Cuando la vergüenza tóxica nos atrapa

22 enero, 2015
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Alejandro Rodríguez

Todo el mundo experimenta vergüenza alguna vez. Es una emoción con síntomas físicos y mentales como cualquier otra que va y viene; pero cuando es grave, puede ser extremadamente dolorosa.

Fuertes sentimientos de vergüenza estimulan el sistema nervioso simpático, provocando una reacción de lucha o huída en nuestro cuerpo. Nos sentimos expuestos y queremos ocultarnos o reaccionar con rabia, mientras nos sentimos profundamente alienados por los demás. Esto puede hacer que no seamos capaces de pensar o hablar con claridad, generando así un sentimiento de malestar con nosotros mismos.

Todos tenemos nuestros propios factores desencadenantes específicos o puntos sensibles que provocan nuestra reacción de vergüenza. La intensidad de nuestras experiencias también varía, dependiendo de lo que hayamos vivido previamente, de nuestras creencias culturales, de nuestra personalidad y del evento de activación. Sin embargo, a diferencia de la vergüenza ordinaria, «la vergüenza tóxica» se instala en nosotros y altera nuestra propia imagen. Se trata de un fenómeno diferente y mucho más dañino.

La vergüenza tóxica es una emoción negativa que experimentamos como rechazo a ser nosotros mismos. Cuando la sentimos, se trata de algo más o menos permanente en lugar de pasajero; y nos transmite la idea de que no somos suficientes, y de que no somos merecedores de éxito, amor o respeto.

Para algunas personas que la padecen, la vergüenza tóxica puede monopolizar la personalidad, mientras que para otros, se puede encontrar por debajo de su conciencia, pudiendo ser fácilmente activada. En cualquier caso, librarnos de ella requiere de un fuerte trabajo interno.

Características de la vergüenza tóxica

La vergüenza tóxica difiere de la ordinaria, que pasa en un día o unas pocas horas, en los siguientes aspectos:

  • Se puede ocultar en nuestro inconsciente, por lo que no somos conscientes de que la tenemos.
  • Cuando la experimentamos, dura mucho más tiempo.
  • Los sentimientos y el dolor asociados a ella son de mayor intensidad.
  • No siempre se activa por un evento externo. Nuestros propios pensamientos pueden provocar sentimientos de vergüenza.
  • Conduce a espirales de sentimientos negativos que provocan depresión y sentimientos de desesperanza.
  • Causa «ansiedad de vergüenza» crónica, el temor de sufrir esta emoción.
  • Está acompañada de voces, imágenes o creencias originadas en la infancia y se asocia con una «historia de la vergüenza» negativa acerca de nosotros mismos.
  • Crea profundos sentimientos de inadecuación.

vergüenza

Creencias básicas de la vergüenza tóxica

Como ya hemos visto, la creencia fundamental que subyace a la vergüenza tóxica es la siguiente: «so soy digno de ser amado, ni de conexión.» Además de esto, la vergüenza internalizada se manifiesta como una de las siguientes creencias o una variación de la misma:

  • Soy estúpido.
  • Soy poco atractivo (especialmente en el ámbito de la pareja).
  • Soy un fracaso.
  • Yo soy una mala persona.
  • Soy un fraude o un farsante.
  • Soy egoísta.
  • No soy lo suficientemente… (esta creencia se puede aplicar a numerosos ámbitos).
  • Me odio.
  • No me importa nada.
  • Estoy defectuoso o soy inadecuado.
  • Yo no debería haber nacido.
  • No soy digno de ser amado.

La causa de la vergüenza tóxica

En la mayoría de los casos, la vergüenza se internaliza o se convierte en tóxica, a raíz de experiencias crónicas o intensas de vergüenza de la infancia. Los padres pueden transferir involuntariamente este sentimiento a sus hijos a través de sus conductas verbales y no verbales.

Esta impronta de la vergüenza puede empezar desde la cuna, cuando los padres entienden que existen características más interesantes que otras, y que sus hijos deberían comportarse exactamente de la manera en que a ellos les gustaría. Así, el niño o adolescente recibe el mensaje de que solo es válido si se amolda a ciertos estándares. Si no consigue cumplir con ellos, puede que acabe pensando que simplemente no es válido.

Este sufrimiento se manifiesta especialmente en la adolescencia y tiene que ser bien resuelto. El niño empieza a darse cuenta de que hay cosas que piensa que no son ciertas y que tiene que volver a construir los propios cimientos de su pensamiento intentando quitar algunos sobre los que se apoyaba hasta ahora, y que ha heredado de las personas que tiene más cerca.

No es una tarea fácil, ya que a menudo los adultos, intentando que los niños adopten una manera de pensar útil, se expresan con afirmaciones absolutas. Al no añadir matices, los niños las interiorizan de esta manera y se comportan frente al mundo como tal.

Así, estas afirmaciones que pueden haber sido tan falsamente ejemplificadas y repetidas, pueden perdurar durante toda la vida adulta asociadas a muchas situaciones elicitadoras de vergüenza.

La vergüenza nos aisla

Consecuencias de la vergüenza tóxica

Si no se ha sanado, la vergüenza tóxica puede llevar a provocar agresión, depresión, trastornos de la alimentación, trastorno de estrés postraumático, y adicciones de todo tipo.

Por otro lado, este fenómeno genera una baja autoestima, ansiedad, culpa irracional, perfeccionismo y codependencia, además de que limita nuestra capacidad de disfrutar de relaciones satisfactorias y de alcanzar el éxito profesional.

Por suerte, con la ayuda de un buen terapeuta es posible eliminar la vergüenza tóxica de nuestras vidas y alcanzar los niveles de éxito y satisfacción que realmente nos merecemos.