Tenacidad mental: el motor psicológico para hacer que las cosas pasen

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
1 julio, 2019
Hay algo más importante que la inteligencia o el talento: la tenacidad. Se trata de esa fuerza interior que nos insta a levantarnos una y cien veces, ella quien nos da aliento fuerza y motivación para no rendirnos y sentirnos merecedores de algo mejor.

La tenacidad mental es algo más que una actitud ante la vida. Nadie llega a este mundo con esa capacidad innata para sobreponerse a cualquier adversidad o para aunar la determinación más osada, esa con la cual alcanzar cualquier meta o propósito. La fuerza de voluntad que impregna esta dimensión psicológica se entrena, se adquiere con la experiencia y con elevadas dosis de perseverancia.

Capacidad de desafío, autocontrol, confianza… Son muchas las dimensiones que edifican este tipo de mentalidad, pero desde el campo de la psicología nos señalan algo importante: todos podemos desarrollar esta competencia tan valiosa y necesaria. Asimismo, la persona tenaz no se define solo por esa disposición con la que intentar alcanzar el éxito en su trabajo o conquistar un objetivo.

La tenacidad es, a su vez, el aliento de la superación y el bienestar con uno mismo. Tiene por tanto, un componente que se vincula directamente con la autoestima y que favorece nuestro sentido de autorrealización. Es percibir que somos capaces de conseguir aquello que nos proponemos, es sentirnos dignos, valiosos y capaces de dar forma a la vida y realidad que deseamos.

«Abandonar puede tener justificación; abandonarse no la tiene jamás».

-Ralph W. Emerson-

Flor en asfalto representando la Tenacidad mental

Tenacidad mental, ¿qué es?

Cuando las cosas se ponen difíciles, lo más complicado puede ser el proceso de toma de decisiones; qué camino tomar y, más importante aún, de dónde sacar la motivación para afrontar esa circunstancia inesperada. Admitámoslo, vivimos en una sociedad que pone la atención en dimensiones como la inteligencia, el talento, la creatividad, el carácter extrovertido, el liderazgo, etc. Ahora bien, ¿dónde queda la tenacidad?

La fortaleza contenida en eso que llamamos ser tenaz es, posiblemente, la competencia más valiosa que pueda tener el ser humano. Y sin embargo, no siempre nos la enseñan en la escuela, no siempre nos dan pautas para saber cómo despertarla. A menudo, hacemos uso de ella porque nos la han transmitido nuestros padres, porque determinadas figuras nos han inspirado y guiado para aplicar con efectividad esos recursos que conforman la tenacidad mental.

SISU, tener agallas en medio de la adversidad

Sisu es un concepto de origen finlandés muy arraigado a su cultura. Este término integra una fascinante combinación de ideas y dimensiones como la resiliencia, el estoicismo, el coraje, la determinación y por su puesto, la tenacidad mental. Algo curioso sobre este término es que lleva integrado en Finlandia desde orígenes inmemoriales, todos saben lo que significa pero pocos pueden explicarlo con palabras concretas.

Fue en en el tercer Congreso Mundial de Psicología Positiva en Los Ángeles del 2013, cuando se presentó por primera vez ante la comunidad científica esta idea. Sisu se concibió como un potencial de energía psicológica capaz de ayudar al ser humano a alcanzar un objetivo, a superar una adversidad y a ser persistentes en este proceso.

Asimismo, hay quien asegura que este compendio de virtudes psicológicas estaría presente como un rasgo de personalidad en muchos casos. Es cierto, no obstante, hay otro aspecto en el que hay consenso: cada uno de nosotros podemos aprender a desarrollar la tenacidad mental.

niña abrazada a corazón simbolizando la Tenacidad mental

La autoestima, el motor que enciende tu tenacidad mental

La mayoría de estudios que se han realizado sobre la tenacidad mental vienen del mundo del deporte. Así, trabajos como los de la doctora Patricia Pritchard, de la Universidad de Virginia, Estados Unidos, destacan que esta fortaleza mental requiere de componentes como la fuerza de voluntad, el compromiso, al autocontrol y la confianza.

Ahora bien, destacan también un elemento esencial: la autoestima. Pensémoslo bien, sin este músculo psicológico nada sería posible. Si uno no se aprecia a sí mismo, si no se valora lo suficiente para sentirse merecedor de aquello que sueña, quiere y necesita, difícilmente daremos el primer paso.

La persona tenaz es aquella que se niega a sentirse derrotada. Es también, ese corazón que aún siendo consciente de que está agotado, de que la vida le ha dado más de un golpe y algún esquinazo, se niega a perder la ilusión y el amor propio. Debemos por tanto tenerlo muy presente: sin autoestima no hay chispa, sin esta dimensión no encenderemos el motor de la tenacidad mental.

¿Cómo puedo potenciar mi tenacidad psicológica?

Nadie logra grandes avances en su vida sin asumir compromisos o riesgos. Es decir, es muy posible que nos hayamos colocado una serie de elevados objetivos en nuestro futuro próximo, tales como conseguir un buen trabajo, aprobar una oposición o dar ese cambio tan necesitado en nuestra existencia.

Ahora bien, es difícil que eso llegue si primero no nos sondeamos a nosotros mismos: ¿estoy preparado para dar ese salto? ¿estoy bien conmigo mismo? ¿Me siento motivado, tengo los recursos psicológicos adecuados? Por tanto, atendamos esas cuestiones prioritarias y para ello nada mejor que ir entrenando esos nutrientes que conforman la tenacidad psicológica. Son los siguientes:

  • Autocuidado: la tenacidad psicológica requiere antes de nada, que nos sintamos bien con nosotros mismos. De ese modo, es crucial que nos atendamos, que fortalezcamos nuestra autoestima, que apaguemos miedos e inseguridades, que clarifiquemos propósitos, necesidades internas, etc.
  • Actitud. La persona tenaz entrena su actitud y esa disposición siempre resuelta, fuerte y optimista que le permite encarar el día a día con solvencia.
  • Hábitos basados en la tenacidad. En nuestras jornadas debemos empezar a aplicar pequeñas rutinas que nos ayuden a fomentar la tenacidad mental. Ello implica, por ejemplo, ser capaces de lograr pequeños objetivos sin rendirnos, siendo perseverantes. También es importante, que aprendamos técnicas de resolución de problemas, aplicando a su vez, una mentalidad flexible, creativa e intuitiva para saber apreciar oportunidades.

Para concluir, no perdamos de vista esta maravillosa piedra angular psicológica que nos ayudará a trazar destinos más felices y sobre todo, ajustados a nuestro sueños y necesidades.

  • Pritchard, P. A. (2006). Mental Toughness. In Success Strategies for Women in Science (pp. 133–168). Elsevier Inc. https://doi.org/10.1016/B978-012088411-7/50048-8