Cuando la mente va más deprisa que la vida

Edith Sánchez·
12 Abril, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
12 Abril, 2020
Recrearnos en el futuro, sobre todo en tiempos de incertidumbre y crisis, puede convertirse en un ejercicio de mucho desgaste. Cuando la mente va más de prisa que la vida, lo usual es que aparezca una ansiedad que nos hace persistir en la misma conducta mental que la ha generado.
 

En tiempos de incertidumbre es usual que la imaginación vuele e invente escenarios en el futuro. Cuando la mente va más de prisa que la vida, el resultado es precisamente ese: ir hacia el mañana, en un viaje angustioso y básicamente inútil. Ese ejercicio de ir hacia lo que puede suceder, por lo general, no deja más resultado que ansiedad.

La misma incertidumbre no pone a trabajar a nuestra imaginación de manera positiva. Usualmente ocurre exactamente lo contrario, es decir, que terminamos suponiendo que el mañana es peor de lo que realmente puede ser. A lo que ocurre, que puede ser problemático de por sí, le añadimos una buena dosis de angustia.

La ansiedad es precisamente eso: sentirse amenazado por un peligro futuro. Esperar que ocurra algo indeseable o temido. Se convierte en un sentimiento difícil de tramitar, precisamente porque nace de la imaginación y esta tiene límites muy amplios en presencia del miedo. Cuando la mente va más de prisa que la vida, terminamos en brazos de la angustia.

No anticipar problemas o preocuparse por lo que a lo mejor nunca sucederá”.

-Benjamín Franklin-

Mujer con ansiedad
 

Cuando la mente va más de prisa que la vida

La pandemia del coronavirus sumió al mundo en una espera angustiosa. Hay una amenaza real, pero nadie sabe realmente lo que se puede esperar de ella. Ni siquiera los científicos más especializados logran hacer una proyección precisa porque el tema pasa por muchas decisiones que no tienen nada que ver con la biología.

Lo que sí sabemos todos es que diariamente somos testigos de imágenes e informaciones dramáticas. La gran mayoría se siente atemorizada por las consecuencias que se pueden derivar para la salud, la economía y la vida misma.

Ese temor, fundamentado en parte, alimenta la ansiedad. En momentos como este, si la mente va más de prisa que la vida, el resultado puede ser muy difícil de sobrellevar.

Insistimos en que nadie sabe cuál va a ser el desenlace de lo que ocurre. Por lo mismo, esperar lo mejor o lo peor no deja de ser un ejercicio especulativo.

Sin embargo, si la expectativa es negativa, a la grave crisis que ya existe se le suma una dosis mayor de angustia. Bajo ese estado es más difícil percibir, analizar y decidir. De manera adicional, se puede ver comprometida nuestra salud.

Volver al presente

Es muy comprensible que en estos momentos se llegue a una situación en la que la mente va más de prisa que la vida. La crisis interrumpió nuestra rutina y es obvio que muchos tengan su mente puesta en el futuro, más exactamente en el momento en que todo vuelva a la normalidad.

 

Lo más recomendable en situaciones de crisis es no alimentar esos ejercicios de imaginación sobre el futuro. Más que nunca, el presente parece nuestro asidero más fuerte, nuestra certeza más absoluta.

La pandemia nos mostró crudamente esa realidad, ya que con la propagación del virus muchos planes futuros quedaron sin realizarse y otros se mantienen en suspenso.

De hecho, ninguno de nosotros tiene certeza absoluta de que sobrevivirá a esta situación, por duro que resulte decirlo. En una palabra, el aquí y el ahora son lo único real, aunque ese aquí y ese ahora sea un lugar de confinamiento por las cuarentenas que se han implantado en muchos países del mundo.

Chico mirando por la ventana

Enriquecer el viaje

Cuando la mente va más de prisa que la vida, se vuelve especialmente difícil aceptar el presente. Ese viaje hacia el mañana es una señal de resistencia, pero como ya no anotamos, resulta de poco provecho. Y no solo eso, sino que termina atormentándonos y alimentando una carga emocional muy fuerte.

Así, nuestra primera misión es la de no dejarnos seducir por esos viajes imaginarios hacia un mañana totalmente incierto. Recordar que lo que pase en el futuro será una consecuencia directa de lo que hagamos hoy. Por lo mismo, cuanto mejor hagamos la tarea de enriquecer el presente, con mayor solidez estaremos construyendo el futuro.

 

En términos freudianos, la mejor apuesta actualmente es la de sostener el deseo. Esto quiere decir, encontrar aquello que genere un disfrute, alguna forma de placer o satisfacción.

La jardinería, alguna actividad artística, el proyecto de la empresa con el que llevamos tiempo en mente o la conversación con viejos amigos que se perdieron con el tiempo.

Los tiempos son duros, pero enfocarnos en el mañana lo complica. Buscar dentro de cada uno esas luces de lo soñado puede ser un sendero seguro para avanzar hacia ese futuro que por ahora no está claro.

 
Kurzweil, R. (2015). Cómo crear una mente: El secreto del pensamiento humano. Lola Books.