Decrecimiento, ¿una posible solución para el mundo actual?

Edith Sánchez · 7 diciembre, 2018
En la teoría del decrecimiento lo que se propone es disminuir el ritmo frenético del capitalismo actual, proponiendo en cambio un sistema de producción que sea más respetuoso con el medio ambiente y con la felicidad colectiva.

La teoría del decrecimiento fue formulada por Georgescu-Roegen, un brillante matemático y economista de origen rumano. El postulado básico de este enfoque es reducir progresivamente la producción para mejorar el equilibrio entre el ser humano y la naturaleza. A su vez, esto contribuiría a hacer más sostenible la dinámica social, que actuaría de control para la forma de actuar de cada individuo.

El crecimiento es quizás el objetivo central en todas las economías del mundo actual. Este es uno de los grandes mantras del capitalismo. Se supone que la idea es una producción en crecimiento secundada por un consumo también en crecimiento. Más para más. Sin embargo, este esquema ha dado lugar a fenómenos indeseables. El primero de ellos, un ataque sistemático a la naturaleza y a sus procesos. El segundo, una notable disminución de la calidad de vida, tanto humana como no humana.

Según la teoría del decrecimiento, los seres humanos deberíamos trabajar menos y tener más tiempo libre. Esta sería la base de un nuevo modelo en el que la producción se regule, de tal modo que permita satisfacer las necesidades de las sociedades, sin depredar el medio ambiente ni convertir al ser humano en un autómata.

La consigna del decrecimiento tiene como meta, sobre todo, insistir fuertemente en abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento”.

-Serge Latouche-

Decrecimiento del consumo

En la actualidad, casi todas las personas dedican la mayor parte de su tiempo al trabajo. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, este trabajo muchas veces no tiene como finalidad principal la satisfacción de las necesidades básicas. Paulatinamente el ser humano ha desarrollado nuevas necesidades, todas ellas asociadas al consumo.

Lo que muchas personas buscan con el trabajo es aumentar su capacidad de consumo. Tener más para comprar más, sin importar si lo que se compra es relevante o no. Hace unas cuantas décadas apenas se necesitaba más que un jabón para bañarnos, ahora se necesitan cinco tipos de jabones o más: el de las manos (con crema humectante), el del cuerpo para la ducha, el del cabello, el jabón íntimo, el acondicionador, etc.

La capacidad de consumo ha crecido notablemente en muchas sociedades. Sin embargo, esto no significa que las personas sean más felices o se sientan más realizadas. En un estudio llevado a cabo en Canadá, se le preguntó a un grupo de voluntarios si creían que eran más felices que sus padres. Solo el 44% respondió que sí, pese a que la capacidad de consumo había aumentado en un 60%.

Mujer trabajando en una cafetería

Las bases del decrecimiento

El mundo ha llegado a un punto en el que el desequilibrio entre producción y naturaleza se ha vuelto peligroso. Existen dudas sobre la disponibilidad de algunos recursos para las nuevas generaciones. Algo no se está haciendo bien y la teoría del decrecimiento plantea que la deficiencia está en la producción sin control. La teoría del decrecimiento plantea ocho medidas u ocho soluciones para el mundo actual:

  • Revaluar. Este propósito tiene que ver con la necesidad de cambiar los valores individualistas y consumistas, por otros en los que prime la cooperación y el sentido humanista de la vida.
  • Reconceptualizar. Tiene que ver con volver a definir los conceptos de aquello que es pobreza riqueza. Lo que es necesidad y consumo. Adoptar una perspectiva diferente frente a la escasez y la abundancia.
  • Reestructurar. Supone la adaptación del aparato de producción a objetivos tales como la protección del medio ambiente y la felicidad humana. Por ejemplo, optar por la ecoeficiencia y la simplicidad.
  • Relocalizar. Se trata de recuperar el anclaje regional. Es una propuesta en contra de la producción multinacional. Cada territorio podría encontrar la manera de producir los bienes que requiere.
  • Redistribuir. Significa adoptar una óptica cooperativa, en la que los bienes básicos lleguen a todos. Esto supone reducir la capacidad de adquisición de los grandes consumidores mundiales y evitar el consumo ostentoso.
  • Reducir. Es el decrecimiento aplicado a la producción y al consumo. Por ende, a las horas de trabajo. Implica disminuir también el consumo de medicamentos y el turismo de masas que depreda.
  • Reutilizar. Tiene que ver con alargar el tiempo de vida útil de los diferentes productos. Eliminar la cultura de lo desechable.
  • Reciclar. Significa dar un tratamiento adecuado a los desechos. Evitar los compuestos que no se puedan reciclar y hacernos cargo de las basuras que producimos.

Es claro que el sistema económico actual no está generando felicidad, sino neurosis, alienación y desigualdad. En el mundo comienzan a abrirse paso nuevos paradigmas, como la teoría del decrecimiento, que proponen un norte más amable y humano.

Hombre feliz en el trabajo

  • Latouche, S. (2010). El decrecimiento como solución a la crisis. Mundo siglo XXI, (21), 48-53.