Cuando te digan “tú no puedes”, responde “observa cómo lo hago”

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 29 marzo, 2017
Alicia Escaño Hidalgo · 29 marzo, 2017

Tú eres una persona única y valiosa por el solo hecho de ser humana, pero a veces se te olvida. Igual que a todos. Nos empeñamos muchas veces en creer que las opiniones ajenas, los juicios o las premoniciones de los demás son las auténticas realidades y tendemos a comprarlas y hacerlas nuestras. Esto ocurre porque pensamos que los demás valen más que nosotros, y por lo tanto todo lo que digan ha de ser cierto y aceptado sin discusión.

Cuando esta forma de buscar la aprobación de nuestro entorno la convertimos en hábito, reforzamos una y otra vez nuestra baja autoestima. Esto pasa porque no nos permitimos a nosotros mismos intentar llevar a cabo una vida en la que tengan un peso relevante nuestros deseos o nuestros valores.

Necesitamos que los demás nos den el visto bueno para casi todo lo que emprendemos, queremos o soñamos. Además, si esa aprobación no se produce, nos bloqueamos y dejamos de hacer la vida que realmente queremos hacer. La autoestima, que cada vez se hace más pequeña, se queda estancada y a la expensas de que el exterior nos aplauda o nos reconozca. Si no es así, tenderemos a pensar que es mejor abandonar lo que deseamos porque son “tonterías” y es entonces cuando nuestra vida se torna de color gris.

Tú no puedes

¿Qué significa esta frase exactamente? Cuando alguien nos dice “tú no puedes” está tratando de decir que nuestras capacidades no son adecuadas para lo que pretendemos realizar, que no damos la talla o que tenemos demasiadas limitaciones para emprender. Pero la pregunta es, ¿cómo puede saber esto si no lo hemos ni intentado?

Mujer señalando con el dedo a otra echándole la culpa

Algunas personas piensan que las experiencias pasadas determinan lo que sucederá si me encuentro hoy con una situación parecida. En parte, así es como funciona la intuición y es verdad que a veces funciona, pero no siempre. En ocasiones esta intuición se nace de un pensamiento irrealista: la persona de ayer no es la misma que la de hoy ni tampoco la de mañana.

Las circunstancias cambian, también el coraje, los valores o la motivación. Si ayer no fui capaz de conseguir lo que anhelaba, por el motivo que fuese, eso no quiere decir que no lo pueda conseguir en un futuro.

Jugar a ser adivino no es una buena estrategia para vivir de forma libre, pero mucho menos lo es creernos las conjeturas de los otros. Si el “tú no puedes” se convierte en una excusa para no realizar lo que deseamos, entonces estaremos dándole la razón a esa persona que piensa de forma tan negativa sobre nosotros. No lo intentaremos, y por lo tanto confirmaremos que no hemos podido.

Pero en el fondo de ti sabes que tienes las cualidades, la capacidad y las ganas. El problema es que esa necesidad de aprobación te frena y sientes que si no te alientan desde fuera, no vas a poder conseguirlo. Es en este punto donde tienes que cambiar el chip y usar tus dos oídos: uno como vía de entrada y el otro como vía de escape.

A partir de hoy, tú sí puedes. Vas a dejar de hacer caso a las opiniones externas, aunque las respetarás y en algunos casos las buscarás porque te sentirás desorientado. Sin embargo, la dirección de las grandes autopistas de tu vida las vas a decidir tú: eres el único que realmente la va a vivir.

Observa cómo lo hago

La seguridad en nuestras propias capacidades forma parte de la autoeficacia: una variable con influencia en todas nuestras acciones y que está muy condicionada por lo que pensamos de nosotros mismos. Un pensamiento que a su vez engloba un montón de pensamientos más concretos y que están relacionados con el poder de actuación que tenemos en los diferentes campos de nuestras vidas.

Caballo de madera

Los pensamientos realistas sobre uno mismo alimentan la emoción de seguridad y confianza en nuestra persona. A su vez, las acciones que llevamos a cabo tienen la facultad de reforzar esos pensamientos.

Al mover cualquiera de los engranajes, el resto tenderán a moverse también. Por lo tanto, una buena manera de ganar confianza para vivir, hacer o deshacer libres de evaluaciones externas es poner en práctica la asertividad: esa capacidad de reafirmarnos al margen de nuestro entorno, pero siempre respetándolo.

Es tan grata la sensación que deja en tu cuerpo la asertividad, que no practicarla supone una pérdida de tiempo, tanto si actúas de forma agresiva con el mundo como si dices “sí” a todo, y haces caso a todo lo que dicen los demás sin cuestionarlo. En los dos sentidos, autoestima y autoeficacia brillan por su ausencia.

Por esto, cuando cualquier persona de tu entorno – y cuando digo cualquiera también hablo de las personas importantes, como pareja, madre, padre, hermano…- te digan que tú no eres capaz, que tú nunca lo conseguirás o que bajes al mundo y pongas los pies en la tierra, hazte el favor de no enfadarte, tampoco de adoptar su forma de pensar.

Hazte el gran favor de responder: Observa cómo lo hago. Lo intentaré con todas mis fuerzas. Podrá salir bien o mal, eso aun no puedo saberlo, ni tú tampoco. No importa si funciona o no, si lo consigo o no, lo importante es que no me quedaré con las ganas de haberlo intentado y además intentaré disfrutar todo lo posible del camino hacia la meta. Si la derrota aparece, la aceptaré; si el triunfo se alza en mi camino, lo saborearé. Pero nunca dejaré de intentar realizar mis sueños”.