Deudas relacionales: cuando me sacrifico pero espero algo a cambio

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 10 mayo, 2018
Raquel Lemos Rodríguez · 10 mayo, 2018

Todo sabemos lo que son las deudas, un compromiso de pago entre dos entidades que tiene que cumplirse. Sin embargo, pocos se percatan de aquellas deudas que están muy presentes en las relaciones, sobre todo en las de pareja. A estas se las denomina deudas relacionales y, quizás, hoy descubramos que en nuestra vida hay algunas pendientes de resolver.

Las deudas relacionales surgen cuando cedemos algo importante de nosotros mismos en una relación. Algo que supone un sacrificio, un verdadero esfuerzo. No obstante, esto no es algo desinteresado, sino que por este acto tan grande esperamos de la otra persona determinadas cosas que puedan pagar lo que hemos hecho por ella. De esta manera, contrae una deuda de la que nadie se percata.

La trampa de las deudas relacionales

Las deudas relacionales conllevan una trampa de la que casi nunca somos conscientes. Se trata del hecho de no hablar claro, de la falta de una comunicación sincera en la relación. En vez de manifestar el esfuerzo que nos supone aceptar una determinada situación que no nos gusta o dar nuestro brazo a torcer, cedemos y nos callamos.

Así, se genera una deuda silenciosa de la que la otra persona no será consciente y que, por lo tanto, no va a asumir. ¿Qué sucede entonces? Que comenzarán las recriminaciones, los enfados sin sentido y otra serie de situaciones que no son más que una manifestación de algo que estamos aguantando, que no nos gusta y por lo que además, demandamos una recompensa.

mujer con serpientes representando las deudas relacionales

Pensemos, por ejemplo, que a nuestra pareja la destinan en el trabajo a otro país. Es una oportunidad increíble. Decidimos acompañarla y para ello, dejamos nuestro empleo esperando encontrar otro en el país de destino. Sin embargo, con el tiempo empezamos a recriminarle a nuestra pareja que no encontramos trabajo o que por su culpa estamos lejos de nuestra familia.

Además, lo que más le echaremos en cara será el sacrificio de haberle permitido desarrollarse profesionalmente mientras nosotros lo hemos dejado todo, hasta nuestro trabajo, por ella. Las recriminaciones serán constantes, pues buscamos que la otra persona nos recompense por nuestro sacrificio. No obstante, ¿nos damos cuenta de en qué momento hemos contraído esa deuda relacional o en la trampa en la que hemos caído?

“Hay una diferencia muy sutil entre hacer algo voluntariamente, aunque ello implique sacrificarnos, y hacerlo para esperar recibir algo a cambio”.

¿Deudas relacionales o chantajes emocionales?

Las deudas relacionales pueden contraerse entre relaciones de pareja, de amistad o incluso familiares. Incluso, algunas veces, terminan convirtiéndose en chantajes emocionales. Demandamos lo que creemos merecer, nos sacrificamos para poder pedir, damos sin límites para así exigir y buscamos múltiples compensaciones que parecen no tener fin.

Es común pensar que si cedemos en nuestra relación con alguien, seremos recompensados de alguna manera. En toda relación, tiene que haber un dar y recibir constantes. Sin embargo, esto dista mucho de lo que entendemos por deudas relacionales.

mujer con paraguas huyendo de las deudas relacionales

Este tipo de deudas son contraídas como una oportunidad para hacerle ver al otro lo mucho que nos importa y, al mismo tiempo, para pedirle y recibir lo que creemos que compensa nuestro gran sacrificio. Queremos ejercer un control que no tenemos. Es entonces cuando empiezan los chantajes. La pregunta obligada es: ¿se puede evitar?

Lo cierto es que sí se puede evitar esta situación. Para empezar, tendríamos que ser claros desde un principio y, aunque pueda parecer frío, manifestarle a la otra persona lo que esperamos a cambio del esfuerzo que nosotros estamos haciendo. Si nos damos cuenta de que no recibiremos ni una cuarta parte de lo que esperamos, es mejor negarnos y no hacer ese sacrificio.

También es necesario que tengamos los ojos bien abiertos para ser conscientes de los sacrificios que otras personas pueden estar haciendo por nosotros. Y además, dejar bien claro lo que no estamos dispuestos a tolerar y las exigencias que no vamos a aceptar a cambio de lo que hacen por nosotros.

“Sin una buena comunicación es más probable que se contraigan deudas relacionales”.

llaves representando el peso de las deudas relacionales

Casi todos nosotros hemos contraído deudas relacionales sin darnos cuenta. Deudas que dañan nuestras vínculos, que provocan rupturas dolorosas y que causan enemistades que podrían evitarse. ¿Qué tal si empezamos a saldar todas esas deudas y aprendemos a no contraerlas de nuevo?