El acechador noctámbulo, una fábula para despertar tu corazón

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
CATARINA DE CUENTOS · 6 febrero, 2013

“Bueno, bueno, vamos a ver…” Decía el doctor sanguijuela que inspeccionaba las rodillas de mi sobrina catarina a la que habíamos llevado tras varios accidentes de cama, y me refiero accidentes de cama a cuando estas soñando  rayos y centellas, y… ¡zaz! De repente caes de la cama patas pa´rriba! Le revisó los ojos y las antenas, las alas traseras y delanteras sin decir palabra alguna, sólo movía la cabeza, a veces de un lado a otro en forma vertical y otras veces en forma horizontal.

“Veamos….” Le dijo por último a mi sobrinita mientras se acomodaba en su sillón de piel de musgo. 
Dígame señorita catarina menor, ¿Qué es lo que ud. sueña cuando se cae de la cama? La infante quedó pensativa, en realidad nunca se lo había preguntado.
“Bueno, lo que ud. va a hacer es leer un buen cuento antes de cerrar los ojos, no comer dulces 3 horas antes de irse a la cama, y lo mas importante, deje de sentir culpa de sus travesuras, sobre todo si ya no hay remedio. Mejor evítelas, verá qué buen sueño tendrá si sigue mis consejos.” Dijo el doctor sanguijuela con tanta rapidez,   que mi sobrina solo resolvió en decir que “sí” a todo.
Que opinas mi querida catarinita

Le dije tomándola de la mano mientras cruzábamos la calle. Ella quedo calladita, parecía que aquellas palabras le habían caído demasiado revueltas y apenas estaba organizándolas en su cabeza. No quise entrometerme de más, -uds. saben a lo que me refiero- y preferí regalarle un diario, de esos cuadernos en los que uno puede contar en secreto todas las travesuras que uno hace o incluso las que panea hacer.

Quizá así, ella podrá dormirse ya sin caerse de la cama” pensé con esperanza. Y tal vez fue un buen antídoto porque no nada más dejo de tener aquellos accidentes, sino que  el Sr. Invisible  dejó de tocar el timbre, ya no se me perdían las llaves por las mañanas, ya no desaparecían las paletas heladas de un día para otro y las calcomanías de mis calendarios ya permanecían en las mismas fechas en que yo las había pegado como recordatorios; pero sobre todo, las flores ya hacían fiestas alegres  presumiendo sus grandes penachos de pétalos gracias a que alguien les comenzaba a dar de beber.

Mmmm pensé, eso pasa cuando uno reflexiona sus travesuras, comienza a ocurrírsele cosas todavía mas divertidas y productivas” Y así fue como mi sobrina catarinita, se convirtió en la mejor cultivadora de flores del bosque, gracias a un diario, a las travesuras que pudo contar en secreto, pero sobre todo  al acechador noctámbulo que te empuja de la cama cuando no hiciste lo que realmente pide tu corazón.

Imagen cortesía de Jose Raúl Sanchez Ceballos