El mito de la caverna de Platón: la dualidad de nuestra realidad

El mito de la caverna de Platón: la dualidad de nuestra realidad
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Última actualización: 29 noviembre, 2021

El mito de la caverna de Platón nos permitió entender de qué manera este filósofo percibía el mundo. Una relación entre lo físico y el mundo de la ideas que dan lugar a una realidad llena de luces y de sombras. Platón (428 a. de C.-347 a. de C.) usa esta figura alegórica para explicar la difícil tarea del filósofo de intentar guiar a las personas hacia el conocimiento verdadero pues, de acuerdo con él,  la gente puede llegar a sentirse cómoda en su ignorancia y a rechazar cualquier posible mirada empancipadora.

Podemos encontrar este texto en el libro VII de La República y se nos presenta a través de un diálogo en el cual Sócrates, maestro de Platón, conversa con uno de sus discípulos sobre la importancia del conocimiento y la educación en la forma en la que cada uno de nosotros percibe la realidad. Por una parte, tenemos la realidad tal cual es. Por otra, nos encontramos con una realidad ficcionada donde nuestras creencias e ilusiones toman protagonismo. Pero, antes de sumergirnos más en todo esto, ¿qué narra el mito de la caverna?

En el mito se nos presenta a unos hombres encadenados en lo más profundo de una caverna donde solo pueden ver una pared. Nunca, desde que nacieron, han podido salir y tampoco han podido mirar hacia atrás para saber el origen de las cadenas que les atan.

Sin embargo, a sus espaldas hay un muro y un poco más lejos una hoguera. Entre el muro y la hoguera hay hombres que portan objetos. Gracias a la hoguera, las sombras de los objetos son proyectadas sobre la pared y los hombres encadenados pueden verlas.

Veía imágenes que eran mentiras y falsas realidades. Pero, ¿cómo podría considerarlo yo tal cosa? Si desde pequeño me es lo único que he visto que sea real.

Mito de la caverna: una realidad ficcionada

Los hombres solo habían visto lo mismo desde que nacieron, por lo que no tenían la necesidad, ni la curiosidad de darse la vuelta y comprobar qué era lo que reflejaban esas sombras. Pero esta era una realidad engañosa, artificial. Esas sombras los distraían de lo que era la verdad.

Sin embargo, uno de ellos se atrevió a girarse y ver más allá. En un principio se sintió confuso y todo le molestaba, sobre todo esa luz que veía al fondo (la hoguera).

Entonces empezó a desconfiar. ¿Había creído que las sombras eran lo único existente cuando no era así? Cada vez que avanzaba, sus dudas le tentaban con la posibilidad de regresar a sus sombras.

No obstante, con paciencia y esfuerzo siguió adelante. Acostumbrándose, poco a poco, a lo que ahora le resultaba tan desconocido. Sin dejarse vencer por la confusión ni entregarse a los caprichos del miedo, salió de la caverna.

Eso sí, cuando corrió hacia atrás para contárselo a sus compañeros, estos le recibieron con burlas e, incluso, violencia. Un menosprecio que reflejaba la incredulidad que sentían aquellos habitantes de la caverna por lo que el aventurero les contaba.

Interpretación del Mito de la Caverna

La Alegoría de la caverna tiene distintos planos de análisis en razón al punto de la historia en el que decidamos enfocarnos. Así, por un lado, el mito se refiere a la naturaleza humana y a nuestras propias limitaciones corporales para alcanzar la plenitud del conocimiento.  El paso de la ignorancia al mundo de las ideas es posible solo si nos liberamos de nuestras ataduras perceptuales y buscamos el conocimiento a partir de la reflexión intelectual.

Por otra parte, si tomamos al sol como una metáfora del bien y del verdadero conocimiento y al preso liberado como representación de la figura del filósofo, podríamos ver en el mito la postura  de Platón en cuanto a la importancia de la filosofía para guiar a las personas hacia el conocimiento y del lugar del filósofo como aquel que ha alcanzado un estadio superior y estaría en condición de mostrar a otros la verdad.

Finalmente, podemos hacer una interpretación desde el plano pedagógico, en cuanto el mito muestra cómo no solo es necesaria la presencia de un maestro que nos guíe sino, sobre todo, una férrea voluntad para buscar el conocimiento y un deseo individual de salir de la ignorancia.

