3 diferencias entre educar a un niño y a un adolescente

Ser padre de un adolescente no es igual que ser padre de un niño. Conocer y comprender sus nuevas necesidades te permitirá seguir acompañando a tu hijo en esta etapa de una forma positiva.
3 diferencias entre educar a un niño y a un adolescente
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz el 28 Mayo, 2021.

Última actualización: 28 Mayo, 2021

Por fortuna, cada vez son más los padres y madres que se interesan por adoptar un estilo educativo positivo y respetuoso en sus hogares. Tras informarse y poner en práctica algunas pautas recomendadas por expertos, muchos de ellos logran magníficos resultados: niños saludables y felices y unas relaciones familiares armoniosas. Sin embargo, existen diferencias entre educar a un niño y a un adolescente, y al llegar la pubertad puede que estas rutinas ya no funcionen.

Cuando esto sucede, los progenitores pueden sentirse confusos y frustrados. ¿Qué he hecho mal para que todo haya cambiado? ¿Por qué mi hijo ya no obedece y se muestra rebelde y distante?

En la mayoría de los casos, ni ellos han cometido ningún error ni sus hijos se han transformado en personas diferentes. Simplemente, en ocasiones resulta complicado aceptar la transición entre la niñez y la adolescencia.

¿Por qué es importante conocer las diferencias entre educar a un niño y a un adolescente?

Muchos padres firmarían para que sus hijos no crecieran. Disfrutan tanto con su compañía, su amor y su inocencia y, al mismo tiempo, sienten que el hecho de crecer y tener que enfrentarse a nuevos desafíos de alguna manera también les va a generar sufrimiento. Siendo niños, pueden protegerles mejor.

Sin embargo, la pubertad llegará inexorablemente y es importante que los niños sientan que se les permite crecer y cambiar, y que sus padres los aceptan y están ahí para acompañarlos en cada etapa. Por ello, queremos hablarte de los principales retos que habrás de enfrentar y cómo puedes modificar el estilo educativo para que se ajuste a las nuevas necesidades familiares.

Principales diferencias entre educar a un niño y a un adolescente

Hija pequeña hablando con su madre

Atención versus privacidad

Este es uno de los primeros aspectos que los padres de un adolescente encuentran que necesita ser modificado. Y es que durante la infancia el niño precisa, reclama y disfruta de la presencia y la atención de sus padres. Esta le enriquece cognitiva y emocionalmente y le permite desarrollarse de una manera saludable. Incluso muchos padres se habrán llegado a sentir desbordados por la excesiva demanda de atención de sus hijos pequeños.

En cambio, durante la adolescencia el joven requiere privacidad y la exige. La compañía de los padres llega a resultarle intrusiva y cada momento que pasa en su ausencia le ayudan a reforzar esa identidad de sí mismo como ser independiente.

Supervisión versus autonomía

Muchos progenitores pueden encontrar que las pautas educativas que durante la infancia lograron que su hijo siguiera órdenes u obedecería ya no surten el mismo efecto. Pero esto es algo natural. Los niños necesitan supervisión y guía, requieren que los padres proporcionen un marco de actuación, unas directrices y unos límites mucho más estrechos.

Por el contrario, durante la adolescencia, permitir el desarrollo de la autonomía resulta fundamental. Es evidente que aún son necesarios los límites, pero estos han de ser más amplios.

Si un padre hace los deberes junto a su hijo pequeño o lo manda a bañarse a una hora determinada, durante la adolescencia es esperable y necesario que el joven tenga una cierta capacidad de autorregulación. Es decir, que él mismo sea responsable de sus tareas y de su higiene, por ejemplo. Es ahora cuando podemos recoger lo sembrado en la infancia; y, por ende, tratar de imponer el mismo control a un joven que a un niño resulta inefectivo y contraproducente.

Familia versus amistades

El principal agente socializador durante la infancia es la familia, el niño recurre a sus padres como figuras fundamentales de referencia para desarrollar su concepción del mundo y de sí mismo. Al llegar la pubertad, el grupo de iguales toma ese papel mientras la familia queda relegada a un segundo plano. De nuevo, esta es una transición natural y positiva pero que no todos los padres acogen con agrado.

Es fundamental permitir que el joven socialice, que pase más tiempo con amigos y compañeros y no tomar este cambio como un asunto personal. Tratar de manipular con culpa al joven que prefiere ir al cine con sus iguales que con su familia es limitar y distorsionar un proceso necesario.

Adolescentes divirtiéndose

Todavía existen similitudes entre educar a un niño y a un adolescente

Aunque se trate de una transición progresiva, esta avalancha de cambios puede hacer que los padres sientan que están perdiendo el control y que todo lo que han aprendido sobre crianza ya no funciona. Sin embargo, solo es necesario realizar algunos ajustes.

Tu hijo todavía necesita amor y aceptación incondicional, requiere límites y guía y se beneficia enormemente de una relación emocionalmente cercana contigo. La persona a la que has criado sigue ahí, solo está evolucionando; en lugar de sentir temor ante los cambios, siente orgullo de poder seguir acompañándole en esta nueva etapa.

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