Depredadores sexuales, abuso de poder y silencio

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 7 noviembre, 2017
Valeria Sabater · 7 noviembre, 2017

Los depredadores sexuales no están enfermos, no son adictos al sexo ni habitan únicamente en las altas esferas de Hollywood. El cerebro del depredador ronda cualquiera de nuestros contextos y se vale, por encima de todo, de su posición de poder para someter a la víctima, buscando la complicidad de un entramado social acostumbrado a mirar para otro lado.

Podríamos decir, casi sin temor a equivocarnos, que estamos viviendo un momento muy interesante desde el punto de vista social y psicológico. Un momento para muchos, esperado y hasta necesario. Después de que se destapara el caso del productor de cine Harvey Weinstein, la onda expansiva y mediática no parece detenerse. Cada día nos levantamos con otro nombre de un famoso, un ídolo que cae, una historial terrible de abusos sexuales y detractores que advierten de que lo que está ocurriendo, sencillamente, no tiene sentido.

“Y todo esto ahora, ¿para qué? ¿Qué es lo que buscan?”- se preguntan algunos-. A menudo escuchamos testimonios de actos sucedidos hace más 10, 15 o 20 años. El velo parece haber caído sin importar el tiempo pasado, porque la herida, cómo no, sigue latente. Es ahora cuando empieza a salir a la luz una realidad conocida desde siempre, pero estructuralmente silenciada e implícitamente consentida.

No obstante, hay que recordar que las voces siempre han estado ahí, pero no les dábamos importancia, como la de Elijah Wood, que ya denunció en su momento la existencia de constantes abusos a menores en las trastiendas de Hollywood.

Es el momento, así de simple, así de claro. Nuestra sociedad despierta y está lista para escuchar. Nuestro mundo es más receptivo que nunca, está conectado y redes sociales, como Twitter, pueden alzar héroes en pocos días y derrumban ídolos en segundos. Es un escenario voraz que moviliza, que conciencia y donde en los últimos días gracias al hastag #MeToo, nos ha permitido visualizar situaciones que, por duras, podrían parecer extraordinarias (o, mejor dicho, extracotidianas), cuando en realidad suceden todos los días. Las víctimas, mujeres y niñas por el mero hecho de serlo.

Mujer agachada fragmentada

La “enfermedad” de los depredadores sexuales es su posición de poder

Cada mañana, cuando sale a la luz una nueva historia relacionada con un famoso de Hollywood aparece el término “depredador sexual”. En el mundo de la información, con frecuencia se hace uso de expresiones y palabras que es necesario definir para evitar equívocos. De hecho, hace solo unas semanas apareció un interesante artículo en el espacio “Psychology Today” donde se nos advertía de algo importante, no debemos relacionar este perfil de los abusadores con los adictos al sexo.

Decimos esto por una razón muy concreta. Cada vez que aparece la acusación a un famoso, su abogado no tarda en anunciar que su cliente hará un ingreso en una clínica para realizar un supuesto tratamiento. Esto mismo es lo que ha declarado por ejemplo, Kevin Spacey.

No debemos equivocarnos. Los que abusan no siempre están enfermos. Cuando agreden sexualmente, cuando, intimidan y coaccionan saben bien lo que hacen. En realidad, hacen uso de su poder para violar los derechos personales y sexuales de otras personas.

Para entender el impacto de ese poder, hablaremos por ejemplo de cuál fue el origen de todo este folletín de escándalos. De hecho, y como curiosidad, muchos titulan esta historia como el “relato de un hijo que denunció a su padre y destapó todo un sistema de corrupción”. Este hijo en concreto es Ronan Farrow, el hijo de Mía Farrow y Woody Allen.

Era poco más que un adolescente cuando fue testigo de cómo la sociedad miró hacia otro lado cuando se denunció el hecho de que su padre abusaba de Dylan, su hermana adoptiva de solo 7 años. Una de las personas que logró limpiar la imagen de su padre y devolverlo a la fama de manera impoluta fue precisamente Harvey Weinstein.

Mia Farrow e hijo

El joven Ronan quedó marcado (al igual que su hermana) por todo aquello. Quedó impactado por cómo la sociedad es capaz de trasformar al agresor en víctima y a la víctima en alguien trastornado. Le impresionó el secretismo existente en Hollywood alrededor de las agresiones sexuales y actos de pedofilia cometidos por hombres de gran poder en esta industria. Una industria además acostumbrada a guardar silencio, a ser cómplice y hacer uso del chantaje, la amenaza y la extorsión a todo aquel que se atreviera a levantar la voz.

Desde entonces, Ronan Farrow no dejó de investigar y de acumular información sobre diversos depredadores sexuales de Hollywood, hasta que poco a poco centró el epicentro en uno solo, en Harvey Weinstein. Cabe decir que hace años que disponía de la información suficiente para sacar a la luz los hechos, con pruebas y testimonios. Sin embargo, siempre se encontraba con el mismo mensaje por parte de periódicos, productoras y televisiones: eso es peligroso, olvídalo, pasa página, vamos a mirar hacia otro lado.

Hasta ahora. Hasta que la sociedad se ha negado ya a girar el rostro.

Características de los depredadores sexuales

Los depredadores sexuales aparecen en cualquier contexto en el que haya asimetrías de poder. Los encontramos en nuestros trabajos, entrenando a grupos deportivos, de decanos en universidades o de profesores, de jefes de equipo en hospitales… Son personas capaces de cruzar la frontera del respeto para agredir, violentar o simplemente intimidar a través de la palabra.

Asimismo, es interesante a su vez profundizar un poco más en sus características de personalidad y comportamiento:

  • Deseo de control: la mayoría de nosotros sabemos que nuestra libertad termina cuando invadimos el espacio personal y la integridad física o emocional de otra persona. Sin embargo, el depredador sexual disfruta cruzando ese límite y sometiendo, el placer es inmenso cuando tiene el control y el suficiente poder como para someter a las negativas de la víctima.
  • Narcisismo: los depredadores sexuales se consideran superiores, especialmente a sus víctimas. Piensan que solo ellos tienen la capacidad de tomar decisiones; por otro lado, si quieren algo, lo natural para ellos es que la realidad se lo facilite, sin importar lo que el otro diga, piense o desee.
  • Son antisociales. Este rasgo puede ser contrario a lo que desde fuera podríamos intuir, pero resulta a la vez esclarecedor en este perfil. En este caso, ser antisocial no significa rehuir a la sociedad. Al contrario, el depredador sexual se adapta a su entorno a la perfección, pero con un fin muy concreto: lograr lo que desea. Son personas a las que les gusta el riesgo, y que a su vez, no empatizan con nadie.
  • El sexo como posesión. La sexualidad en este tipo de perfil es algo muy primitivo. No hay amor, no hay respeto, solo un mero deseo de poseer lo que se quiere para desahogar una pulsión sexual y reafirmar así su poder.

Mujer agredida con un no en la mano

Para concluir, como vemos, el término “depredador sexual”, lejos de ser nuevo o de limitarse en exclusiva al mundo de Hollywood, hace referencia a muchos de esos perfiles que poco a poco se van quedando sin máscara. No obstante, seguirán existiendo y lo tendrán mucho más fácil siempre que cuenten con la complicidad, en forma de silencio, del entorno.

Tal vez sea este el mejor momento para darles nombre, para ponerles rostro y dejar de mirar a otro lado. Hemos vivido durante demasiado tiempo con miedo ante quien tiene el poder, son miles las víctimas a las que se les obliga a callar y a olvidar. Evitemos esto, seamos sensibles, seamos lógicos y detengamos a tiempo a los depredadores sexuales.