Deporte: ¿cuándo puede convertirse en un problema?

¿Te sientes muy mal cuando no puedes realizar tu rutina de ejercicios? ¿Estar en forma se ha convertido en una obsesión? En este artículo hablaremos de cuándo y cómo el cuidado del cuerpo pasa a ser un problema.
Deporte: ¿cuándo puede convertirse en un problema?
Brigida Higueras Madsen

Escrito y verificado por la psicóloga Brigida Higueras Madsen.

Última actualización: 21 junio, 2022

En la actualidad, somos más conscientes de la importancia de llevar un estilo de vida saludable, así como de las consecuencias de no hacerlo. Sin duda, ahora nos cuidamos más que hace treinta o cuarenta años, pues sabemos que esto implica no solo vivir más, sino también vivir mejor.

Los cambios en el estilo de vida nos han hecho a su vez más conscientes de la necesidad de reconectar con el bienestar. Sabemos que practicar algún deporte para estar en forma es recomendable para mantener la salud física y mental.

Cuidamos nuestro cuerpo y nuestra alimentación de forma inédita. De hecho, no solo sabemos más sobre nutrición y ciencias del deporte, sino que además podemos aumentar este conocimiento con un montón de fuentes que tenemos a nuestro alcance. La contrapartida es que somos una sociedad que le da mucha importancia al aspecto físico.

Hombre corriendo
Hacer deporte es beneficioso para la salud, pero practicarlo en exceso puede tener graves consecuencias.

Cuando estar en forma se vuelve un problema

Para muchas personas, la actividad física llega a convertirse en una obsesión, sintiendo la necesidad de practicar ejercicio con elevada frecuencia e intensidad de manera casi compulsiva para evitar los sentimientos de culpa por no hacerlo. Es difícil concretar si este malestar se trata de una obsesión o de una adicción, ya que es un área de investigación reciente y a menudo se intercambian los términos.

De cualquier manera, le pongamos la etiqueta de dependencia, obsesión o de adicción al deporte, puede llevar tiempo asumirlo como un problema. La paradoja reside en que al ser una actividad saludable en sí misma, con múltiples beneficios más que demostrados, es complicado verlo como un problema. Tu entorno es probable que sea el primero en darse cuenta.

¿Cómo reconocer si se ha convertido en una adicción?

Recuerda que es tan importante la salud física como la salud mental.

La adicción al ejercicio físico comparte rasgos con diversos trastornos mentales y conductuales, como el predominio sobre otras actividades, las alteraciones emocionales, la tolerancia y los síntomas de abstinencia, por lo que conviene prestar atención a las siguientes señales de alerta:

  • Sientes la necesidad de entrenar prácticamente a diario y empiezas a vivirlo como una necesidad.
  • Si un día no has podido cumplir con tu rutina de ejercicios, tratas de hacerla al día siguiente, junto a los ejercicios que tocaban ese día.
  • Te cuesta disfrutar plenamente del tiempo de ocio con otras personas por vivirlo como una pérdida de tiempo.
  • Te sientes muy mal cuando no puedes cumplir con tu rutina de ejercicios.
  • Dedicas una gran parte de tu tiempo a entrenar. No dejas de hacerlo incluso si un día te encuentras mal físicamente o estás lesionado.
  • Tu preocupación por estar en forma te lleva a mantener discusiones familiares o con otras personas significativas porque sientes que no entienden tu necesidad de entrenar y te reclaman más tiempo.

Cuando el deporte se vive de esta manera, provoca no solo un desgaste físico, sino también mental. Esta preocupación por la actividad física puede incluso estar enmascarando problemas mayores, como un trastorno de la conducta alimentaria o una dismorfia muscular (vigorexia).

En el primer caso, la actividad física tiene por objetivo compensar los posibles excesos con la comida y el beneficio que se busca es el mantenimiento o reducción del peso corporal. En el caso de la dismorfia muscular, la percepción corporal está alterada, de manera que la persona nunca se ve lo suficientemente musculada.

Además, el deporte en sí, que ayuda a despejar la mente, puede llegar a convertirse en un mecanismo de evasión, en una vía de escape, para evitar pensar o enfrentar otros problemas. Lo que inicialmente puede parecer un antídoto para el estrés, termina por convertirse en un problema, al adoptarla como una estrategia de afrontamiento predilecta.

Mujer haciendo ejercicio de alta intensidad
El deporte puede llegar a ser una estrategia para evitar afrontar ciertas situaciones.

¿Cómo manejar los sentimientos de culpa por estar en forma?

La culpa puede atraparnos fácilmente en este tipo de situaciones. Para gestionarla, ten en cuenta lo siguiente:

  • Cuida tu cuerpo. Un buen deportista es consciente de la necesidad de descanso. No pierdas esto de vista.
  • Comprende los beneficios del ejercicio para la salud y la importancia de practicarlo de forma moderada, sabiendo que es perjudicial si lo practicas con demasiada frecuencia e intensidad. Infórmate de los efectos adversos que tiene la práctica del ejercicio físico en exceso, como por ejemplo las fracturas por estrés o las tendinitis crónicas.
  • Recuerda las razones por las que empezaste a entrenar. Probablemente por placer, para sentirte mejor, no para evitar sentirte mal.
  • Presta atención a tu lenguaje interno. Reconocer y cuestionar los pensamientos que te están dañando es crítico. Esto puede resultar más complicado de lo que parece y es posible que necesites ayuda profesional. No dudes en pedirla.
  • Prescinde de las aplicaciones móviles relativas a la actividad física, ya que pueden alimentar la adicción y la obsesión, especialmente si te retan a conseguir logros, poniendo en juego tu autoestima.
  • Además, compartir tus resultados en las redes sociales o en otro lugar convierte al ejercicio en algo competitivo y sujeto a opiniones externas. Esto podría causar problemas en alguien que es vulnerable. Compites constantemente con otros de una manera muy orientada a los resultados.
  • Cuida lo verdaderamente importante. El deporte nos ayuda a sentirnos mejor y a liberar estrés. Nos produce sensación de bienestar por las endorfinas, pero nada como dedicar tiempo a las personas que más quieres para tener una vida plena.
  • Aléjate de las competiciones por el momento, sobre todo, si se convierten en una fuente de estrés.

Dedicarnos tiempo a nosotros mismos, evitar llevar una vida sedentaria, cuidar nuestra alimentación y respetar nuestra necesidad de sueño y descanso es la base de la salud física y mental.

No obstante, si nos volvemos unos esclavos de la vida saludable, obsesionados con estar en forma, con pautas rígidas de alimentación y horarios estrictos, deja de serlo. En el equilibrio está la clave.

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  • Granados, S. H. B., & Cuéllar, Á. M. U. (2018). Influencia del deporte y la actividad física en el estado de salud físico y mental: una revisión bibliográfica. Katharsis: Revista de Ciencias Sociales, (25), 141-160.