Cuando una oportunidad no es para ti: ¿cómo saberlo?

Nuestra sociedad nos inculca la necesidad de aprovechar toda oportunidad. Sin embargo, no todas las puertas que se abren son las adecuadas. ¿Cómo saber qué oportunidades no nos convienen y es mejor dejar pasar? Lo analizamos.
Cuando una oportunidad no es para ti: ¿cómo saberlo?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 01 agosto, 2022

Vivimos enfocados en la idea de que hay trenes que no debemos dejar pasar. Es más, quien duda, quien se lo piensa en exceso o titubea, se le califica de indeciso y falto de valentía. Parece que vivimos en una realidad en la que cada vez hay que actuar rápido y decidir a la velocidad de la luz. Sin sopesar demasiado las posibles consecuencias…

Ahora bien, nada requiere tanto de un ejercicio de profunda introspección y análisis como la toma de decisiones. Y, efectivamente, hay puertas que no siempre conviene abrir. E incluso puentes que es mejor no cruzar. Porque al igual que a veces uno puede arrepentirse de no haber dado el paso, también puede sentirse mal por lanzarse al vacío sin reflexionarlo antes.

Esta es una experiencia en la que todos nos podemos ver en más de una ocasión. Lo llamativo es que nuestro primer impulso, casi siempre, es el de arriesgarnos. Nos asusta que más tarde llegue el peso del arrepentimiento, las críticas ajenas y hasta que nos sintamos mal con nosotros mismos por no haber aprovechado esa situación, en apariencia, ideal.

Sin embargo, meditar cada resolución es un arte que nos dignifica y en el que debemos habilitarnos. Veamos, por tanto, cómo analizar cuándo estamos ante una auténtica oportunidad.

“He descubierto que la única manera de tomar un tren a tiempo es perder el tren anterior”.

Persona pensando en cuando una oportunidad no es para ti
A la hora de valorar una oportunidad hay que pensar si se ajusta a nuestros objetivos prioritarios.

Claves para saber cuándo una oportunidad no es para ti

Nos han inculcado la idea de que nada es tan costoso y reprochable como una oportunidad perdida. Sin embargo, también debemos tener presente otro detalle. Quien no duda un segundo en aprovechar una oportunidad sin haber reflexionado antes en ella puede precipitarse. Por ejemplo, sucede cuando dejamos un trabajo por otro y, al final, nos quedamos sin ninguno.

Ahora bien, es cierto que nadie tiene una bola de cristal. No podemos prever qué sucederá tras tomar una decisión; sin embargo, si esa resolución está en sintonía con nuestros objetivos, valores y esencias, el coste del posible error será menor. No somos analistas de riesgos profesionales, es más, la mayor parte del tiempo actuamos como malabaristas de la suerte y el destino.

Sin embargo, si tenemos a mano unas técnicas adecuadas para analizar cada instante de inflexión, dejaremos menor espacio para el azar. Las probabilidades de que esa elección sea acertada serán siempre un poco más elevadas. Veamos ahora esas claves para saber cuándo una oportunidad no es para ti.

Antes de aprovechar o descartar una oportunidad, debemos darnos tiempo para analizar qué hay detrás de esa propuesta.

¿Está en sintonía con tus objetivos?

A la hora de sopesar una propuesta, ya sea de trabajo, personal o de cualquier otra índole, valoremos si armoniza con nuestros objetivos vitales. Para ello, hagámonos las siguientes preguntas:

  • Si acepto esta oportunidad, ¿hacia dónde me llevará? ¿Lo que tenga que hacer o lo que se espera de mí tiene que ver con mis propósitos a corto y largo plazo?

El sociólogo Max Weber acuñó en 1920 el concepto de las “oportunidades de vida” para definir esas situaciones que pueden mejorar nuestro bienestar y autorrealización. En otras palabras, esas puertas que se nos abren deben permitirnos satisfacer nuestras necesidades.

Por ejemplo, puede darse el caso que nuestra meta sea lograr una posición de liderazgo en nuestra empresa. Sin embargo, si nos promocionan a un puesto en el que no tendremos oportunidad de demostrar nuestras habilidades, seguramente sea mejor declinar la propuesta.

Esta será la variable de mayor peso que debamos analizar.

¿Se ajusta a tus valores?

Hemos valorado si esa oportunidad encaja con los propios objetivos. El segundo escalafón del filtrado será analizar si se ajusta a nuestros valores.

Recordemos, un valor es esa dimensión con la que nos identificamos y en la que creemos. Si nos proponen un trabajo con mayor salario, pero cuyas responsabilidades no están en sintonía con aquello que nos define como personas, difícilmente nos sentiremos bien en este puesto.

Los valores personales son esos pilares fundamentales sobre los que se sostienen nuestras creencias, nuestra visión del mundo y nuestras prioridades vitales. A la hora de tomar cualquier decisión, siempre debemos tenerlos presentes.

¿Qué coste tendría para ti perder esa oportunidad?

A la hora de saber cuándo una oportunidad no es para ti, debes tener en cuenta un detalle. ¿Qué coste tendría dejar pasar esa oportunidad? ¿Cómo cambiaría tu realidad? ¿El coste de dejarla ir sería mayor que el de aceptarla y que saliera mal? Reflexionemos en ello. No obstante, es interesante tener en cuenta también un detalle que nos señalan en un estudio de las universidades de Arkansas y Ohio.

Por término medio, el arrepentimiento es mayor cuando sabemos que determinadas oportunidades no volverán a producirse. Esto nos obliga a hacernos una pregunta más. ¿Qué probabilidad hay de que en el futuro vuelva a tener una oportunidad parecida? 

Cuando tengas ante ti una posibilidad de cambio interesante, piensa en lo siguiente: dentro de 10 años, ¿me arrepentiré de no haber aceptado esta oportunidad? 

chica ante camino pensando en cuando una oportunidad no es para ti
A la hora de arriesgarnos hacia una oportunidad, es bueno preguntarnos si algo así se repetirá o no en el futuro.

Cuando una oportunidad no es para ti, practica la aceptación

Decía Gabriel García Márquez que la vida no es más que una sucesión de oportunidades para sobrevivir. Esta es una imagen idónea, inspiradora y poderosa para tener en mente. Porque si bien es cierto que a lo largo de nuestra existencia dejaremos pasar múltiples ocasiones de cambio, siempre llegarán otras.

Lo decisivo es saber aceptar cada circunstancia, incluidas esas oportunidades que no convienen en ciertos momentos. En lugar de obsesionarnos en si nos habremos equivocado o no, limitémonos a centrarnos en el aquí y ahora. En lo que nos rodea. A veces, es mejor quedarnos donde estamos para poder tomar mayor impulso ante la siguiente oportunidad.

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