Qué hacer cuando estoy “a punto de explotar”

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 13 mayo, 2018
Raquel Lemos Rodríguez · 26 septiembre, 2015

Enfadarse, a veces, puede ser bueno. No deja de ser una emoción que nos permite liberar frustraciones y toda la ira contenida. Una emoción que surge cuando nos encontramos ante alguna dificultad. Pero, enfadarse es algo que viene y se va, y que nos permite reaccionar de diferentes maneras ante una misma situación. Por ejemplo, si he prestado un libro, el enfado puede ayudarme a dar el paso para poder reclamarlo y así recuperarlo. Esto no tiene nada que ver con estar a punto de explotar.

Cuando nos enfadamos, no siempre tenemos que gritar o mostrar ese enfado cuando intentemos recuperar nuestra pertenencia. Al contrario, es un estímulo controlado que nos permite dar el paso para pedirlo de vuelta.

“Si a una no se le permite expresar enfado, ni siquiera reconocerlo en el propio interior, una queda por simple extensión, privada tanto de la fuerza como del control”.

-Carolyn Heilbrun-

Chica enfadada echando humo por las orejas

¿Eres de las personas que saben cómo expresar su enfado? ¿O lo retienes hasta que no puedas más y no te quede otra más que estar a punto de explotar? Lo más sano es lo primero, pero si no eres capaz, hoy te daremos algunas claves para que sepas qué hacer cuando estás a punto de explotar.

Cuando pierdo el control

Una de las consecuencias de no sacar el enfado en dosis pequeñas, es que este se acumula. Todo aquello que reprimimos, que no decimos por miedo a cómo puedan reaccionar, todo aquello que no expresamos que nos molesta, lo guardamos, pero no lo eliminamos.

Es muy importante que sepamos que ignorar aquello que nos molesta no implicará que desaparezca. Siempre estaremos guardando todo lo que pensamos para nosotros, aunque no seamos conscientes de ello.

Por ejemplo, si me ha molestado cierta actitud de uno de mis amigos, luego la situación familiar no es lo mejor y tengo problemas en el trabajo por estrés, esto tarde o temprano saldrá.

Aunque creamos que ya no nos acordamos de aquello que nos había molestado de nuestro amigo, a pesar de que el detonante sea una sola cosa, tras ello saldrán todo aquello que habíamos guardado anteriormente.

Cuando pierdo el control sobre mí mismo no soy consciente de lo que hago, todo se vuelve confuso y, muchas veces, olvido lo que he dicho y hecho durante esa pérdida de control

Es aquí, cuando estamos a punto de explotar, cuando perdemos el control sobre nosotros mismos. Seguramente, si eres una de estas personas sorprendas al resto con estas reacciones, incluso tú mismo te sorprendas.

Probablemente, durante estas pérdidas de control sobre ti mismo, ni siquiera recuerdes qué dices ni qué haces. Solamente, todo sale sin ningún control de ti.

Esto hace que seas completamente impredecible. En cualquier momento puedes explotar, tú no determinas el momento. Eres como una bomba de relojería que en cualquier momento detonará.

Estoy a punto de explotar, ¿qué hago?

Es difícil determinar cuándo explotaremos, pero si nos conocemos sabremos cuándo estamos a punto de perder el control, aunque a lo mejor ya es tarde.

Lo mejor es aprender a sacar todo eso que acumulamos en el momento en que lo sentimos o, al menos, no permitir que se vaya formando esa bola que tarde o temprano estallará.

Mujer agotada y enfadada con las manos en la cara

Con esto, podemos tener en cuenta los siguientes consejos que te harán reflexionar sobre esta situación:

  • Pregúntate: ¿vale la pena el enfado? ¿Tienes motivos?
  • Aprende a hablar, aprende a pedir, aprende a señalar y manifestar aquello que te molesta.
  • Aléjate y date un respiro.
  • Empieza a encontrar soluciones a aquello que te enfada.

Es importante que aprendas de tus explosiones, que empieces a sacar todo aquello que sabes se acumulará y saldrá en cualquier momento inesperado.

Piensa en soluciones, pero nunca creas que la solución es ignorar y esperar a ver qué pasa. Eso, ya sabes, que tendrá un resultado detonante.

También, cuando te encuentres en una situación límite aprende a alejarte. Por inercia las personas nos preguntarán o dirán que nos calmemos. Eso no hará más que elevar nuestro enfado y que nos ceguemos.

Cuando estoy a punto de explotar prefiero perderme y tomarme un respiro.

Empieza a aprender de estos momentos para empezar a decir todo lo que pienses en cada uno de ellos. De esta manera, te sentirás mejor contigo mismo y evitarás perder el control, algo que puede ocurrir en momentos muy poco oportunos.