Cuando la familia estresa: ¿cómo gestionarlo? - La Mente es Maravillosa

Cuando la familia estresa: ¿cómo gestionarlo?

Valeria Sabater 30 enero, 2018 en Familia 0 compartidos
personas en una habitación representando cuando la familia estresa

En ocasiones la familia estresa. Hay momentos en que las raíces de ese árbol genealógico nos atrapan por los pies sin dejarnos ir, enredándonos con sus comportamientos tóxicos, sus demandas, con sus fobias y sus vínculos afectivos regidos por un marcado narcisismo. Gestionar este tipo de dinámicas es clave para proteger nuestra dignidad y mejorar a su vez ese tejido relacional.

Hay quien dice que nacer es casi como caer desde una chimenea. Nunca sabemos qué hogar es el que nos va a tocar, desconocemos cómo será ese primer escenario socio-afectivo que determinará una buena parte de nuestra estructura psíquica ni qué tipo de apego aprenderemos con nuestros progenitores. No sabemos tampoco si esa familia nos conferirá felicidad, si seremos criados en la dejadez o si seremos testigos de un entorno donde habita el reproche, el ataque y el desprecio entre sus miembros.

Si a veces el que nos toque una buena familia es casi una lotería, también lo es sobrevivir a ella saliendo indemnes de ciertas frustraciones, de ciertas tensiones que no siempre acabamos de resolver. Es común que queden algunas carencias, que aún en la madurez sigamos chocando con los valores de nuestros padres, friccionando con nuestros tíos e incluso compitiendo con nuestros hermanos por esto y aquello.

La convivencia no siempre es fácil. Sin embargo, mientras exista respeto estos procesos en apariencia antagónicos pueden fluir con cierta naturalidad permitiéndonos contar con ellos, con esa familia, que como bien dice aquel dicho popular, debe estar en los buenos y en los malos momentos. Ahora bien, ¿qué sucede cuando esto no se cumple? ¿Qué debemos hacer cuando no hay respeto y nuestro estado anímico queda continuamente minado y vulnerado? ¿Cómo actuar cuando sentimos que la familia estresa y ahoga?

niña rodeada de ardillas representando cuando la familia estresa

Cuando la familia estresa y ahoga

A veces nos decimos a nosotros mismos que no volveremos a caer en los mismos errores. Nos convencemos para no acudir a esas reuniones o celebraciones que siempre acaban mal. Intentamos pactar con nosotros mismos que nos mantendremos firmes y que no cederemos ante ciertos chantajes, a esas demandas que suelen dejar bajo mínimos el cupo de nuestra autoestima. Y, sin embargo, caemos en esas mismas trampas una y otra vez.

Ahora bien, ¿cómo no hacerlo? Son nuestros familiares y como todo patrimonio erigido por la sangre y la genética intentamos honrarlo y respetarlo un día sí y otro también; aunque el precio de nuestra estoica devoción es cada vez más alto. Lidiamos con situaciones que no sabemos muy bien cómo gestionar, nos dejamos chantajear, bajamos el rostro para contener nuestras emociones y nos mordemos la lengua para no echar a perder en un segundo relaciones de toda una vida.

Cuando la familia estresa y ahoga, pensamos muchas cosas. ¿Quizá ha llegado el momento de formalizar una salida definitiva? ¿O nos seguimos ahogando en ese vínculo de sangre de por vida? No hay que caer en estos extremos, no es saludable ni permisible. Veamos a continuación qué pautas podemos aplicar.

Cuando la familia estresa es recomendable no tomar decisiones extremas y observar todo desde la calma.
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cerebros

Cómo manejar situaciones estresantes en el contexto familiar

El desgaste en las situaciones de conflicto familiar puede ser muy grande, por la cantidad de sentimientos y posturas encontradas. Esta erosión emocional puede llegar a ser tan profunda que cualquier palabra o gesto en ese contexto familiar asfixiante se procesa de forma intensa, sobredimensionada incluso.

Así, un primer paso en el que deberíamos trabajar es en la relajación, en la calma interna. Cuando uno ha tragado tantas cosas a lo largo de todo un ciclo vital, acumula una frustración inmensa, una rabia que ha hecho costra y creado raíces. Todo ello hay que canalizarlo, que aliviarlo. Una vez hayamos ventilado esas salas emocionales cargadas de tensión, es el momento de trabajar en el siguiente aspecto.

Define tu yo, fortalece tu identidad

Cuando las personas no desarrollan un sentido de identidad fuerte, definido y separado a su vez del contexto familiar, su bienestar emocional está en continuo peligro. Es necesario cortar ese cordón umbilical y manejarnos como entidades independientes asentadas en sus propios idearios, en sus valores y necesidades.

Cuando la identidad y el autoconcepto son firmes, no hay dudas, sabemos lo que está bien, lo que es permisible y lo que no. Aún más, no solo vemos con más claridad los comportamientos tóxicos o los actos narcisistas, sino que tenemos menos reparos a la hora de poner límites: sabemos que son necesarios para mejorar la convivencia.

Familia hecha de papel representando cuando la familia estresa

No tienes por qué estar siempre de acuerdo con tu familia, y eso no es malo

El estrés familiar tiene sus raíces en la falta de armonía, surge porque hay un campo de fuerzas donde unos y otros actúan como oponentes y no como facilitadores. Un hecho muy común en estos escenarios es la necesidad que a veces tenemos de recibir siempre la aprobación de los nuestros, de no salir de esas líneas que unos trazan y en las que otros deben encajar casi a la fuerza para no decepcionar.

Esto último no es ser familia. La auténtica familia es un microcosmos singular donde conviven los elementos más diversos en perfecta armonía. Es una piedra preciosa donde están incrustados los más variados minerales, con sus propios colores, sus fabulosas propiedades y singularidades. Es esa diversidad la que traza la belleza de esa joya donde todos se saben distintos, pero a la vez excepcionales. Entendamos, por tanto, que una familia, una buena familia, respeta y tiende la mano, no ahoga o supone un obstáculo para crecer.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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