El ABC de los traumas psíquicos

Edith Sánchez · 2 septiembre, 2018

Los traumas psíquicos son uno de esos temas sobre los que todo el mundo habla, pero que pocos comprenden en profundidad. No toda experiencia negativa se puede catalogar como trauma ni todo trauma tiene lugar de manera consciente. De hecho, muchas personas desconocen que llevan su marca, pese a lo mucho que influye en su comportamiento.

La magnitud de los traumas psíquicos no depende exclusivamente de la gravedad de los hechos a los que fue expuesta una persona. Influyen, de manera determinante, factores como la edad, el contexto, el estado mental al momento de vivir la experiencia, los hechos posteriores, etc.

Los traumas psíquicos en ocasiones tienen consecuencias que se prolongan durante toda la vida. Hablamos de realidades que deben ser abordadas por un profesional, ya que es muy difícil que una persona, por mucho esfuerzo que invierta, los supere sin una intervención dirigida y adaptada. En la vida de todos nosotros hay traumas, pero no todos hemos sufrido los mismos traumas ni a todos nos han dejado las mismas marcas.

Ansiedad, pesadillas y un colapso nervioso. Hay sólo una cantidad de traumas que una persona puede aguantar antes de que la lleven a la calle y empiece a gritar”.

-Cate Blanchett-

mujer asomándose detrás de otra simbolizando los traumas psíquicos

Definiendo los traumas psíquicos

En términos generales, los traumas psíquicos se definen como experiencias inesperadas que generan un fuerte dolor emocional. En el trauma siempre está presente una amenaza real, potencial o imaginaria contra la vida o la integridad de la persona. También caben dentro de esta definición las experiencias de las que somos testigos, aunque no recaigan directamente sobre nosotros mismos.

La respuesta de la persona expuesta a ese tipo de situaciones es de horror. Esto es, un estado de estupor en el que se experimenta un profundo sentimiento de impotencia. En general, y especialmente en los niños, la respuesta inicial es de caos emocional, agitación, comportamientos desorganizados o parálisis.

Los traumas psíquicos se almacenan de una manera anómala en nuestra memoria. La experiencia es tan impactante que la mente no alcanza a registrar de forma fiel y ordenada lo que sucedió. Es como un shock para el cerebro. Por eso lo usual es que la información involucrada se encapsule y se archive, por así decirlo. En otras palabras, que solo recordemos algunos aspectos y que lo demás sea olvidado de manera consciente. Es un mecanismo de defensa para seguir adelante.

Las características de los traumas psíquicos

El factor determinante del trauma es lo inesperado, la falta de preparación, la carencia de recursos adecuados de afrontamiento. De alguna manera, ni el cuerpo ni la mente están preparados para vivir esa experiencia. Al presentarse súbitamente, el organismo y el psiquismo deben reaccionar en muy poco tiempo. El nivel de excitación nerviosa alcanza tal nivel que la persona no puede elaborar la experiencia, integrarla en su historia de una manera que no le dañe.

De otro lado, los traumas psíquicos no siempre se derivan de hechos reales. A veces la mente humana no es capaz de separar lo que sucede en la realidad de lo que se imagina o se evoca. Así, pueden existir traumas psíquicos originados no en un hecho real de amenaza, sino en el hecho subjetivo de sentirse amenazado.

Sigmund Freud encontró que muchos de sus pacientes habían pasado por experiencias que les resultaban intolerables, aunque no pusieran en riesgo sus vidas o su integridad en estricto sentido. Es muy citado el caso de una mujer que alucinaba con el olor a pasteles quemados. Su psicoanálisis llevó al recuerdo del momento en que trabajaba como empleada doméstica de una familia. Recibió una carta de su madre y los chicos de la casa se la arrebataron. En ese momento se quemaron unos pasteles que tenía en el horno.

Sigmund Freud trabajando y estudiando los traumas psíquicos

Los efectos psicológicos del trauma

Los traumas psíquicos tienen diferentes niveles de severidad. Los más graves hacen que una persona organice toda su vida y toda su percepción de la realidad en función de la experiencia traumática. Por ejemplo, alguien que fue víctima del abandono súbito a temprana edad, lo que hace que después sea incapaz de confiar en alguien.

Lo usual es que quien ha sufrido traumas psíquicos desarrolle el llamado síndrome de estrés postraumático. Tiene que ver con seguir experimentando el trauma, de forma inconsciente, aunque ya no haya peligro. El caso típico es el de quien ha estado en una guerra y luego se siente atormentado por los recuerdos violentos, al punto que no logra vivir normalmente.

También es usual que uno de los efectos de los traumas psíquicos sea la ansiedad y la depresión, con manifestaciones como ataques de pánico o disfuncionalidades de diversos tipos. Lo importante es saber que con la ayuda profesional adecuada es posible minimizar los efectos de este tipo de impactos. Esto implica una reelaboración de lo sucedido y una intervención sobre la memoria emocional.