Desinformación en la red. Pincha aquí

29 enero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Fátima Servián Franco
Un estudio de la Universidad de Stanford advierte que los adolescentes absorben los contenidos digitales sin distinguir bien entre publicidad y periodismo, sin considerar que una fuente pueda ser intencional y sin plantearse sistemáticamente si una imagen extraña puede estar trucada.

No solo la prensa tiene el cometido de frenar la desinformación en la red, las conocidas fake news, sino cada uno de nosotros en un ejercicio de madurez cognitiva. El sesgo de confirmación, también conocido como la recolección selectiva de evidencia, ayuda a que las noticias falsas pasen desapercibidas por las redes.

Este sesgo es considerado un efecto del procesamiento de información que tiende a favorecer, buscar, interpretar, y recordar, la información que confirma las propias creencias.

Un ejemplo. «El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos con el objetivo de restar competitividad a la producción de Estados Unidos«, tuiteó en 2012 el magnate Donald Trump. En noviembre de 2016, los estadounidenses lo eligieron como presidente… pese a su tendencia a la fabulación. Surgió un debate de tal trascendencia que el Diccionario Oxford eligió posverdad (post-truth) como palabra del año (Redondo, 2017).

Se define como: relativo a circunstancias en las que hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que la apelación a la emoción y la creencia personal. En esas nuevas verdades internacionales a gran escala (corrupción política, diplomática, económica y militar) que le estaban entrando por los ojos a un público indignado por la crisis, en esos análisis de red que revelaban la existencia de bots propagandísticos, en esos vídeos de aficionados que desmontaban versiones oficiales (Redondo, 2017).

Para Mcintyre (2018), posverdad, en el Diccionario de la Lengua Española, se describe como una distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.

 «Los rumores y falsedades funcionan mejor online porque son más enloquecidos y resulta más estimulante compartirlos».

-Katharine Viner-

Mano señalando un cartel en el que pone Fake News

La guerra del siglo XXI

El imperio de lo visual empobrece el nivel del discurso político. El público se siente visualmente atraído por temas o perspectivas acerca de los temas que resultan más atractivos, lo que no siempre coincide con los verdaderos asuntos políticos, el fondo de las cuestiones, que frecuentemente quedan fuera del espectáculo (Redondo, 2017).

En esta guerra del siglo XXI, las tres plataformas más conocidas del mundo digital habrían sido usadas como parte de la campaña del Kremlin para divulgar mensajes entre los estadounidenses durante las elecciones a partir de bots (robots) que crean cuentas falsas de usuarios inexistentes.

La preocupación sobre este tipo de prácticas ha ido en aumento e incluso se ha llegado a vincular con el proceso de independencia de Catalunya o el Brexit.

Según un estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), los bots de Twitter influyeron hasta en un 3’23 % en la victoria de Donald Trump durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos del año 2016 y en un 1’76 % a favor de la marcha de Reino Unido en la votación del Brexit.

Se trata de los mismos trolls que respaldan el movimiento antivacunas, según alerta la investigación encabezada por la Universidad George Washington (GW), en la que también participan expertos de la Universidad Johns Hopkins y de la Universidad de Maryland, Estados Unidos.

Algoritmos sin control humano han terminado privilegiando lo chocante frente a lo veraz y han mostrado al usuario solo aquellos contenidos ideológicamente afines

El sesgo confirmatorio alimenta las fake news

Se trata de un tipo de sesgo cognitivo y un error sistemático del razonamiento inductivo. El efecto es más fuerte en publicaciones con contenido emocional y en creencias firmemente enraizadas. También tienden a interpretar que las pruebas ambiguas apoyan su postura existente. Una serie de experimentos en los años sesenta sugirió que las personas están sesgadas hacia la confirmación de sus creencias existentes.

El sesgo de confirmación contribuye al exceso de confianza en las creencias personales y puede mantener o reforzar estas creencias ante evidencias contrarias. Se han encontrado decisiones pobres debido a este sesgo en contextos militares, políticos y de organización.

Para que una noticia falsa se convierta en viral hay que lograr que la emoción prime sobre la reflexión, o lo que es lo mismo, activar el sesgo de confirmación.

Mujer con el móvil

Dicho de otra forma, para desenmascarar una fake new tenemos que lograr que la reflexión prime sobre la emoción. Esto debería ser una tarea de toda la sociedad, si no queremos que los acontecimientos reales queden opacados por las noticias falsas. Como individuos, tenemos que poner en un balanza si queremos llevar siempre razón o tenerla exclusivamente en los casos que así sea.

En este tiempo de desinformación programada es necesario hacer una llamada a la madurez cognitiva individual. El empeño por distinguir la verdad de la mentira y el empeño de tener siempre razón no pueden ir de la mano. Lo que finalmente prime, marcará la madurez de nuestras sociedad.

Una mentira puede dar media vuelta al mundo mientras la verdad se está poniendo las botas.

Allcott, H. y Gentzkow, M. (2017). Redes sociales y noticias falsas en las elecciones de 2016. Revista de perspectivas económicas , 31 (2), 211-36. García, MA (2018). Noticias falsas: La verdad de las noticias falsas . Plataforma Flores Vivar, J. M. (2019). Inteligencia artificial y periodismo: diluyendo el impacto de la desinformación y las noticias falsas a través de los bots. Lazer, DM, Baum, MA, Benkler, Y., Berinsky, AJ, Greenhill, KM, Menczer, F., ... y Schudson, M. (2018). La ciencia de las noticias falsas. Science , 359 (6380), 1094-1096. McIntyre, L. (2018). Post-verdad . MIt Press. Redondo, M. (2017). Medios y verificación: cuando la mentira da la vuelta al mundo. Diez años que cambiaron los medios: 2007-2017, 98.