Querido yo, dejemos de luchar por alguien que no nos quiere

Valeria Sabater · 2 septiembre, 2016

Querido “yo”, dejemos de luchar por alguien que no nos quiere. Avancemos para no lastimarnos más por un amor con demasiadas contraindicaciones. Pongamos la dignidad en el corazón y arranquemos de raíz esta dictadura afectiva para decir con valentía “te dejo porque me quiero”.

Sabemos que no es fácil. Somos conscientes de que en nuestro cerebro no hay un botón de reinicio, una salida de emergencia ni una ventana que abrir para que la brisa fresca oxigene la cárcel de nuestras penas. El cerebro es obstinado, metódico y persistente. Es una entidad que lucha y se aferra por mantener los recuerdos emocionales porque son ellos, al fin y al cabo, los que dan esa gran impronta a nuestra identidad.

“Que no hay, para olvidar un amor, mejor remedio que otro amor o tierra por en medio”

-Lope de Vega-

Dicen que amar sin ser amado es como intentar encender una vela con una cerilla ya apagada. Y la verdad es no sabemos muy bien por qué lo hacemos, por qué nos empeñamos en hacer un culto por alguien que no nos quiere. Persistimos y resistimos en esos sesgos cognitivos del “si le digo esto puede que”, “si cambio esto es posible que” como si fuéramos a lograr algo con ello.

Sin embargo, el amor no es una máquina expendedora. No basta con poner una moneda y oprimir un botón para obtener aquello que tanto esperamos. A veces, no hay más remedio que dar el paso: matar las falsas esperanzas y dejar de morir en vida por quien camina por otros rumbos y otras compañías.

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La sombra de quien no te quiere se niega a desaparecer de tu cerebro

Nos preguntábamos hace un momento por qué esto es así: por qué es tan complejo pasar página y actuar con más entereza cuando somos conscientes de que no nos aman. La respuesta de ello está, como no podía ser de otro modo, en ese intrincado y siempre fascinante mundo neurológico. Para comprenderlo mejor, pongamos un ejemplo.

Llevamos unos días donde tenemos la plena sensación de que vamos bien. Estamos superando esa ruptura. No obstante, en una tarde cualquiera, nos cruzamos con alguien que lleva el mismo perfume que nuestra expareja. Casi sin saber cómo, el sufrimiento nos aborda de nuevo hasta inmovilizarnos, hasta llevarnos de nuevo a la deriva de las lágrimas.

Antoine Bechara es un conocido neurobiólogo de la Universidad de California que ha definido lo que se conoce como “conflicto cerebral”. Cuando una persona es rechazada, el cerebro sigue vinculado a determinados estímulos, imágenes y recuerdos. La red neuronal encargada de ejecutar esta íntima pero poderosa relación está ubicada en dos áreas muy concretas: entre el hipocampo y la amígdala.

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No podemos olvidar que estas estructuras rigen y orquestan toda esa memoria relacionada íntimamente con las emociones. De este modo, cada experiencia vivida con esa persona especial se ha grabado a fuego y a su vez, se ancla a determinados estímulos que actúan como disparadores o evocadores del recuerdo.

De ahí, que al oler un perfume, al ver un determinado tipo de ropa, una fotografía o pasar por ese restaurante donde cenábamos el fin de semana, hace que nuestros neurotransmisores se activen hasta el punto de convertirnos en auténticos adictos a ese amor imposible.

No es tan fácil romper dicho vínculo ni apaciguar ese conflicto cerebral.

Querido yo, abre tus ojos y sana tu corazón

La anatomía del rechazo y el abandono es descarnada, profunda y compleja. Sabemos ya  que nuestra reticencia a pasar página no siempre es voluntaria, que nuestro cerebro alimenta también en su círculo vicioso y bioquímico esta condena.

“He aprendido que no puedo exigir el amor de nadie. Yo solo puedo dar buenas razones para ser querido… Y tener paciencia para que la vida haga el resto”

-William Shakespeare-

Ahora bien, los neurólogos nos explican a su vez que el “factor tiempo” termina por reducir la actividad de estos recuerdos vinculados. Las conexiones cerebrales que propician dichas emociones negativas van perdiendo fuerza poco a poco, hasta convertirse en el eco de una triste y lejana melodía que terminaremos evocando con menos sufrimiento.

El paso de los meses nos permitirá avanzar pues con mayor calma, siempre y cuando, eso sí, apliquemos adecuadas estrategias psicológicas con las que dejar de alimentar el culto a quien no nos quiere. A continuación, te explicamos qué estrategias podrían ayudarte.

chica tapándole cara su pareja

Claves para superar el rechazo afectivo

“Querido yo, si no te quieren, recuerda quererte a ti mismo por encima de todas las cosas”. Esta sería sin duda la principal premisa que deberíamos integrar en nuestro interior. Sin embargo, queda claro que a las personas no nos han enseñado a renunciar ni a perder, de ahí, que nos cueste tanto romper con todo tipo de vínculos.

  • Entiende que amar no es sacrificar. Así que de nada vale el “si dejo esto es posible que me quiera”, o “si me cambio esto y lo otro seguro que le gusto más”. No lo hagas, no inicies suicidios emocionales, no te humilles, no pongas gasolina en lo único que te confiere fortaleza: tu autoestima.
  • Si te hace daño, no te quiere. Así de simple. Si eres ese ser invisible en su tiovivo de infidelidades, egoísmos y malas palabras: aléjate. ¿Para qué ser la víctima de esa cámara de torturas emocional en la que tú mismo te has hecho prisionero/a? Escapa, al final te darás cuenta que la libertad es el mejor bálsamo y la soledad, un grato refugio.
  • En los amores imposibles lo primero que debes perder es la esperanza. Hay relaciones que nacen con fecha de caducidad y si eres plenamente consciente de que nada de lo que deseas va a poder ser, vete por la puerta de entrada. Con dignidad, con la cabeza alta y el corazón entero.

Querer a quien no nos quiere es sumamente doloroso, pero aún lo es más dejar de amarnos a nosotros mismos por alguien que ni siquiera nos merece. Actúa con entereza y sabiduría sabiendo siempre que solo debemos amar lo que es digno de ser amado.