Ignorantes somos todos, pero no todos ignoramos lo mismo - La Mente es Maravillosa

Ignorantes somos todos, pero no todos ignoramos lo mismo

Alicia Escaño Hidalgo 5 octubre, 2015 en Psicología 5585 compartidos
Hombre abriendo puertas

Existe una creencia irracional muy arraigada en nuestra cultura que dice algo así: “Debo ser competente y demostrar inteligencia y sabiduría en todos los aspectos”, es decir, algo así como que debemos ser infalibles, al menos ante los ojos de los demás, sin permitirnos errar.

Las personas que comulgan con demasiados deberías sienten un miedo intenso a parecer inferiores, ignorantes o poco inteligentes, ya que piensan que si los demás perciben que ellos no dan la talla en algún área del conocimiento, en alguna habilidad o destreza, van a ser rechazados. Y esto les parece algo intolerable que les genera muchísima ansiedad.

Si meditamos acerca de esto, nos daremos cuenta rápidamente de que se trata de un miedo muy absurdo y contraproducente. Es cierto que demostrar ciertas cualidades, cierta cultura o sabiduría es gratificante. Cuando los demás nos admiran, nos halagan o felicitan por algún conocimiento o algo que hemos hecho bien, nos sentimos genial con nosotros mismos, orgullosos.

Pero una cosa es que sea agradable y otra muy diferente es que mi autoestima o cómo nos sintamos y valoremos dependa de si somos o no somos inteligentes, cultos o habilidosos. De eso no debe depender nuestra autoestima o el valor que tenemos sobre nosotros mismos.

Mujer trise mirando el horizonte

¿De qué no debe depender nuestra autoestima?

La autoestima nunca debe depender de valores superficiales, esto es, ni del físico, ni de la inteligencia, ni de los éxitos o logros, ni de la aceptación de los demás. Ya que estos valores son muy fáciles de perder en algún momento y por lo tanto, si los pierdes, tu autoestima caerá en picado con ellos: te harás una persona demasiado vulnerable.

Siempre habrá alguien más guapo que tú, más inteligente, listo o culto que tú, más exitoso que tú… Por lo tanto, si haces depender tu propio valor y tu propia estima de los demás, serás alguien muy débil a nivel emocional. El malestar y la no aceptación de uno mismo abarcará tu vida.

¿De dónde procede esta creencia?

Por desgracia, desde pequeños se nos ha enseñado que tenemos que “estudiar mucho para llegar”, “ser alguien en la vida”, “ser el mejor” porque si no lo hacíamos…¡qué miedo! ¡podrían pasar muchas cosas malas! Como por ejemplo: no estar a la altura en una conversación, no tener un trabajo digno, no ser personas exitosas… ¿Qué van a pensar los demás?¡Estaríamos condenados a una vida mediocre! ¡Qué desgracia!

Imagínate como se siente un niño al que se le insuflan todas estas ideas. Crecerá angustiado por ser el número uno y demostrar constantemente que él es bueno. Optará por competir con los demás para “llegar”, en lugar de competir consigo mismo para retarse y divertirse. El niño crecerá siendo una persona ansiosa que percibirá como amenazante el hecho de que no se le reconozca su valía…Qué agobio, ¿verdad?

Desmontando la creencia de no parecer un ignorante

Para desmontar una creencia aprendida, tenemos que darnos argumentos a nosotros mismos que nos convenzan de que lo que estamos pensando es totalmente irracional, irreal, absurdo y por lo tanto, se hace necesario que lo rechacemos y reemplacemos por creencias más sanas. Algunos argumentos que puedes emplear son:

  • La inteligencia no es un valor importante: tal y como hemos dicho antes, ser o no ignorante, inteligente o culto no tiene demasiada importancia. Es soportable, puedes vivir perfectamente siendo poco inteligente y eso no te resta para nada valor como persona. El verdadero valor que importa es el amor. El amor por la vida, por uno mismo, por los demás.
  • Todos somos ignorantes en algo: como hemos dicho en el título, todos somos ignorantes en algo aunque no todos ignoramos lo mismo y esto es una verdad como un templo. Un médico puede saber muchísimo de medicina pero no tener ni idea de informática. El electricista tiene unos grandes conocimientos de electricidad, pero es bastante malo haciendo fotografías…

Mujer triste apoyando la cabeza en la mano

Y es que nos hemos empeñado en ser perfectos, en saber, saber y saber hasta alcanzar una meta imaginaria que no existe, solo está en nuestra cabeza.  Aceptemos lo real: todos somos ignorantes en infinidad de cosas y el resultado de esto es que no pasa absolutamente nada, el mundo sigue girando.

  • Nuestras relaciones con los demás mejoran: Creemos que demostrando ser exitosos, inteligentes o sabios ganaremos el aprecio de los demás y es cierto que puede que ocurra, sobre todo cuando ese aprecio procede de personas vacías que tienen esa pobre escala de valores.

Pero por suerte, hay muchas personas muy bien amuebladas en el mundo que lo que aprecian de verdad es a la gente auténtica, que se muestra tal y como es, a la gente que reconoce que no es bueno en todo ni perfecto, pero que está dispuesto a divertirse aprendiendo. Estas son las personas realmente heróicas.

Evidentemente, si vamos por la vida con esta mentalidad, nuestras relaciones con los demás se verán muy beneficiadas: no entraremos en debates o discusiones tontas por alcanzar la verdad o por tener la razón, simplemente disfrutaremos y aprenderemos algo, ya que todos tenemos algo que aprender.

  • Exponte a parecer ignorante y verás que no pasa nada malo: ¿No te atreves a levantar la mano en clase por miedo a parecer ignorante? ¿No te das cuenta de que si no lo haces, entonces sí que serás ignorante? Los efectos paradójicos son tan típicos en psicología: por miedo a parecer tonto, al final acabo siendo tonto.

Debemos de ignorar a ese miedo que nos alerta de que algo malo sucederá si no sabemos responder a una pregunta o fallamos: no va a pasar nada, seguirás vivo a pesar de ello, por lo tanto atrévete a llevar a cabo todas esas acciones que te dan vergüenza o miedo: pregunta, levanta la mano en clase, responde y ve aprendiendo lo que no sepas.

Alicia Escaño Hidalgo

La psicología me enseñó que ser feliz es una decisión.

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