Cuando nadie cree en ti: el poder de la autoconfianza

Valeria Sabater · 7 agosto, 2018

Cuando nadie cree en ti, es el mejor momento para que lo hagas tú. Así, cuando alguien te diga que no vales, que tu momento ha pasado o que eso que anhelas no lleva tu nombre, alza tu rostro y sonríe. Porque para poner límites ya estás tú o la realidad; de hecho, pocos son los que necesitan ayuda en esta tarea. Hacerlo te dará confianza, una brújula más estable y sobre la que tienes más control.

A veces hay que hacerlo, acercarse a beber agua en la charca de los leones. Solo así tendremos una oportunidad: la de adiestrar el miedo y limitar su influencia. En este sentido, la inseguridad es una mala compañera y quien opta por quedarse en el refugio, jamás disfrutará de esas vistas de atalaya, donde todas las posibilidades del infinito se encienden ante nuestros ojos.

“Atrévete a ser valiente hoy y confía en que cuando extiendas tus alas, volarás”.

-María Demuth-

Fue Abraham Maslow quien nos dijo que el ser humano llega al mundo con un potencial casi ilimitado para autodesarrollarse, para alcanzar esa cúspide de necesidades donde se contienen los objetivos más elevados de felicidad y bienestar. Ahora bien, por curioso que resulte, no todo el mundo logra culminar esta cima, a pesar de sus capacidades se lo permitirían.

¿La razón? En uno u otro momento, todos damos con algún hábil agente dispuesto a lastrar nuestro crecimiento personal. Lo podremos encontrar en muchos escenarios, actuando con frecuencia sin avisar. Puede aparecer en forma de familiares cercanos, de amigos, de profesores, de compañeros de trabajo o directores de empresa. Hablamos de esas figuras que nos cortan las alas y nos convencen de que no valemos…

chico coronando cumbre ante universo simbolizando esos momentos cuando nadie cree en ti

El complejo de Jonás o cuando dejamos de creer en nosotros mismos

De pequeño tenías asma, y ya desde una edad muy temprana te convencieron de que eso del deporte, no era bueno para ti. ¿Fútbol, kárate, tenis? Mejor algo tranquilo, mejor elige el ajedrez o el dibujo y así no te pones en riesgo. Más tarde le comentaste a tu profesor que querías ser astronauta y él te miró con una mezcla de sorna e ironía. ¡Pero si tú no vales para las ciencias! -te dijo entre risas- Mejor opta por una carrera de letras.

Ya en la Universidad y estudiando Geografía e Historia, decides ser escritor. Tardas un año en dar forma a una original novela de ciencia-ficción, con tintes distópicos y gran sentido del humor. Ahora bien, cuando la presentas a una editorial, esta ni siquiera te responde o lo hace con un mensaje estandarizado.

Tu manuscrito es uno más entre mil. A lo cual, tu familia y amigos te sugieren que mejor, lo olvidas; que te centres en una oposición y obtengas tu plaza para ser profesor de secundaria. Un profesor que un día soñó con ser deportista de élite, más tarde astronauta y después escritor…

¿Qué hacer cuando nadie cree en ti? El propio Maslow escribió un libro muy interesante sobre este mismo tema. Se titulaba The Farther Reaches of Human Nature. En él explicaba que a pesar de que la mayoría de nosotros tenemos un notable potencial para autorrealizarnos, no siempre lo aprovechamos. Nos limitamos a fantasear sobre lo que podríamos hacer, sobre lo que podríamos conseguir…

Sin embargo, no ponemos los medios, ni las condiciones psicológicas. Nos dejamos condicionar por las opiniones ajenas y optamos por instalarnos en nuestra zona de confort. A esta realidad la llamó Maslow el complejo de Jonásel cual describe a todas esas personas que siendo conscientes de sus competencias, no se atreven a desarrollarlas por efecto del miedo y la inseguridad.

Cuando nadie cree en ti: ¿qué podemos hacer?

Hay que asumirlo: siempre habrá una o varias personas que surgirán para decirnos que no valemos, que no sabemos y aún peor, que no podemos dar forma a ese sueño, a ese anhelo, a ese proyecto. Cuando nadie cree en ti solo queda una opción, la más lógica y plausible: que tú sí creas en ti y demuestres que estaban en un error.

Ahora bien, tal giro no es fácil ni rápido. Exige un adecuado trabajo interior, el cual puede basarse en estas tres dimensiones. Reflexionemos sobre ellas.

chico en bici dejando ir papeles simbolizando esos momentos cuando nadie cree en ti

1. No seas tú mismo, sé quién deseas ser

Nos hemos acostumbrado en exceso a escuchar eso de “aprende a ser tú mismo”. Es momento de dar un paso más allá y afinar un poco más esta idea. Si nos limitamos a ser “nosotros mismos” es posible que cronifiquemos dimensiones que no nos benefician en nada. Si en nuestro yo actual está el miedo, la inseguridad y la necesidad de aprobación, difícilmente alcanzaremos nuestras metas.

Lo ideal es clarificar qué queremos y quién deseamos ser. Debemos promover una transformación interior con la que aunar nuevas fuerzas y valentías con la cuales, lograr creer plenamente en nosotros mismos.

2. Un salto de fe entre la vida que tienes y la que deseas

Todo salto requiere un impulso, y todo impulso disponer de fuerza suficiente, voluntad, motivación y optimismo. Así, cuando nadie cree en ti y en tus posibilidades, lo último que debes permitir es que te contagien ese mismo derrotismo y negatividad. Crea por tanto un plan de ruta, diseña en tu mente un plan y llénalo de positividad y determinación. Solo así se dan los saltos más altos.

“Cuando nadie cree en ti solo hay un camino posible: ser más fuerte y optimista que nunca”.

3. Si determinadas personas no creen en ti, alguien lo hará

Alcanzar una meta requiere sin duda que seamos capaces de confiar en nosotros mismos. Ahora bien, vivimos en escenarios sociales y por tanto, conquistar un objetivo y alcanzar el éxito no es algo que podamos hacer siempre por nosotros mismos. Un triunfo necesita reconocimiento, un ascenso o un premio implica que terceras personas reconozcan nuestras valías.

Por tanto, no nos dejemos avasallar por esas primeras negativas. No bajemos el rostro ante quien en un momento dado, duda de nosotros e incluso ironiza con nuestras ideas. Al fin y al cabo, los grandes logros nunca han tenido inicios sencillos. En algún momento aparecerán las personas idóneas, esas que sí saben ver, apreciar e intuir las valías que albergamos en nuestro interior.

Para concluir, aquí vale la pena recordar una vez más ese acertado razonamiento que nos dice aquello de que lo contrario de la valentía no es el miedo o la cobardía, es la conformidad. Ese es precisamente nuestro auténtico problema: conformarnos con lo que ya tenemos e incluso dar por válidos los comentarios que otros nos hacen.

Empecemos por tanto a dudar de quien apaga nuestros sueños, de quien nos sugiere que bajemos de la Luna o que dejemos de insistir en ese ridículo anhelo. Ninguna meta es ridícula si lleva tiempo rondando nuestra mente y corazón. Desafiemos al miedo y venzamos el conformismo para alcanzar nuestras propias cimas.

chico con la sonrisa de la luna simbolizando esos momentos cuando nadie cree en ti