Dar la vida por amor: ¿el amor de pareja es incondicional?

24 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Marcelo Rodríguez Ceberio
Un grupo de investigadores del Laboratorio de Neurociencias y ciencias sociales (LINCS) dirigido por el Dr. Marcelo R. Ceberio evaluaron y compararon el amor de pareja con el de padres a hijos. Sus resultados nos hablan sobre la incondicionalidad del amor.

A pesar que este título evoca al amor romántico de pareja, cuando hablamos de amor incondicional en realidad nos referimos al amor de los padres hacia los hijos. 

Un estudio que hemos realizado desde el Laboratorio de Neurociencias y Ciencias Sociales (LINSC) de la Escuela sistémica Argentina y la Universidad de Flores evalúa y compara el amor de pareja con el de padres a hijos frente a un dilema: «si tu hijo se puede morir si no le trasplantan un corazón: ¿se lo donarías o no?».

A continuación, explicamos los resultados y reflexionamos sobre su relación con el amor incondicional.

El amor y los tipos de amor

El amor es la emoción que especifica el ejercicio de acciones que implican la aceptación del otro en nuestra vida. Las interacciones basadas en el amor enriquecen y hacen crecer la convivencia, mientras que las interacciones basadas en la agresión destruyen la convivencia porque niegan o descalifican al otro. 

Las definiciones de amor varían de acuerdo a la disciplina o modelo al que se adhieran, razón por la cual se encuentran teñidas del subjetivismo propio de los términos abstractos y más a los que aluden al territorio de sentimientos y emociones.

El amor es un fenómeno complejo y como tal se construye mediante diferentes relaciones y por ello es diferente en sí mismo en cada categoría de relación en la que se desarrolle. El amor de padres a hijos, entre hermanos, nietos y abuelos, entre amigos, de hijos a padres, entre cónyuges, etc. es cualitativamente diferente en cada vínculo. 

Hoja con forma de corazón

Somos seres amorosos

Si algo nos diferencia del resto de las especies es que somos animales amorosos. Por ejemplo, el amor social es el inherente a la especie humana. Es la emoción que mancomuna la interacción; el amor es un motor o motivador comunicacional.

Somos seres amorosos, hay numerosas pruebas que muestran actos de solidaridad, amor y generosidad entre niños pequeños y entre primates, principalmente en chimpancés y bonobós, como afirman los primatólogos. Esto termina de reafirmarse con el hallazgo de las neuronas espejo como génesis de la empatía.

Este amor social es el amor entre compañeros de trabajo, amigos, colegas. Compete a una estructura bio-cognitivo-emocional de la que se derivan multiplicidad de juegos relacionales de los que surgen, a su vez, sentimientos y se traducen en juegos como alianzas, coaliciones, rivalidades, celos, envidia, etc.

Tal vez, habría que diferenciar el amor social del amor familiar, ya que este tipo de amor entra dentro de lo social, pero interviene en él una variable de una importancia no menor: la biológica, es decir, la herencia y la genética; aunque también hay factores relacionales y cognitivos que se aúnan y que producen efectos identificatorios. 

Mientras que el amor conyugal es un amor asociado con los sentimientos. Es un amor complejo que evoluciona o involuciona en el vínculo y que se desenvuelve en el tiempo. En este sentido, el amor se diferencia de la pasión, que resulta más biológica, intempestiva y neuroquímica.

Tras la dificultad de encontrar una definición de amor conyugal y no caer en particularidades subjetivistas, tal vez pueda resultar más sencillo definir pautas de elecciones de pareja patológicas, relaciones fallidas y amores dolientes, en lugar de trazar definiciones sobre el amor saludable propiamente dicho. O sea, a veces, de cara a la falta de definición de un tema determinado, este logra ser explicado por su contrario.

El amor es un sentimiento que emerge poderoso del sistema límbico, que es el área del cerebro donde residen las emociones. El partenaire enamorado siente y convierte en acciones que tratan de ser consecuentes y coherentes con ese sentimiento.

Un ser humano traduce en gestos, movimientos, acciones, palabras o frases -orales y escritas- en la necesidad de hacerle saber al otro ese afecto profundo. Expresar el amor al otro encierra la secreta expectativa de reciprocidad amorosa y complementariedad relacional, que produce en el protagonista el saber que no está solo en el proyecto de la pareja (el amar sin ser amado es una de las causales más frecuentes de la desesperación).

Esta transmisión busca la seguridad. Una utópica seguridad, tanto que la búsqueda de reaseguramiento amoroso hace que se descuide el presente de amor en pos de reafirmar el futuro hipotecándolo. Y ese descuido, posee lamentables consecuencias cuando la mirada preocupada se centra en adelante y no en mientras y durante.

El amor parental

Un amor más emparentado con la emocionalidad y con los aspectos neurobiológicos refiere a la relación de padres hacia hijos: el amor parental. Es un amor que como todo amor no es sencillo de definir y, en general, se describe por las acciones que se realizan y que establecen un barómetro de la intensidad del amor.

El amor parental es un amor biológico, propio de la descendencia de la especie. Es el amor oxitocínico cuidador. Es el amor protector del apego, el amor natural que se desarrolla desde el nacimiento entre las madres y padres con el hijo.

