¿Debemos dar segundas oportunidades?

5 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
Cuando alguien del pasado reaparece pidiendo una segunda oportunidad, pude aparecer la duda de si dársela o no. Así, en este artículo señalamos algunos puntos que pueden ayudarte a tomar la decisión.

A lo largo de la vida, a cada uno de nosotros le ocurren ciertos acontecimientos que pueden dar un vuelco a nuestro círculo social. En ocasiones, incluso, puede que decidamos eliminar todo contacto con algunas personas que hasta ese momento han sido importantes. Con el paso del tiempo, es posible que estas reaparezcan tratando de restablecer el vínculo; es entonces cuando podemos preguntarnos si dar segundas oportunidades es una buena decisión.

Como en casi todo, la respuesta no es absoluta. Depende de las circunstancias, de las personas implicadas y, sobre todo, de los aprendizajes que cada uno haya realizado durante el tiempo de separación. A continuación te presentamos algunas claves que puedes aplicar si te encuentras en esta situación.

Chico mirando por la ventana

¿Las personas cambian?

Lo primero que solemos preguntarnos cuando sopesamos si dar o no una segunda oportunidad es si esa persona habrá cambiado. Nadie desea volver a implicarse en una situación que le produjo dolor o frustración, volver al mismo estado del que costó tanto salir.

La respuesta es sí: las personas cambian. Pero lo hacen cuando ellas lo deciden o las circunstancias les obligan, no necesariamente cuando nosotros lo necesitamos.

Todos crecemos, evolucionamos y adquirimos una conciencia mayor de las consecuencias de nuestro comportamiento. Todos, en algún momento, podemos optar por el cambio. Pero esto ocurre en el momento en que cada uno está listo para enfrentarse a sus propias sombras. 

Cambiar es posible, pero no es una tarea sencilla y requiere de cierta motivación y tolerancia a la incertidumbre. Por ello, el cambio ha de surgir del interior, de un proceso introspectivo personal. Pocas veces un cambio real vendrá motivado únicamente desde el exterior.

Por tanto, has de ser cuidadoso cuando alguien irrumpa de nuevo en tu vida asegurando haber cambiado por ti. Especialmente si esto sucede tras un corto periodo de tiempo. Probablemente, tal transformación no haya tenido lugar y la persona únicamente esté intentando decirte lo que deseas escuchar. Bajo estas premisas es muy posible que, si retomas el contacto, las situaciones y los conflictos se reproduzcan.

Aclara objetivos y límites antes de dar segundas oportunidades

Antes de optar por dar segundas oportunidades es recomendable dejar un tiempo para reflexionar acerca de lo que podemos aprender de esa relación. ¿Por qué no funcionó? ¿Qué me ha enseñado sobre mí y sobre lo que deseo en mis vínculos personales? ¿Qué cosas no estoy dispuesto a volver a aceptar en mi vida?

Tanto si se trata de una amistad como de una pareja o un familiar he de saber en qué términos deseo que den las cosas. A continuación, es imprescindible tener una conversación asertiva con esa persona y dejarle claro lo que esperas recibir y lo que está dispuesto a dar. Esto ofrece la oportunidad al otro de explicarte su punto de vista y sus intenciones, y de aceptar o no las condiciones.

No temas mantenerte firme en tus convicciones. No temas cerrar la puerta definitivamente a esa persona si trata de sobrepasar tus límites personales. Recuerda que tu única responsabilidad es contigo mismo. Además, si el otro verdaderamente ha tomado conciencia de los errores y se ha transformado, comprenderá y compartirá tus objetivos.

Pareja sentada hablando

Toma una decisión

Puede que, tras una conversación sincera, llegues a la conclusión de que no deseas retomar el contacto con esa persona o que deseas retomarlo en otras condiciones a las que te plantea. Bien porque has comprobado que no ha habido cambio alguno, bien porque simplemente te has dado cuenta de que ya no tenéis nada que aportaros mutuamente.

En este caso, mantente fiel a ti mismo y a tu decisión. Dar por finalizada una relación o una amistad que ha podido ser fuente de muchos recuerdos bonitos puede no ser una decisión sencilla. Sin embargo, sí puede ser necesaria. En este caso, no dejes que la otra persona te manipule con la culpa o la compasión. Por otro lado, en este contexto, es posible ser firme sin herir a nadie, proteger tus intereses sin ser injusto o egoísta. Hablamos de ser asertivos.

Jung, C. G., Campbell, J., Wilber, K., von Franz, M. L., Bly, R., Dossey, L., ... & Nichols, S. (1991). Encuentro con la sombra. El poder del lado oculto de la naturaleza humana. Barcelona: Kairos. Mayer-Spiess, O. C. (1996). La asertividad: expresión de una sana autoestima. Desclée de Brouwer.