Ecoísmo: prefiero existir sin que se note demasiado

11 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
En contraste con el narcisista, que atrae la atención y ansía sentirse protagonista, las personas con ecoísmo temen precisamente este trato. ¿Cuál el origen de su miedo?

El ecoísmo es un término que se ha popularizado en los últimos años. Fue utilizado originalmente en 2005 por Dean Davis, un psicoanalista estadounidense. El ecoísmo es un rasgo de las personas que se caracteriza por la incapacidad de aceptar cumplidos, expresar las preferencias de uno en las relaciones o buscar ayuda.

Como cualquier rasgo, el ecoísmo persiste independientemente de con quién la gente pase su tiempo. Aun así, los ecoístas a menudo se sienten atraídos por el comportamiento narcisista precisamente por tener a alguien que se deleite ocupando todo el espacio. Cuando los narcisistas se vuelven abusivos, los ecoístas a veces se culpan a sí mismos por su maltrato.

El ecoísmo es un rasgo, no un trastorno, pero se entiende aún mejor si se conceptualiza como una estrategia de supervivencia: Si quiero estar seguro y ser amado, debo asegurarme de pedir lo menos posible a las personas y dar todo lo que pueda“.

Mujer pensando

Estar en la sombra

Según el psicólogo Dr. Craig Malkin, investigador y autor de Rethinking Narcissism, el ecoísmo es un miedo extremo a parecer narcisista de alguna manera. En contraste con el narcisista que atrae la atención y ansía sentirse especial, los ecoístas temen una atención especial, incluso cuando es positiva.

Malkin y sus colegas han descubierto que los ecoístas tienden a estar de acuerdo con declaraciones como “tengo miedo de convertirme en una carga” o “cuando la gente me pregunta mis preferencias, a menudo me siento perdido”. Si bien estos rasgos pueden parecerse mucho al comportamiento agradable de la gente corriente o incluso a la humildad, Malkin dice que hay una gran diferencia.

El ecoísmo en su forma más benigna puede producir rasgos de servilismo, sobre-inhibiendo la expresión de pensamientos y deseos. En su forma más extrema puede describir una forma de vida en la que el individuo renuncie a tener su propia voz y puede causar un aislamiento completo de los demás.

El origen está en la infancia

Todavía queda mucha investigación que hacer sobre la causalidad del ecoísmo. Lo que causa unanimidad entre profesionales es que en el ecoísmo el tipo de crianza ciertamente juega un papel fundamental.

Los ecoístas parecen haber nacido con más sensibilidad emocional que la mayoría. Cuando ese temperamento se expone a un padre que los avergüenza o castiga por tener alguna necesidad, es probable que se crezca con un alto ecoísmo.

Si el individuo es hijo de un padre narcisista que impone su voluntad, será difícil que ese niño escuche o conozca sus pensamientos y deseos. Esta misma experiencia puede resultar en un narcisista que asume el deseo de los padres de haber producido un hijo especial. Se repite el mismo comportamiento que el padre creyendo ser especial o más importante que otros. No está claro en esta etapa si hay algo innato que influya en si tal niño podría llegar a mostrar narcisismo o ecoísmo.

En su vida adulta, los ecoístas a menudo viven según el mantra, “cuanto menos espacio ocupe, mejor”.

Aun así, es importante tener en cuenta que no todos los niños con padres narcisistas se convierten en ecoístas y no todos los ecoístas tienen cuidadores impulsados ​​por el ego. “El ecoísmo es un rasgo que existe hasta cierto punto en todos nosotros“, dice Malkin.

Los ecoístas no se definen por la pasividad. Pueden ser bastante activos para descubrir y perseguir lo que otros necesitan. Los ecoístas pueden ser excelentes oyentes, pero se sienten menos cómodos abriéndose a los demás (su miedo a convertirse en una carga a menudo bloquea su capacidad para compartir).

Cultura y género

Los hombres son menos propensos a buscar terapia para el ecoísmo; una de las hipótesis que se contemplan para explicarlo sería la vergüenza de sentirse débil o no masculino. En las culturas donde el género y el estatus tienen más peso en las relaciones de poder, el ecoísmo y el narcisismo pueden ser menos visibles y pasar como “el orden natural de las cosas”.

Muchas mujeres creen que pedir más en las relaciones y afirmarse es peligroso, porque un padre emocionalmente abusivo hizo que no fuera seguro para ellas hablar. Aquí el mayor problema: la adaptación en situaciones sociales y el placer constante de los demás a menudo se ve positivamente. Algunas de estas personas aprenden a sobrevivir borrando sus necesidades y sentimientos.

Cuestión cultural

Hay culturas en las que se considera apropiado sufrir en silencio o que buscar ayuda está mal visto. El ecoísmo también puede ser una forma de entender el lavado de cerebro. Puede ofrecer una explicación de la política mundial o de situaciones en las que los individuos llevan a cabo actos de daño en nombre de una persona u organización poderosa.

Mujer pensando en el ecoísmo

¿Cómo tratar el ecoísmo?

La idea de mantener las tendencias bajo control es compleja porque gran parte de los procesos que influyen u operan aquí no son conscientes. A menudo, se ha convertido en una forma de establecerse en la infancia.

Pasar tiempo con un terapeuta y analizar lo que sucede crea una oportunidad para identificar el origen del ecoísmo. Parte de lo que ofrece la terapia, en este caso, es la oportunidad de explorar estos sentimientos y recuerdos dolorosos en un espacio seguro y de apoyo y finalmente escuchar a alguien decir que el trauma infantil no fue “normal”.

Finalmente, si le resulta difícil hablar en voz alta, es posible incorporar elementos a la terapia para ayudar a que la persona se sienta más segura, incluyendo elementos como la poesía o la escritura creativa. Vale la pena discutir esto en un contacto inicial o una evaluación con un terapeuta.

BYINGTON, C. (2004) La Construcción Amorosa del Saber. Fundamento y Finalidad e la Pedagogía Simbólica Junguiana. Sáo Paulo: W11 Editores BYINGTON, C. (1988) Dimensiones Simbólicas de la Personalidad. Sao Paulo: Atica