Cuatro tipos de resistencias en terapia

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
21 julio, 2019
En este artículo se proponen técnicas derivadas de la psicología positiva para atajar resistencias que pueden aparecer en sesión. Las técnicas se centran en la potenciación de las habilidades del cliente y la despatologización de la propia salud mental.

Las resistencias en terapia son conductas, cogniciones o emociones que el cliente presenta y que se constituyen como obstáculos para el cambio. Particularizando, el abanico de resistencias es tan amplio como personas acuden a terapia.

Por otro lado, aunque no todas presentaran ese tipo de oposiciones, sí pueden existir momentos en los que detectemos que el cliente/paciente parece estancado, se niega a informarnos sobre ciertos temas o no lleva a cabo las tareas pactadas.

Los diferentes modelos y corrientes psicológicas prestan una atención desigual a las resistencias. Desde cualquiera, no obstante, se insiste en la necesidad de resolverlas, brindarles la atención que merecen, exponerlas en sesión y preguntar de forma asertiva al cliente sobre qué dificultades está encontrando.

Adecuadas para cualquier tipo de terapia, existen técnicas que pueden ser útiles para doblegar eficazmente las resistencias en sesión; en este caso, nos centraremos en aquellas que vienen de la psicología positiva.

¿Qué es la psicología positiva?

La psicología positiva es una corriente psicológica que centra sobre todo en las fortalezas; no en qué nos hace débiles, sino en los recursos y potencialidades con las que contamos. Muchos piensan que nace en 1998, promocionada por el propio presidente de la American Psychological Association (APA), M. Seligman.

La base de la psicología positiva es potenciar las fortalezas, el crecimiento y el desarrollo humano. Por ejemplo, el Modelo de bienestar, encuadrado dentro de esta corriente, busca el bienestar psicológico de los individuos en aspectos como la independencia y autonomía, los entornos favorables para satisfacer deseos y necesidades, el desarrollo de potencialidades o los propósitos vitales.

Incluir por ello tareas propias de esta corriente, con independencia del corte metodológico de la terapia, se perfila como útil no solo para atajar resistencias, sino también para enriquecer el cambio en el individuo y potenciar sus habilidades.

Mujer con gafas feliz

Bucles de pensamientos negativos, intrusivos y obsesivos

En un gran número de patologías podemos encontrar pensamientos recurrentes que el cliente es incapaz de detener. Cuando en un contexto cognitivo-conductual, la parada de pensamiento con autoinstrucciones o el tiempo basura no parecen ser de utilidad, y en pos de realizar una reestructuración cognitiva que consiga un cambio más duradero, existen técnicas útiles como:

  • Técnicas derivadas del mindfulness: realizar una contemplación no valorativa de las experiencias sin ser atrapado en ellas es útil cuando los pensamientos no pueden suprimirse. En el Mindfulness no se busca eliminarlos, sino debilitar la identificación de la persona con sus experiencias subjetivas.
  • Terapia del bienestar (Well-Being Therapy): este tipo de terapia busca incrementar el bienestar y la autoeficacia, no solo la reducción de los síntomas. Dado que los pensamientos obsesivos suelen ser negativos, aumentar el bienestar puede resultar útil. Se pueden utilizar técnicas tan fáciles de poner en marcha como puntuar al inicio de la sesión los episodios de bienestar semanales, y no preguntar solo por los momentos de malestar.
  • Técnicas narrativas sobre sucesos positivos pasados: reescribir los sucesos pasados, sobre los que también pueden versar los pensamientos negativos. Esto ayudaría a generar emociones positivas de un pasado que puede ser visto como solo malo. La tarea puede consistir en escribir sobre los momentos más felices de su vida y las emociones que conllevaron.

Identificación de la patología como algo inherente al cliente

Muchos clientes llegan a terapia totalmente ahogados por la patología. Tan es así que a la mayoría de ellos les cuesta mucho no identificarse con el término. Esto suele ocurrir con la ansiedad. Las personas con trastornos ansiógenos suelen definirse a sí mismos con esa etiqueta, sin desligarse de ella.

Piensan que siempre han tenido ansiedad, la tienen, y la tendrán. La despatologización de la ansiedad y de otros trastornos es conveniente para quitarle poder y para que la persona vea otros adjetivos mucho más adecuados con los que definirse:

  • Reconceptualización del término “ansiedad”: explicar la función evolutiva de la ansiedad es útil en tanto que esta no es mala en sí misma. Con ello se busca eliminar la valoración negativa al término. Es útil a su vez diferenciar los términos “estrés” y “ansiedad”, siendo el primero un término utilizado en multitud de contextos que no conlleva patología; y el segundo un término equivalente a enfermedad. Se recomienda que el cliente vea que no son realidades tan distintas.
  • Modelo de Potenciación o de Competencia (Costa y López, 1986): hace énfasis en las fortalezas, las competencias y las habilidades con las que una persona se puede identificar. Esto resulta provechoso cuando el cliente sigue viendo la ansiedad como una patología, pues se sigue identificando con algo peyorativo a sus ojos. Es recomendable mostrarle otros adjetivos que también pueden describirlo.
  • Intervenciones basadas en las fortalezas (Seligman, 2005): encontramos tareas como: “Tu mejor recuerdo” —escribir recuerdos sobre una época donde se mostraban sus mejores características y leerlos cada noche— o “Visita de gratitud”. El objetivo de esta última técnica es enriquecer el círculo social del paciente/cliente.

Anticipación y ansiedad

Englobando de nuevo la resistencia en los trastornos de ansiedad, en ocasiones la reestructuración cognitiva puede tornarse ardua.

Por ello, el debate socrático de los pensamientos irracionales puede combinarse con tareas que ayuden al cliente a encontrar significados positivos al hecho de tener problemas, pues la anticipación de los mismos suele provocar mucho malestar en personas con esta afección:

  • Abrir el futuro: psicoeducación en la utilidad de los problemas. Debate sobre los beneficios de esperar a la vida con los brazos abiertos, con curiosidad e interés.
  • La huella vital y el progreso: buscar las huellas que las experiencias positivas y negativas dejaron en el individuo y decidir qué huellas se quieren conservar.

Chica para representar que cada vez sufrimos más ansiedad

Atribución del cambio terapéutico a la medicación

Las personas que inician un tratamiento psicológico ya medicadas pueden atribuir cualquier cambio positivo que se establezca a la propia medicación.

Para ello, puesto que no es posible retirar la medicación de golpe y a veces es contraproducente, se busca que la persona sea consciente de todo el espectro de cambios positivos que se han dado, además de combinarlo con un debate socrático que desmonte esa idea.

Se pueden utilizar gráficas que recojan las puntuaciones del estado de ánimo que —se supone— serán exponenciales. A su vez, también se pueden hacer conscientes los signos de mejoría y recuperación que se pasan por alto en cada una de las sesiones.

Este tipo de tareas y técnicas se postulan en el abanico de opciones con las que el terapeuta puede contar para resolver las resistencias en terapia; más que pasarlos por alto o no prestarles atención, algo poco recomendado.

Se pueden utilizar otras intervenciones positivas, siempre teniendo como objetivo último la potenciación y la despatologización, grandes pilares de la psicología positiva.