¿Deseo o necesidad la clave de un comprador sabio? - La Mente es Maravillosa

¿Deseo o necesidad? La clave de un comprador sabio

Claudio Navarro 25 noviembre, 2013 en Actualidad y psicología 16 compartidos

Saber distinguir entre tus deseos y tus necesidades: este es el lema de todo ensayo, artículo o libro dedicado a hacer un presupuesto y manejar el dinero. Sin embargo, saber diferenciar estas dos cosas no sólo llevará a que tu cuenta bancaria se mantenga “saludable”, sino que también hará que ensayes una forma responsable y consecuente de gestionar tus deseos.

¿Cómo se definen las necesidades y los deseos? y ¿Por qué realmente es tan necesario tener claridad sobre ello para poder ser equilibrado en todo los sentidos?

Necesidades

Tus necesidades son elementos indispensables que se pueden organizar en cinco grupos: Físicas, Emocionales, Culturales, Sociales y Espirituales. Para que una persona sea verdaderamente saludable debe llenar las necesidades en todas estas categorías.

Muchas personas se centran en las necesidades Físicas y Sociales, y descartan otras (como las Espirituales y las Culturales), o al menos las relegan al fondo de la lista, como menos importantes. No obstante, está comprobado que cuando la persona no llena los distintos tipos de necesidades, tarde o temprano sentirá un vacío interior y le será muy difícil sentirse verdaderamente feliz…

Prioridades

Cada persona organizará sus categorías de necesidades en un orden de importancia diferente, según el criterio personal, y no hay nada de malo en eso. Para algunos, las necesidades emocionales serán más fundamentales que las necesidades sociales y para otros, las necesidades físicas tendrán más valor que las culturales. Cada persona tiene un sistema de valores diferentes y eso es lo que nos hace únicos. Lo más importante es que no falte ninguna de estas cinco.

Entonces, por ejemplo, cuando elaboras tu presupuesto, debes incluir qué cantidad de dinero puedes y pretendes usar en cada categoría, según tu valoración personal.

Equilibrio

Muchos consejeros economistas dicen que uno no debe comprar algo si no es absolutamente necesario y ese es un buen consejo. El problema es que si se enfatizan las necesidades físicas, aquel se convierte en un punto de vista desequilibrado.

Por ejemplo, nadie se va a morir si su pareja no le hace un pequeño regalo o lo lleva a comer un helado de vez en cuando, pero desde un punto de vista más amplio, esos presentes pueden constituir una forma muy efectiva de llenar una necesidad emocional. Ahora, lo que uno sí puede hacer es controlar el costo y la frecuencia de tales obsequios. En ese caso, la clave es la moderación.

También hay que cuidarse del otro extremo. Decir que todo llena una necesidad tampoco sería equilibrado. Antes de comprar algo, pregúntate en que categoría de las cinco clases de necesidades cae. A veces verás que no encaja con ninguna de estas, entonces puedes catalogarlo, simplemente, como un deseo. Luego de haber identificado si es una necesidad o no y qué tipo de necesidad es (física o espiritual o social, etc.), pregúntate: ¿realmente estoy deficiente en esa categoría?

Por ejemplo, un par de zapatos nuevos puede justificarse como una necesidad física, pero ¿en realidad no tienes suficientes zapatos? Después de contestar esa pregunta con sinceridad, podrás tomar una decisión consciente. Este proceso mental sólo toma unos instantes y te ayudará a evitar compras impulsivas que -casi seguro- luego te pesarán.


El cuadro completo

Cuando no sabemos distinguir entre nuestros deseos y nuestras necesidades, daremos lugar a un efecto dominó que puede dejarnos en la bancarrota, no sólo en lo monetario, sino también, a la larga, en lo emocional, pues la realidad es que nunca podremos llenar el vacío interior de ese modo o adquirir “ese” bien que finalmente nos brinde la felicidad que todos anhelamos…

Reflexionemos en esto: el sistema en que estamos inmersos hace que cada objeto que compramos genere más y nuevas necesidades. Esto es más que evidente en el caso de los dispositivos tecnológicos, objetivo y foco de interés de millones de personas en la actualidad.

Si pensamos en tabletas, teléfonos inteligentes, etc. es más que notoria su efímera vida útil. Lo que hoy adquirimos, dentro de muy poco tiempo ya pierde vigencia y así nos vemos envueltos en una inevitable vorágine de compras compulsivas que parecen no terminar nunca.

Personalmente, considero que los bienes materiales no son buenos ni malos en sí mismos; y, de hecho, no pretendo que tal discusión sea el objeto de este artículo. La intención de este escrito es, simplemente, invitarte a la reflexión sobre algunos aspectos que quizás antes no te habías cuestionado: ¿Qué necesito realmente y qué no? ¿Qué busco obtener al adquirir cada cosa? ¿Estoy intentando llenar un vacío interior o tratando de “tapar” un estado de angustia, por ejemplo? ¿Compro por necesidad, por costumbre, por moda o por impulso?

No existen respuestas universales. Cada persona tendrá que sacar sus propias conclusiones y decidir si vale la pena gastar en lo que gasta y esforzarse tanto por obtener aquello que hoy desea…

Imagen cortesía de Steve Mohundro

Claudio Navarro

Ver perfil »
Te puede gustar