezamos a integrar una serie de esquemas y autoafirmaciones negativas o equívocas que van creando hondonadas en nuestras valías y fortalezas.

La necesidad de detectar esas heridas y reconstruirnos es de primero de felicidad.

«En el momento en que dudas si puedes volar, cesas para siempre de ser capaz de hacerlo».

-J.M. Barrie-

Chico en el campo representando cuando creo en mí

El camino del crecimiento exige una transformación interna

Decía Abraham Maslow, uno de los psicólogos más destacados del siglo XX, que las personas tenemos dos opciones en la vida. La primera, elegir el camino de la seguridad; la segunda, avanzar hacia el crecimiento.

Si deseamos hallar la satisfacción y la autorrealización, debemos optar por el crecimiento teniendo en cuanta que una apuesta de este tipo exige de nosotros que nos alcemos por encima de nuestros miedos.

Aunque esta no es precisamente una tarea sencilla. Para que alguien se permita crecer y desarrollarse de acuerdo a sus sueños, metas y necesidades, debe desactivar un buen número de creencias limitantes. También ideas irracionales y miedos incrustados de los que apenas se es consciente.

 

En realidad, son muchas las personas que acuden a terapia presentado este tipo de realidades en las que se limitan a subsistir, muy por debajo de su auténtico potencial humano.

Sin embargo… ¿por qué ocurre todo esto?

Experiencias tempranas que minimizaron nuestro potencial

Sé que cuando creo en mí me siento más feliz y seguro. Sin embargo, soy incapaz de reconocer nada especial en mi persona, no soy hábil, ni he hecho algo de lo que esté orgulloso. Siempre me he sentido como un extraño en mi propia piel.

Este tipo de razonamiento es muy común en quienes ya desde la infancia sufrieron una clara falta de soporte emocional. La ausencia de validación, de afecto seguro, de esa confianza que nos brindan nuestros progenitores para que seamos capaces de hacer cosas, de expresarnos, de decidir, de ser autónomos y de sentirnos valiosos, ocasiona sin duda este problema. Esta notable carencia de autoestima y autoconfianza.

Al fin y al cabo, es muy complicado creer en uno mismo cuando nadie nos ha visibilizado emocionalmente.

La psicología de la creencia

En el 2016 se publicó un estudio muy interesante en el Scientific Reports. En este trabajo, el doctor Jonas Kaplan y sus colegas descubrieron mediante resonancias magnéticas el poder que generan las creencias en nuestro cerebro. Tanto si son convicciones políticas, como ideas infundadas a las que les damos poder, toda creencia está salvaguardada por una compleja red neuronal.

 

Además, esas conexiones están reforzadas por regiones con funciones emocionales. Todo ello hace que sea tan complicado hacerle entender a alguien que tiene un gran potencial, que debería creer más en sí mismo a la hora de tomar decisiones.

Por tanto, no es suficiente con que alguien nos insista en lo que valemos. El auténtico cambio acontece cuando nosotros mismos «reformulamos» esas ideas, esos falsos esquemas dañinos y desgastantes.

Mujer feliz entre flores representando cuando creo en mí

Cuando creo en mí decido con valentía

Cuando creo en mí, decido mejor. Cuando por fin me atrevo a cuestionar mis viejas creencias y las ideas que otros me inculcaron, me desprendo del óxido de los miedos, de la carcoma de las inseguridades.

No es fácil realizar esa limpieza interna donde eliminar esas semillas llenas de críticas que otros inculcaron en nosotros hasta el punto de convencernos de que no podíamos, de que no sabíamos, de que no merecíamos esto y lo otro…

Todos tenemos potencial. Todos tenemos derecho a posicionarnos en la vida dejando atrás ese conjunto de creencias que nos han limitado tanto. Es momento de crecer, de elegir el camino de la autorrealización como indicaba Abraham Maslow. Y todos tenemos recursos internos para lograrlo.

 

Desde hoy creo en mí como merezco, desde ahora dejo de dar importancia a las condiciones que me rodean para entender que son mis decisiones las que me definen. Las que me permitirán sortear dificultades para hallar la felicidad que quiero, la que sueño y deseo…

  • Kaplan, J., Gimbel, S. & Harris, S. Neural correlates of maintaining one’s political beliefs in the face of counterevidence. Sci Rep 6,39589 (2016). https://doi.org/10.1038/srep39589