Los desplazamientos de casa al trabajo afectan a nuestra salud

¿Cuánto tiempo pierdes yendo y volviendo del trabajo? La ciencia nos dice que esas horas dedicadas al desplazamiento son una fuente de estrés y ansiedad muy importante.
Los desplazamientos de casa al trabajo afectan a nuestra salud
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 07 mayo, 2022

Cada día podemos perder de media entre 1 o 2 horas al ir y volver desde nuestros puestos laborales. No solo es tiempo perdido, es también una fuente de estrés y un modo de poner en riesgo nuestras vidas; sobre todo si vamos en coche. Por ello, investigaciones recientes insisten en que los desplazamientos de casa al trabajo afectan a nuestra salud.

Bien es cierto que cada vez es más frecuente el teletrabajo. Sin embargo, es una evidencia que una parte amplia del mercado laboral requiere de una obligada presencialidad. Es la que necesitan desde los hospitales, colegios, fábricas, supermercados, etc. Esto se traduce en que cada día se trasladen millones de personas desde la tranquilidad de sus hogares hasta sus respectivos puestos.

Esto supone desde un desembolso económico importante (ya sea en combustible o en abono de transporte público), hasta un serio impacto en nuestro bienestar mental. Se experimenta cansancio, falta de sueño, estrés y ansiedad. Uno tiene la sensación de estar perdiendo tiempo, un tiempo que no compartimos con la familia ni sirve para descansar.

“Un minuto que pasa es irrecuperable. Conociendo esto, ¿cómo podemos malgastar tantas horas?”.

-Mahatma Gandhi-

Mujer con ansiedad debido a los desplazamientos de casa al trabajo
Cada vez debemos viajar más lejos a nuestros trabajos y en zonas cada vez más congestionadas.

Así nos afectan desplazamientos de casa al trabajo

Tener un empleo nos permite disponer de un sustento, construir un proyecto de vida y hasta sentirnos realizados. Sin embargo, en ocasiones, el coste de esa labor y responsabilidad es muy elevado. Por ejemplo, los desplazamientos hacia el centro de trabajo suponen para muchas personas tener que invertir una parte valiosa de su tiempo.

Asimismo, hay otro aspecto no menos destacable. Cada vez vivimos más lejos del lugar donde desempeñamos nuestra labor profesional. No todo el mundo tiene la suerte de ir caminando hasta su trabajo. Por tanto, lo más común es tener que coger el coche, o recurrir al transporte público y programar nuestras alarmas cada día para madrugar.

Un factor también destacable es el aumento de vehículos y tráfico. Las carreteras y autovías son auténticas selvas de asfalto en las que son frecuentes los atascos, las prisas, los frenazos y los despistes. Es necesario tener todos nuestros sentidos bien despejados para no sufrir ningún percance. Algo difícil de lograr cuando el sueño y las legañas aún pesan en los ojos…

Ir y venir del trabajo: autopista hacia el malestar

A menudo se dice que hemos creado un sistema laboral que impone de manera irremediable la conducción o la dependencia de algún medio de transporte. Cada vez invertimos más tiempo en esos viajes, y aunque se intente promover el uso de la bicicleta o del patinete eléctrico, lo cierto es que estos recursos no siempre son útiles.

Una investigación de la Universidad de Alicante insiste en cómo los desplazamientos de casa al trabajo afectan a nuestra salud. Cuanto mayor es el tiempo invertido, mayor es el impacto negativo en la vida de la persona. Asimismo, ha podido verse que los viajes más largos afectan a las mujeres de manera más intensa.

Esto puede deberse al hecho de que, por término medio, son ellas las que siguen asumiendo labores que van más allá del propio trabajo. Tener que perder una o dos horas yendo y viniendo al puesto laboral, les resta tiempo en la atención de los hijos, del hogar, etc.

Desencadenantes del estrés y la ansiedad en los desplazamientos de casa al trabajo

Bien es cierto que habrá quien se deleite con los desplazamientos de casa al trabajo. Puede que quien tenga que conducir disfrute de esos minutos para sí mismo en soledad. Por su parte, los que van en metro o autobús tienen la oportunidad de desconectar con alguna lectura o escuchando música.

Sin embargo, lo cierto, es que son muy pocos los que se deleitan de esos intervalos forzados de tiempo.

  • En primer lugar, esos viajes requieren previamente tener que madrugar, como también, llegar más tarde al hogar.
  • La conducción es una actividad que requiere de una gran concentración; algo que, en ocasiones, resulta estresante. Las carreteras congestionadas, el tráfico, los retrasos o las malas maniobras de otros conductores intensifican el mal humor. También la incertidumbre: nunca sabemos qué nos vamos a encontrar al coger el coche.
  • El transporte público está cada vez más masificado. Los retrasos son frecuentes y esto es otra variable que puede generar ansiedad.
  • Cuando los desplazamientos de casa al trabajo son largos, uno llega a su puesto con una carga elevada de agotamiento. Ese cansancio se va acumulando día tras día, debilitando la salud de la persona.
  • Asimismo, debemos añadir otros dos factores preocupantes, como son la contaminación acústica y la ambiental. Ambas dimensiones tienen también un gran impacto en nuestro bienestar.
Mujer gritando en el coche por los desplazamientos de casa al trabajo
Cuando conducimos largos trayectos hasta el puesto de trabajo llegamos muchas veces agotados y de mal humor.

Los desplazamientos de casa al trabajo intensifican el riesgo de enfermedades cardiovasculares

Cuando pasamos a diario entre una o dos horas (a veces más) en la carretera para ir al trabajo, lo último que nos apetece es hacer deporte. Obviamente siempre hay excepciones. Sin embargo, trabajos de investigación como los de la doctora Helga Van Herle, cardióloga y profesora de la Universidad del Sur de California, inciden en una relación importante.

Cuando los desplazamientos son largos hay un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardíacas. ¿La razón? Ese agotamiento acumulado eleva el sedentarismo. Llegamos a casa sin ganas de movernos y hacer deporte. A ello se le añade la siempre peligrosa falta de sueño. Todo ello deriva en hipertensión, aumento de peso, malos hábitos de alimentación… Asimismo, también aparece otra variable no menos relevante.

Esas horas invertidas nos restan tiempo en familia, de ocio y de descanso. La mente cae en el desánimo, en ver cómo pasan los días y la rutina asfixiante y repetitiva sigue siendo la misma. Todo ello acaba mermando no solo la salud física, sino también la psicológica.

En efecto, los viajes de ida y vuelta al trabajo son, en muchos casos, una autopista directa al malestar. Esto es algo que cuesta remediar, pero que debemos tener presente. El trabajo debería ser esa dimensión que ofrece proyección, sustento y bienestar y no ese factor que nos roba calidad de vida.

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