El mito de la caverna hoy en día

Es curioso como esta visión que nos ofrece el mito de la caverna puede trasladarse a la actualidad. Ese patrón que todos seguimos y por el que, si nos salimos de lo dictado, empiezan a juzgarnos y a criticarnos.

Piensa que a muchas de nuestras verdades absolutas las hemos hecho nuestras sin pararnos a cuestionarlas, sin plantearnos si de verdad el mundo está muy cerca o muy lejos de ser así.

Por ejemplo, pensar que el error es un fracaso puede influir en que abandonemos cualquier proyecto al primer contratiempo. Sin embargo, si no nos dejamos llevar por esta idea, cultivaremos nuestra curiosidad y el error dejará de ser un demonio cargado completamente de negatividad. Así, el cambio de perspectiva no solo conseguirá que dejemos de temerlo, sino que cuando lo cometamos estaremos en disposición de aprender de él.

Salir de la caverna es un proceso difícil

El hombre que en el mito de la caverna decide liberarse de las cadenas que lo aprisionan toma una decisión muy difícil. Pero en el mito, esa decisión, lejos de ser apreciada por sus compañeros, es valorada como un acto de rebeldía. Algo que no está muy bien visto, que podría haberle instado a abandonar su intento.

Hombre saliendo de un túnel representando el mito de la caverna

 

Cuando se decide, emprende en solitario el camino, superando ese muro, ascendiendo hacia esa hoguera que tanta desconfianza le provoca y que lo deslumbra. En el proceso las dudas le asolan, ya no sabe qué es real y qué no. Tiene que desprenderse de creencias que llevan mucho tiempo con él. Ideas que no solo están arraigadas, sino que, a su vez, suponen la base del resto del árbol de sus creencias.

Pero, a medida que avanza hacia la salida de la caverna, se va dando cuenta de que lo que creía no era del todo cierto. Ahora… ¿qué le queda? Convencer a los que se burlan de él de la libertad a la que pueden aspirar si se deciden a romper con la comodidad aparente en la que viven.

El mito de la caverna nos presenta a la ignorancia como esa realidad que se vuelve incómoda cuando empezamos a ser conscientes de su presencia. Ante la más mínima posibilidad de que haya otra posible visión del mundo, la historia nos dice que nuestra inercia nos empuja a derribarla por considerarla una amenaza para el orden establecido.

Las sombras ya no se proyectan, la luz ha dejado de ser artificial y el aire roza ya mi rostro.

Suavizar las sombras

Por nuestra condición humana quizá no podamos prescindir de ese mundo de las sombras, pero sí podemos hacer un esfuerzo porque esas sombras cada vez sean más nítidas. Quizás el mundo perfecto e icónico de las ideas sea una utopía para nuestra naturaleza, sin embargo eso no quiere decir que renunciar a nuestra curiosidad sea mejor que rendirnos a la comodidad de quedarnos instalados en lo que hoy sabemos (o pensamos que sabemos).

A medida que crecemos, las dudas, las incoherencias, las preguntas nos ayudan a quitarnos esas vendas de los ojos que, en ocasiones, nos hacían la vida mucho más difícil de lo que en realidad es.

La Alegoría de la caverna en la literatura y en el cine

El tema del mito de la caverna ha dado para innumerables reflexiones desde distintas aproximaciones artísticas siendo las siguientes algunas de las más representativas en la literatura y el cine:

  • La caverna (José Saramago): en esta novela publicada en el año 2000, el premio Nobel portugués José Saramago nos invita a hacer una reflexión contemporánea sobre el mito de caverna y a preguntarnos sobre aquellas cosas que nos atan y nos impiden ver la realidad tal cual es.
  • Un mundo feliz (Aldous Huxley): publicada en 1932, este relato distópico nos lleva a pensar sobre las distintas formas de esclavitud que disfrazamos con discursos de felicidad y progreso y cómo nos resistimos a aquellos que intenten mostrarnos la verdad.
  • The Truman Show: En esta película del año 1998 y dirigida por Peter Weir se nos plantea, sin metáforas, lo que implica vivir en una realidad ficticia y las consecuencias que nos trae buscar el verdadero conocimiento.
  • Abre los ojos: Del director Alejando Amenabar, esta película española del año 1997 se desarrolla alrededor del sufrimiento que trae consigo el conocimiento de la verdad y nos muestra cómo solo a través de la cruda aceptación de la realidad tal cual es nos será posible acceder a la liberación.
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