Desahucios y suicidios, una dramática realidad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 26 diciembre, 2018
Francisco Javier Molas López · 29 diciembre, 2018
¿Por qué desahucios y suicidios parecen ir de la mano? ¿Qué lleva a alguien a quitarse la vida en estas situaciones? Depresión, ansiedad, estrés, son algunos de los síntomas de los desahucios. En este artículo abordamos esta dramática situación.

Los desahucios y suicidios son fenómenos con demasiada convergencia y frecuencia en la actualidad. Desgraciadamente es una noticia frecuente en informativos y periódicos. Ante este escenario, podemos hacernos varias preguntas: ¿por qué no paran los desahucios si conocemos las consecuencias? Pero sobre todo, ¿qué lleva a una persona a poner fin a su vida ante un desahucio?

El suicido ha sido un tema tabú en los medios de comunicación hasta hace muy poco tiempo. El miedo al contagio ha hecho que no se hablara de él. Sin embargo, el debate se ha abierto respecto a esta posición, de manera que la sociedad está empezando a ver la punta del iceberg.

El hecho de que un desahucio lleve a alguien a quitarse la vida, entendida como lo más valioso, inquieta. Y mucho más a los psicólogos, interesados en cómo trabaja la mente y qué decisiones toma ante situaciones complicadas. ¿No hay otras salidas? ¿No hay más opciones? ¿Es tanta la desesperación que sólo ven esa salida o es un impulso momentáneo? En este artículo vamos a tratar de analizar por qué desahucios y suicidios se han hermanado y empezado a reproducirse con frecuencia.

¿Suicidio voluntario?

¿Es la persona libre cuando toma la determinación de quitarse la vida o es víctima de las circunstancias? Si nos encontramos al borde de un acantilado y estamos rodeados por veinte personas que nos empujan, acabaremos cayendo. En este caso nadie hablaría de suicidio, porque nuestra intención no era la de caer, sino que hemos sido empujados. ¿Podemos equiparar las personas que empujan al desahucio?

Cuando nos obligan a abandonar nuestro hogar se juntan una serie de variables que para algunas personas son causa y razón para poner fin a todo. Llegados a este punto, otras cuestiones que podemos plantearnos son: ¿por qué unos sí y otros no? ¿Por qué unos se quitan la vida y otros no? Al ver que no todas las personas desahuciadas optan por la misma salida, se plantea una nueva cuestión, ¿existen rasgos de personalidad incompatibles o protectores frente al suicidio?

Hombre triste

Cada desahucio conlleva una serie de circunstancias diferentes. Entre ellas podemos encontrar la edad de los desahuciados, si tienen hijos o no, los recursos económicos, la posibilidad de tener alojamiento en casa de algún familiar o amigo, el apoyo social y familiar, etc. Todos estos y más elementos, deben ser tomados en cuenta en el momento de abandonar forzosamente el hogar. No es lo mismo ser acogido por un familiar que no tener un hogar en el que cobijarse. Tampoco es lo mismo vivir solo y ser arropado por un amigo, que tener una familia con hijos y no gozar de la posibilidad de tener un lugar de acogida.

“Nuestra mayor gloria no está en no fracasar nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos”.

-Confucio-

Consecuencias del desahucio en la salud mental

El equipo de Julia Bolívar (2016) publicó un interesante artículo. Hablamos de un estudio sobre la salud de las personas adultas afectadas por un proceso de desahucio. Sus principales hallazgos fueron que las personas afectadas por desahucios tienen 13 veces más probabilidades de tener una mala salud percibida. El 57,3% de los hombres y el 80,9% de las mujeres informaron no gozar de buena salud. También encontraron una mayor probabilidad de desarrollar problemas cardiovasculares.

Otro de los hallazgos del equipo de Bolívar fue que la propia exposición a los desahucios en el barrio podía acarrear un aumento de la presión arterial en sus residentes. En cuanto al proceso de pérdida de vivienda y salud, influyen tanto factores individuales como del entorno. De forma individual, destacan el estrés de la vivencia de desahucio ya desde las fases iniciales, afectando también a la salud física y mental.

Teresa Galeote (2018) afirma que “en las personas más vulnerables a la frustración, el desempleo puede ser uno de los factores de mayor riesgo que empuje al suicidio”. Según Galeote en España se producen 11 suicidios diarios, y se estima que la mitad se deben a desahucios.

Enrique Echeburúa (2015) asegura que un estado de ánimo melancólico puede ser altamente perjudicial porque la depresión contrarresta el deseo natural de vivir. De esta forma, entre un 15% y 20% de las personas con depresión podrían intentar quitarse la vida.

Echeburúa también destaca que los trastornos adictivos como la dependencia a las drogas o el alcoholismo, son un factor de riesgo para el suicidio. En este punto podemos enlazar diferentes elementos y observar que alguien en proceso de desahucio puede ser un candidato para desarrollar una depresión. Dependiendo de los estilos de afrontamiento de cada persona, la depresión puede hacerse presente o no. Al mismo tiempo que acudir a drogas o alcohol para soportar el dolor emocional del desahucio. Así pues, siendo estos factores indicadores de riesgo de suicidio, observamos varias razones que impulsan a ciertas personas a quitarse la vida.

“Donde una puerta se cierra, otra se abre”.

-Miguel de Cervantes-

Mujer triste por desahucio

Desahucios y Suicidios: reflexión final

A la luz de las investigaciones, se puede comprobar cómo ciertas circunstancias adversas mantenidas en el tiempo pueden provocar depresión en las personas. Una situación de desahucio tendría sobre la salud mental y física un impacto tan negativo capaz de provocar estados depresivos.

También podrían desembocar en adicciones como forma de afrontamiento. Los recursos de afrontamiento de cada individuo son diferentes. Sin embargo, el número tan elevado de suicidios hace pensar que los desahucios provocan en el individuo un mayor malestar y desesperación del que pudiera parecer.

El tema de desahucios y suicidios, sin duda, conlleva una gran complejidad. A pesar de esto, también podemos observar que no todas las personas optan por esta vía. Esto nos arroja una luz de esperanza ya que nos indica que el suicido no es la única salida. Cuando una situación se vuelve insostenible, muchas personas optan por luchar y ver cómo pueden salir exitosas.