Daño cerebral adquirido: desde el punto de vista de la neuropsicología

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 3 mayo, 2018
Judith Francisco · 3 mayo, 2018

El concepto daño cerebral adquirido (DCA) se refiere a una lesión del cerebro, el cual hasta ese momento había tenido un desarrollo normal. Las causas pueden ser muy distintas, desde un traumatismo craneoencefálico como consecuencia de un accidente de tráfico hasta un tumor cerebral, pasando por muchas otras (anoxia, accidente cerebrovascular, etc.).

La principal consecuencia del daño cerebral adquirido es la pérdida de funciones cerebrales previamente desarrolladas. Estas funciones implican al sistema motor y sensorial, al funcionamiento cognitivo, a las habilidades comunicativas y la capacidad para regular la conducta y las emociones. Así, una característica frecuente de los pacientes afectados por DCA es la pérdida de independencia funcional, derivando en una situación de discapacidad, con la consiguiente sobrecarga de su entorno más próximo.

¿Qué papel tiene la neuropsicología ante el daño cerebral adquirido?

La rehabilitación neuropsicológica emplea tres herramientas o estrategias básicas en los pacientes afectados por DCA:

  • Restitución o restauración: a través de la estimulación o el ejercicio de la función afectada, bien por pérdida total o por déficit.
  • Compensación: mediante el apoyo o el empleo de otras funciones cognitivas preservadas para la ejecución de la tarea que principalmente se realizaba con la función alterada.
  • Sustitución: se refiere al empleo de ayudas o mecanismos externos para el desarrollo eficaz de la tarea.

Estas tres estrategias clásicas se utilizan con el objetivo principal de conseguir que el sujeto retome sus actividades cotidianas de la forma más productiva y satisfactoria posible.

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¿Cuáles son las funciones cognitivas que se pueden ver afectadas tras un daño cerebral adquirido?

Las funciones cerebrales superiores, como el razonamiento, la memoria o la atención son fundamentales para tener una vida plena e independiente. A lo largo del día utilizamos las funciones cognitivas continuamente. Nuestro cerebro usa las distintas capacidades cognitivas para preparar la comida, conducir o tener reuniones, activándose en mayor o menor medida distintas partes de los hemisferios. Las funciones cognitivas básicas son las siguientes:

  • Orientación: capacidad que nos permite ser conscientes de nosotros mismos y del contexto en el que nos encontramos en un momento determinado. Por tanto, la orientación se valora mediante tres parámetros: personal, espacial y temporal.
  • Atención: estado de observación y de alerta que nos permite tomar conciencia de lo que ocurre en nuestro entorno. Dentro de esta función debemos hablar de cinco procesos diferentes: atención selectiva, atención sostenida, atención alternante, velocidad de procesamiento y heminegligencia.
  • Funciones ejecutivas: son actividades mentales complejas y necesarias para planificar, organizar, guiar, revisar y evaluar el comportamiento necesario para adaptarse eficazmente al entorno y para alcanzar metas. Dentro de las funciones ejecutivas encontramos: memoria de trabajo, planificación, flexibilidad, etc.
  • Lenguaje: dentro del lenguaje hay diferentes procesos que pueden verse afectados ante un daño cerebral adquirido como el vocabulario, la expresión, la comprensión, etc.
  • Memoria: capacidad de codificar, almacenar y recuperar de manera efectiva información aprendida o un suceso vivido. Podemos distinguir entre memoria episódica, memoria semántica o memoria procedimental.

La modificación de conducta y la psicoterapia también son importantes en el daño cerebral adquirido

En el proceso de rehabilitación neuropsicológica existen técnicas propias de la psicología clínica que se emplean de un modo extendido. En concreto, pueden considerarse tres grandes grupos de procedimientos:

  • Terapia de conducta o modificación conductual: aquí se incluyen el condicionamiento clásico, el condicionamiento operante y el aprendizaje vicario. Todos ellos tienen en común el análisis y manipulación entre los estímulos y las respuestas. El objetivo es aumentar las conductas deseables y eliminar las no deseadas. Se aplican fundamentalmente para la intervención en alteraciones del comportamiento: agresividad, irritabilidad, desinhibición y otras conductas no deseables.
  • Terapia cognitivo-conductual: la idea fundamental es que la conducta y las emociones vienen determinadas por cómo el individuo percibe e interpreta las diferentes experiencias. Por tanto, la reestructuración cognitiva trata de modificar esas cogniciones, de modo que resulte en un cambio de comportamiento y de emociones del sujeto.
  • Psicoterapia: se incluyen intervenciones interpersonales enfocadas a los aspectos psicológicos reactivos a la lesión cerebral, a alteraciones emocionales y de la personalidad o a alteraciones en la autoconciencia.

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Cada uno de los tres procedimientos anteriores ha demostrado ser eficaces en diferentes pacientes afectados por un daño cerebral adquirido a lo largo del tiempo. Del mismo modo, en los últimos años también se han intentado implantar las nuevas tecnologías en este campo, demostrando su utilidad y su gran riqueza de aplicación.

Por todo lo anteriormente expuesto, se considera la rehabilitación neuropsicológica como una herramienta útil para la mejora de las funciones cognitivas básicas en los pacientes afectados por daño cerebral adquirido.