Vigorexia, el culto obsesivo al cuerpo

Andrea Aguilar Calderón · 24 octubre, 2013


Pasan la mayor parte de su tiempo libre en el gimnasio, incluso más de ocho horas. Se pesan continuamente y sus dietas son altas en carbohidratos y proteínas, excluyendo las grasas prácticamente por completo. Tienen tendencia a la automedicación. Se aíslan socialmente y, cuando se miran al espejo, si bien es cierto que tienen un cuerpo desproporcionado, se ven a sí mismos como enclenques y débiles. Son las personas vigoréxicas.

La vigorexia 


La vigorexia (conocida también como anorexia nerviosa inversa o complejo de Adonis) es un trastorno alimentario que consiste en una obsesión por el fisico y una idea distorsionada de la imagen personal: quienes la padecen se ven a sí mismos como debiluchos, aunque tengan un cuerpo más allá de lo escultural. Al igual que la anorexia, quienes sufren de vigorexia se preocupan de manera exagerada por un defecto inexistente y creen no contar con suficiente tono muscular. Suele ser más común en hombres. 


Si bien este trastorno no está reconocido como una enfermedad por la comunidad médica internacional, la vigorexia puede llegar a ser más mortal que la anorexia, pues el tipo de dieta de los vigoréxicos (caracterizado por grandes cantidades de proteínas y carbohidratos y nada de lípidos), ocasiona alteraciones metabólicas importantes que el cuerpo humano puede soportar sólo por un máximo de seis  meses.

Asimismo, la vigorexia conlleva otros riesgos. Quienes la padecen tienden a usar esteroides para mejorar su rendimiento físico, lo cual conlleva cambios de humor repentinos y aislamiento social, que ya de por sí suele presentarse por las largas horas invertidas en el gimnasio. A largo plazo, los vigoréxicos pueden sufrir enfermedades cardiovasculares (como la atrofia del músculo cardíaco, el cual, al aumentar de tamaño, sufre de falta de sangre), disfunción eréctil, lesiones en el hígado o los riñones, cáncer de próstata, atrofia muscular y desgarres ante la carga excesiva de peso. 

Las causas de la vigorexia se desconocen; sin embargo, parece que determinados factores socioculturales (como el culto al cuerpo) y algunas alteraciones en los neurotransmisores cerebrales pueden detonarla. También se señala como potencial desencadenante al papel de las endorfinas (sustancias segregadas por el cerebro al realizar actividad física y que dan una sensación de bienestar). No obstante, las causas de la vigorexia tienden a ser más psicológicas.

Para tratarla, se requiere de un enfoque multidisciplinar, que incluya apoyo psicológico, farmacológico y nutricionista. La idea central es revertir los hábitos obsesivos en torno al culto al cuerpo basándose principalmente en la terapia cognitivo-conductual, fortalecer la autoestima y dedicarse a otro tipo de actividades en el tiempo libre que permitan una reinserción social.

En fin, tomarse más a pecho la frase “mente sana en cuerpo sano” y brindarle a la estabilidad emocional también un entrenamiento, que la fortalezca mucho más que a los músculos.

Imagen cortesía de Jhong Dizon.