Del cinismo como postura crítica, al cinismo como actitud insoportable

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 9 abril, 2017
Edith Sánchez · 9 abril, 2017

Diógenes de Sinope fue el padre del cinismo. Vivió en la Grecia Antigua, durante el siglo IV antes de nuestra era. Los antiguos seguidores de esta doctrina eran muy diferentes a los cínicos actuales. Lo suyo era crítica pura: no estaban de acuerdo con muchas de las hipocresías de la sociedad y querían vivir de una forma mucho más auténtica.

La palabra “cínico” viene de la raíz griega “kinus”, que significa “perro”. El cinismo, entonces, era una doctrina asociada a “lo perruno”. Diógenes vivía en la más absoluta pobreza, como un perro. A la vez, lanzaba dentelladas filosóficas que lo hacían uno de los pensadores más mordaces de la época. De ahí que se haya asociado lo uno y lo otro.

El cinismo funciona como una droga para distanciarse, un analgésico para no sentir el peligro de existir, hasta que te envenena. Al principio, no cabe duda, te alivió: pudiste burlarte de tus temores. Pero al final te ha intoxicado”.

-Marcela Serrano-

Actualmente, en cambio el cinismo ha adoptado un significado muy diferente. Los cínicos del mundo moderno son aquellos que no creen en ningún valor y se ufanan de ello. No critican la sociedad para proponer una nueva forma de mirarla, sino simplemente para denunciarla. Al final, no hacen algo al respecto. También se llaman cínicos a aquellos que abiertamente se aprovechan de otros e incluso se enorgullecen de ello.

Diógenes de Sinope y el cinismo primitivo

A Diógenes se le atribuyen maravillosos episodios, llenos de grandeza ética. Ni siquiera tenía una casa, sino que vivía en un barril. Lo confundían con un mendigo, porque vestía de harapos. Aún así, fue uno de los hombres más lúcidos de su tiempo. Platón lo llamó: “Un Sócrates delirante”.

Se cuenta que Alejandro Magno estaba interesado en conocer a este filósofo. Llegó hasta donde él y le dijo: “Yo soy Alejandro, el magno”. Y el cínico respondió: “Y yo soy Diógenes, el perro”. Después de una corta conversación, Alejandro le dijo “Pídeme lo que quieras”. Diógenes dijo lo siguiente: “Quítate de donde estás, que me tapas el Sol”.

Según otra anécdota, un día estaba Diógenes en la plaza, comiendo verduras que otros habían tirado a la basura. Pasó delante de él otro filósofo y le dijo: “Si trabajaras para los nobles como yo, no tendrías que comer verduras”. Diógenes contestó: “Si comieras verduras como yo, no tendrías que trabajar para los nobles”. Esos episodios nos dan una medida de lo que fue tal pensador.

El cinismo moderno

El poder y el dinero siempre han sido fuente de corrupción, en todas las épocas y en todos los lugares. Sin embargo, con la aparición del capitalismo y, muy especialmente, con la caída de las grandes utopías, esto ha adquirido su máxima potencia. Dinero y poder han motivado los comportamientos más execrables de los seres humanos.

Hombre máquina con ranura

Podríamos decir que el padre del cinismo moderno es Maquiavelo, el gran filósofo del poder. Se le atribuye la famosa frase “El fin justifica los medios”. Con este pensador se inicia una seguidilla de filósofos que exaltan al máximo el individualismo. Según ellos, lo propio de los seres humanos es el egoísmo a ultranza. Puede ser válida cualquier actuación que brinde beneficios individuales.

En general, los hombres con gran poder político o económico han actuado con gran cinismo, en la acepción moderna, a lo largo de toda la historia. Al ser figuras que guían o dirigen a las sociedades, se han convertido en modelo para muchos. Buena parte de la gente lo ve eficaz. Mucho más después de la caída de las grandes ideologías y utopías. Venció el poder del dinero y por eso que el fin justifique los medios se ha convertido en una máxima válida.

El cinismo en las relaciones interpersonales

Desde las altas esferas del poder, el cinismo se ha expandido y ha infiltrado las relaciones cotidianas. Se ve con especial claridad en esos vínculos en los que también se juega alguna suerte de poder. De los empleadores a los empleados, por ejemplo. O de los hombres a las mujeres también. O de los adultos hacia los niños.

Mientras avanza una fuerte corriente que va en contra de todo ello, el cinismo sigue teniendo un lugar importante en el mundo actual. Y se expresa a veces de manera sutil. Cuando el empleador, o el hombre, o el adulto imponen un criterio o una norma arbitraria. Y si el empleado, o la mujer o el niño lo resisten, entonces le contestan: “si no te gusta, puedes irte”.

Los comportamientos cínicos son perversos. Introducirlos en las relaciones humanas hace que estas se vuelvan insanas. A corto, mediano o largo plazo, también tiene consecuencias negativas para quien cae en este tipo de conductas. Falsean los afectos, promueven las transgresiones soterradas, estimulan la hipocresía. Aunque brinden una satisfacción egoísta inmediata, lo que se pierde es mucho más importante.

Imágenes cortesía de Kylli Sparre