Cuando las cosas van mal… Despierta tus fortalezas psicológicas

14 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Cuando nuestra realidad se complica y todo empieza a ir mal, necesitamos calma. En nuestro interior hay una fortaleza psicológica esperando despertar para aportarnos equilibrio, serenidad y habilidad para reaccionar de manera creativa.

Cuando las cosas van mal, de nada vale huir o tomar un camino contrario. Más allá de lo que nos han hecho creer, la dificultad hay que transitarla, caminar con ella el tiempo que sea necesario, hasta que se disipe y nos abandone definitivamente. Ahora bien, hay que hacerlo de manera activa y proactiva, despertando esas fortalezas psicológicas que todos tenemos en nuestro interior.

A todos nos suena un viejo dicho que dice aquello de que cuando las cosa van mal, pueden ir peor. Es cierto. Por mucho que nos sorprenda hay un hecho real en esa idea, y es que cuando la vida se pone complicada, en caso de no actuar de manera adecuada, se puede dar paso a otros problemas inesperados a causa de esa pasividad o de un afrontamiento erróneo.

Ahora bien, decía la escritura Marguerite Duras que, en realidad, los errores no existen, solo son actos extraños que cometemos de vez en cuando para aprender y encauzar nuestros caminos de mejor modo. Esa es la clave, entender que, por muy difícil que veamos nuestra realidad en un momento dado, siempre estamos a tiempo de sacar los recursos psicológicos más adecuados, las respuestas más acertadas.

El secreto está en no huir, en no mirar atrás y capacitarnos como seres humanos hábiles para dar forma a nuestra mejor versión. Esa donde, como decía el ensayista Joseph Joubert, no dejar que los problemas se instalen para siempre en el sillón de nuestras casas.

«El cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor».

-Winston Churchill-

Mano con flores representando cuando las cosas van mal

Cuando las cosas van mal… ¿qué puedo hacer?

Todos hemos leído o escuchado esa frase de «cuando las cosas van mal, no vayas con ellas». Es una idea bienintencionada, es cierto; sin embargo, desde un punto de vista psicológico, la realidad es otra. A menudo, estamos más que obligados a pasar un tiempo determinado con esas cosas adversas, porque la dificultad no se escampa de un día para otro. Lleva su tiempo, por lo que es bueno estar preparados para cohabitar durante una época más o menos extensa con los problemas, hasta lograr resolverlos.

No obstante ¿cómo hacerlo? ¿qué podemos hacer cuando aparecen esos giros de sentido en nuestro presente? Lo señalábamos al inicio, debemos despertar nuestras fortalezas internas, esas de las que nos habló Martin Seligman en su teoría sobre las claves de la felicidad.

Veamos ahora tres pasos sobre los que reflexionar.

1. Lo más importante: el estrés emocional

Cuando las cosas van mal, podemos alcanzar ese instante en el que nos sentimos superados. Es como si no tuviéramos control sobre nuestra realidad y todo, absolutamente todo, se complicara por momentos. Esta sensación está producida por el estrés emocional, un estado interno capaz de bloquear el ánimo, los pensamientos y nuestra capacidad para reaccionar.

Así, estudios, como los llevados a cabo por la doctora Elyse Dam Glausser, de la Universidad de Universidad de Lausana (Suiza), nos indican que esa falta de regulación emocional es nuestro principal enemigo a la hora de sacar lo mejor de nosotros mismos. Por ello, para poder lidiar con la dificultad y para pensar en soluciones más creativas, necesitamos seguir estos pasos:

  • Acepta tus emociones, identifícalas, dales nombre.
  • Presta atención a los pensamientos que se vinculan a esas emociones (me siento tan angustiado que pienso que las situaciones o los problemas actuales solo pueden derivar en catástrofes).
  • Practica la respiración profunda y detén esos pensamientos. En esos instantes de estrés, quien manda en tu mente es la amígdala. Es ella quien te envía señales con sabor a miedo y angustia. Activa tu corteza prefrontal, ahí donde se dirige el pensamiento lógico y racional. En estos casos, técnicas, como el mindfulness, pueden ayudarte.
niña con corazón representando la fortaleza de cuando las cosas van mal

2. Corrige patrones de pensamiento que supongan un obstáculo

Las personas estamos hechas de células, nervios, huesos y también de creencias, algunas de ellas erróneas. Hablamos de esas ideas que ponen palos en las ruedas de nuestras ideas, cepos en cada paso que damos; una voz interna nos dice que todo saldrá mal, que cierta persona hizo lo mismo y fracasó o que lo mejor, en ciertos casos, es no hacer nada y dejar que la tempestad escampe empujada por el tiempo.

Nuestra mente puede ser nuestra peor enemiga cuando las cosas van mal. Por ello, aquí la reestructuración cognitiva es una técnica que nos puede ayudar mucho. ¿En qué consiste? Implica básicamente detectar esas creencias, actitudes y esquemas negativos o bloqueantes y apagar su poder. Hay que reescribir muchos de esos enfoques internos e inyectarles de creatividad y esperanza.

3. Acepta, transforma y proyecta

Decía Séneca que la adversidad es la mejor ocasión para que emerjan nuestras virtudes. Estamos acostumbrados a que nos digan eso de que, cuando las cosas van mal, hay que ser fuertes, pero en realidad, más que fuertes hay que ser valientes y creativos; ese es nuestro potencial, esas nuestras mejores virtudes.

De este modo, para transitar por esas épocas de dificultades, lo ideal es asumir tres pasos. El primero, aceptar lo que nos ocurre. El segundo, ir haciendo pequeños cambios para transformar nuestro presente. Se trata de crear pequeños avances que poco a poco, darán sus frutos en su momento. Por último, una herramienta muy acertada es pensar en qué queremos para nuestro futuro.

De poco sirve dirigir la mirada en el pasado, en lo que teníamos ayer. Cuando las cosas van mal hay que planear, proyectar, idear pequeños objetivos que nos lleven poco a poco, hasta ese horizonte más idóneo.

Para concluir, solo insistir una vez más en que estos procesos no son fáciles ni rápidos. A veces damos un paso adelante y otro hacia atrás. Se trata en esencia, de ser persistentes, mantener la calma y dejar que emerja nuestra mejor versión.

  • Dan-Glauser, E. S. and J. J. Gross (2013). "Emotion regulation and emotion coherence: Evidence for strategy-specific effects." Emotion 13(5): 832-842.