¿Por qué hay padres que no aceptan que sus hijos han crecido?

03 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Aunque un hijo no se vaya a ningún sitio, llega un momento en que hay que dejarlo ir. Si un padre o una madre no acepta que crezca, madure y reclame sus espacios en libertad e independencia, será una fuente sufrimiento para todos. Lo analizamos.
 

No importa que tengan 15, 20 o 35 años. Hay padres que no aceptan que sus hijos han crecido y se resisten a dejar paso a todo aquello que por ley natural, debe suceder: tomar sus propias decisiones, iniciar relaciones afectivas, experimentar errores y descubrimientos, comprometerse en sus propias metas personales y lo más decisivo, dejar el hogar familiar.

Todos esos pasos, cada uno de esos procesos que acontecen como parte del desarrollo de una persona, son vistos por muchos padres y madres como una auténtica amenaza, pero… ¿amenaza a qué? La hiperpaternidad, por ejemplo, encuentra su sentido a través del cuidado y la hiperprotección. Cualquier atisbo de independencia e intento de reclamar espacios propios supone poco más que un ataque a la identidad de ese progenitor.

Muchos de estos hombres y mujeres que decidieron ser padres en un momento determinado, ya no se conciben a sí mismos de otro modo. Así, y casi sin darse cuenta, adquieren un papel autoritario camuflados en portadores de un amor incondicional, de un afecto que en realidad está envenenado, porque no deja crecer y aún menos ser.

 

Ya lo dijo en una ocasión la filósofa Hannah Arendt, “hay familias que creen estar cumpliendo su deber cuando lo que hacen en realidad es crear conflictos generacionales y herir de muerte a la esencia misma del ser humano, esa integrada en la propia libertad”.

Familia representando qué hay padres que no aceptan que sus hijos han crecido

Padres que no aceptan que sus hijos han crecido: ¿por qué ocurre?

Ser padre tiene algo de equilibrista. Hay que saber ofrecer amor y también distancia. Es necesario proteger y al mismo tiempo favorecer la independencia. Criar a un hijo es saber poner límites y a su vez abrir barreras para que puedan demostrar responsabilidades. Todo ello configura sin duda una compleja artesanía que no todos saben ejercer.

Porque en materia de crianza no todo responde al instinto y en muchos casos hay quien se deja llevar por sus propias necesidades y carencias no resueltas. Dejar crecer es para muchos sinónimo de «perder», de dejar ir algo que es propiedad de uno; como si los niños fueran en realidad un objeto de posesión que custodiar y proteger como una joya que alguien puede robar.

 

Veamos, no obstante, qué hay detrás del por qué hay padres que no aceptan que sus hijos han crecido.

Eres el refugio de mis carencias y no te puedo dejar ir

Cuando un niño es pequeño actúa como ese bálsamo cotidiano capaz de aliviar cualquier dolor de la vida y frustración presente y pasada. Ellos llenan nuestros abrazos y se complacen con nuestra compañía, sofocando cualquier problema o anhelo.

Ahora bien, a medida que van creciendo los niños no buscan ni quieren ser el refugio de los padres, ellos ansían conectar con sus iguales, probarse a sí mismos en nuevos escenarios ajenos al hogar.

El niño se convertirá en adolescente y el adolescente en adulto mientras muchos padres siguen reclamándolos para sí mismos. Esperan que sigan complaciéndolos, que conserven la inocencia de antaño y sean tan manejables como cuando eran pequeños. El hijo que es adulto ya no está bajo su control y algo así les frustra y les entristece.

No soporto que ya no me necesites

 

“Querido hijo, necesito que me necesites. Porque cuando lo haces, me haces visible, me das una utilidad en este mundo y haces que me sienta importante, que sienta que tenga un fin en esta vida. Con cada año que cumples te alejas más de mí, que crezcas es más que una pérdida, es también una forma de desafiarme, porque sin tú saberlo, me demuestras que ya no valgo  para nada”.

Estas frases resumen de manera breve lo que supone para muchos padres que sus hijos se conviertan poco a poco en personas adultas capaces de construir su propia vida. Es poco más que un agravio. No obstante, lo más complejo es que así se lo hacen ver y para ello no dudan en hacer uso de la manipulación emocional.

Asimismo, tampoco dudan en proyectar sobre sus hijos un sentimiento de culpa por cada cosa que hacen, por insignificante que esta sea (ir de viaje con los amigos, elegir un determinado trabajo, etc).

Siempre cuidaré de ti (la hiperprotección)

La hiperprotección es una enfermedad. Lo es porque deja serias secuelas, tanto en el progenitor que la ejerce como en el hijo que la sufre. En gran parte de los casos esta conducta de cuidado extremo, de alineación, de atención obsesiva y hasta de dominación tiene detrás un trastorno de ansiedad.

 

Los hijos lo son todo y la sola idea de que pueda pasarles algo o se alejen genera un miedo desmedido en el padre o la madre sobreprotectora.

Es más, no solo los progenitores la sufren. Disponemos incluso de interesantes estudios que nos demuestran cómo los universitarios que han tenido una crianza basada en la hiperprotección llegan a su primer año de carrera experimentando un nivel significativo de ansiedad social. 

Familia representando que los padres que no aceptan que sus hijos han crecido

Padres que no aceptan que sus hijos han crecido, padres narcisistas que dejan de tener el control

Hay padres que no aceptan que sus hijos han crecido porque algo así supone que ya no tienen el control sobre ellos. Esto se da bastante en progenitores con un perfil narcisista, padres y madres acostumbrados a mediar en cada área de la vida de sus hijos desde que eran pequeños.

 

De pronto ese niño o esa niña ya dispone de esa edad en la que puede y debe decidir por sí mismo. De un día para otro, dejan de ser manejables para disponer ya de un plan de futuro, de un trabajo, de un proyecto personal en el que los padres ya no van a estar presentes. Algo así genera frustración y elevada molestia en alguien con un perfil narcisista.

Para terminar. Este tipo de situaciones se dan con elevada frecuencia sin importar que esa hijo tenga 15 o incluso 40 años. Hay progenitores que nunca aceptarán que este crezca porque si hay algo a lo que se resisten es a dejar ir, a ver cómo esa persona es capaz de desenvolverse sola e incluso de lograr aquello que ellos mismos no pudieron en su día. Tengámoslo presente.

 
  • Clarke, K., Cooper, P., & Creswell, C. (2013). The Parental Overprotection Scale: Associations with child and parental anxiety. Journal of Affective Disorders151(2), 618–624. https://doi.org/10.1016/j.jad.2013.07.007
  • Durán, I. G. Hijos sobreprotegidos: el peligro del narcisismo.
  • Spokas, Megan & Heimberg, Richard. (2009). Overprotective Parenting, Social Anxiety, and External Locus of Control: Cross-sectional and Longitudinal Relationships. Cognitive Therapy and Research. 33. 543-551. 10.1007/s10608-008-9227-5.