Cuando la ansiedad nos guía - La Mente es Maravillosa

Cuando la ansiedad nos guía

Yamila Papa 29 mayo, 2014 en Psicología 0 compartidos

Decidir a qué colegio enviar a nuestros hijos, qué tratamiento médico es mejor para una enfermedad, cuál es el plan de inversión que necesitamos para nuestro futuro, a donde ir de vacaciones, en qué fecha casarse, cuándo cambiar de empleo o si la persona que tenemos al lado es la correcta. Muchas son las decisiones que alguien debe tomar a lo largo de su existencia.

Como se decía anteriormente algunas pueden ser realmente importantes para la vida y otras, intrascendentes. Lo cierto es que la ansiedad comienza a aparecer desde el momento en que no sabemos qué hacer. Podemos pedirle un consejo a nuestra pareja, a nuestros padres, a nuestros mejores amigos o a nuestro psicólogo. Pero no son ellos los encargados en decidir, sino nosotros.

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que te hace ser proclive, en mayor o menor medida a pedir un consejo a otro? ¿Has pensando en si la ansiedad está asociada a las decisiones trascendentales de tu vida y puede ser la que determine cuál es el camino que seguirás? Si te detienes por un momento a analizarlo, tal vez puedas conseguir la respuesta.

Una reciente investigación de la Escuela de Negocios de Harvard ha elaborado estas consultas y posteriormente ha diseñado varios experimentos para poder analizar el impacto que tiene la ansiedad en la apertura de la mente para que pueda o no aceptar los consejos de los demás.

Es bueno saber que existen tres factores que nos influyen y que nos convierten en receptores ante los consejos: En primer lugar, las características del “consejero”, es decir, si tiene experiencia o conocimientos en ese tema en particular; en segundo término, la dificultad que acarrea la situación porque cuánto más complicada sea, más tenderemos a pedir ayuda y tercero, el estado de ánimo que tenemos cuando recibimos la idea o recomendación.

Lo extraño es que en la gran mayoría de los casos, las personas hacemos caso omiso de los consejos que nos brindan nuestros seres queridos. Los minimizamos o directamente los descartamos. A excepción, claro está, cuando estamos nerviosos. En el momento en que la ansiedad se apodera de nosotros, podemos ser un 100% más receptivos que en cualquier otra etapa de nuestra vida.

La ansiedad y la autoconfianza

Volviendo al experimento de la Universidad de Harvard, lo primero que hicieron los experimentadores fue intentar provocar un estado de ansiedad en los voluntarios. ¿Cómo? Hicieron que escucharan música de terror, vieran una película de acción y por último escriban sobre la situación más estresante que tuvieron que vivir en el pasado.

El siguiente ejercicio constaba de ver una fotografía de una persona y estimar cuánto pesaba. Si acertaban por más o menos 10 libras, recibirían un dólar. Y así con cada respuesta correcta. Después de ello tuvieron que completar una encuesta para evaluar la autoconfianza y pasaron por una nueva ronda de adivinación del peso, pero con una diferencia: podían pedir asesoramiento para conseguir más respuestas correctas. Un 90% lo solicitó y de esa cantidad, un gran porcentaje siguieron los consejos de las personas supuestamente “especializadas”, aunque casi nunca las respuestas fueran correctas.

Un segundo experimento quiso saber si la ira y la ansiedad están relacionadas en algún punto. Ello se debe a que esta última se caracteriza por una sensación de extrema incertidumbre y la cólera todo lo contrario, más que nada un sentimiento de “certeza”, de que tenemos razón. En el momento de informar sobre la posibilidad de pedir ayuda, las personas enfadadas rechazaron en su mayoría el asesoramiento y los que si accedieron fueron menos receptivos a los consejos que los expertos les ofrecían.

El interrogante de los investigadores ahora giraba en torno de otra pregunta, ¿Podría la ansiedad incidir en nuestra capacidad para decidir o hasta para discernir entre los buenos y malos consejos? Los asesores se volcaron por los segundos para ver si los participantes podían detectarlo y no hacerles caso. Las personas más ansiosas tenían una gran dificultad por darse cuenta de ello y seguían consultando. Los pocos “enojados” que habían aceptado la ayuda al segundo consejo malo empezaban a desestimar las palabras del colaborador.

Así, la conclusión lógica señala que la incertidumbre y la falta de confianza en uno mismo generan ansiedad. Cuando nos sentimos de esta manera es frecuente pedir ayuda o consejos, somos más propensos a escuchar las recomendaciones de los demás e incluso, más vulnerables a seguirlos, aún cuando no son adecuados. Es que no nos damos cuenta de ello bajo ningún aspecto.

Así, parece quela ansiedad hace que lleguemos a conclusiones más precipitadas porque nuestra capacidad de raciocinio y de detectar o analizar detalles está afectada. Si por alguna razón estás ansioso, puedes pedirle un consejo a alguien pero ten en cuenta que la decisión que tomes debes pensarla dos veces, ya que no estás en las mejores condiciones para poder discernir si se trata del camino correcto. Así, habrá menos posibilidades de que te arrepientas o incluso que te enojes con el otro por lo que te dijo, sin importar sus buenas intenciones.

Yamila Papa

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