No es lo mismo el amor relacional de los padres hacia los hijos que de los hijos hacia los padres. La profunda incondicionalidad amorosa se muestra desde la parentalidad. Son los padres quienes se ofrecen como protectores incondicionales de los hijos y no a la inversa. Este es el caso de las madres que protegen a hijos que han cometido actos aberrantes, delincuenciales o asesinatos, y que a pesar de todo se hallan al lado de ellos par y par.

Aunque es cierto que las funciones se invierten en la vejez de los padres, donde los hijos se parentalizan -son padres de sus padres-, aunque tampoco en el mismo amor.

Por supuesto, siempre existen excepciones a la regla que exceden etiquetas del manual de enfermedades mentales. Por ejemplo, observamos padres que abandonan, padres que niegan la relación con sus hijos y casos similares. 

¿El amor de pareja es incondicional?

Una creencia sostenida en los vínculos amorosos conyugales es la incondicionalidad amorosa con la consecuente jura de fidelidad. Esta creencia forma parte de la mitología relacional de la pareja.

Sin embargo, el amor de pareja resulta condicional, o sea, se encuentra sometido a multiplicidad de condicionamientos: contextuales, evolutivos, estéticos, económicos, sociales, relacionales, políticos, entre otros.

En cambio, el amor parental es el único sentimiento amoroso incondicional. Es el amor de la entrega sin inhibiciones, es el amor por el que se da la vida por los hijos. 

El amor incondicional se muestra desde la parentalidad.

Madre dando un beso a su hijo

Contigo nada de pan y cebolla: resultados de una investigación

Para confirmar la hipótesis de que el amor de pareja es un amor condicional y que la única incondicionalidad amorosa es el amor de los padres hacia los hijos, un equipo de investigadores de Argentina desarrolló una investigación en Buenos Aires que intentó diferenciar el amor paterno y materno-filial en comparación con el amor de pareja, investigando sobre casi 500 personas con parejas estables y con hijos. 

La prueba se realizó presentando al padre o la madre el siguiente dilema:

«Estás en la sala de espera de un quirófano en el que se encuentra tu hijo en cirugía, que en ese momento tiene 18 años. El médico cirujano sale del quirófano y te dice:

Si a tu hijo inmediatamente no le trasplantamos un corazón no va a sobrevivir, ¿le donas tu corazón: SÍ o NO?».

La segunda opción consistía en repetir la misma consigna, pero con un cambio:

Si a tu esposo/a no le trasplantamos un corazón, no va a sobrevivir, ¿le donas tu corazón: SÍ o NO?». «

En ambas opciones se exploraron emociones como angustia, ansiedad, tristeza, culpa, confusión e indecisión, desesperación, indiferencia o frialdad, miedo, enojo o bronca, cariño y amor, entre otras.

Vínculo parental

En lo referente al vínculo parental, se contabilizaron en su mayoría, más del 90% hijos biológicos, 2% hijos adoptados, 7% hijos de la pareja no propios y 1% guarda legal.

  • Con respecto a los resultados, casi el 93 % donarían el corazón, con porcentajes que no muestran disparidad de género en la muestra (92.2 % hombres, 92.8 % mujeres); lo que ratifica el supuesto acerca del amor incondicional y también desmitifica la creencia de que la maternidad es más altruista que la paternidad.
  • La investigación mostró que tanto padres como madres son los que dan su vida por los hijos.
  • La negativa del 7 % restante tuvo que ver con padres y madres de más de tres hijos, que de donar el corazón dejaban huérfanos al resto. Ahora bien, es importante aclarar que la mayoría sintió entregar su propia vida.
  • Los padres adoptivos y de guarda legal reaccionaron con la misma inmediatez que el resto de los padres biológicos.

Vínculo conyugal

En contraste, en los resultados ante el dilema que investiga el amor conyugal se observó lo siguiente:

  • Casi el 44 % sí donarían el corazón, contra un 56 % que no lo donarían. Los tiempos de reacción fueron más largos, puesto que es una decisión que se piensa y se calcula tomando en cuenta las opciones y las posibilidades, más allá del sentimiento.
  • Un detalle más entre los tantos que arrojó la investigación: los hombres que donaron el corazón a su pareja casi fueron un 70 %, mientras que el porcentaje de las mujeres alcanzó aproximadamente un 35, 2 %.
  • Así, son varias las hipótesis que se barajan al respecto y que pueden abrir las puertas de nuevas investigaciones. Una de las posibilidades es que las mujeres dan primacía a la maternidad sobre la conyugalidad (si donan el corazón a su pareja dejarían huérfanos de madre a sus hijos). También podríamos inferir que los hombres son más dependientes y aferrados a la conyugalidad que el género femenino.

Pareja mirándose en un banco

A nivel neurocientífico, la respuesta al dilema muestra una reacción más amigdalina inmediata (el órgano cerebral de la reacción emocional por excelencia) que no media el pensamiento, sin cálculo, ni razonamientos, por parte de los padres.

En cambio, la respuesta de los cónyuges es producto de la reflexión o del pensamiento y el análisis; es decir, una reacción frontalizada y cortical (el lóbulo frontal es un polo racional y de razonamiento lógico).

Así, esta investigación descubre y confirma la hipótesis inicial: el amor de pareja es condicional y está sometido a múltiples condicionamientos, es un amor que se reflexiona. Por lo tanto, hay que derrocar el dicho contigo pan y cebolla como signo de estar con el otro a toda costa.

En cambio, el amor materno y paterno filial es un amor casi biológico, muestra incondicionalidad en el vínculo y hace elogio a la frase: dar la vida por amor.