El amor es más que un deslumbramiento

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Al inicio el amor nos deslumbra. Pero cuando comienzan a surgir las sombras serán necesarios otros elementos para sostener la pareja.
 

El amor es una de las emociones más complejas, poderosas y fascinantes que puede experimentar el ser humano. Este sentimiento ha sido objeto de estudio en numerosas ocasiones y desde diferentes disciplinas. Todos en algún momento nos hemos cuestionado el origen y funcionamiento de este estado emocional que transforma nuestras vidas.

A pesar de las numerosas investigaciones realizadas no se ha alcanzado un consenso respecto al número de etapas por las que pasa el amor. Lo que sí ha quedado patente es que se trata de un proceso, de un ente vivo que evoluciona conforme los amantes se abren mutuamente a su compañero. Por tanto, el ideal de amor romántico que nos presentan las películas, libros y canciones se encuentra muy lejos de la realidad de esta vivencia.

Tras el «vivieron felices para siempre» la historia continúa. La pareja habrá de enfrentarse entonces a la tarea de transitar desde el flechazo hasta el compromiso. Un entramado de conocimiento mutuo, negociaciones y entrega que, con suerte, les conducirá a una versión más serena y sosegada de lo que, pensaron, era el amor.

 

Las tres etapas del amor

Según el psicólogo John Gottman son tres las fases que una pareja atraviesa en su construcción de la relación. Cada una de ellas cuenta con unas características y retos particulares. Y son muchos quienes no logran alcanzar la etapa final. Pero ¿en qué consisten exactamente estas fases?, ¿por qué resulta tan difícil llegar al final de la travesía?. 

1. Enamoramiento

La fase del flechazo, del deslumbramiento y de la pasión. Abarca los estados iniciales de la relación, en que ambas personas se conocen y se sienten magnética e irremediablemente atraídas. El torrente de hormonas y neurotransmisores que despliega nuestro organismo nos hace sentir plenos, pletóricos e invencibles.

Como si de una droga se tratase, la presencia de nuestro ser amado nos genera un inexplicable sentimiento de éxtasis. Y su ausencia, un doloroso vacío. Durante esta etapa los amantes desean pasar juntos la mayor parte de su tiempo. Hacen buena la conocida frase «el amor es ciego» pues están convencidos de que su pareja es perfecta. En definitiva, la entrega y la pasión son desbordantes.

2. Amor romántico

 

La relación evoluciona y el vínculo comienza a transformarse. El caos hormonal se calma y se comienza a recuperar cierta claridad de miras. Ahora empezamos a descubrir ciertos defectos en el otro que hasta este momento nos habían pasado desapercibidos. Determinados gestos y actitudes comienzan a generarnos dudas y surgen los primeros conflictos.

La pasión pierde relevancia en favor de aspectos más relacionados con la confianza y la intimidad. En esta etapa se espera que la otra persona sea nuestro confidente, nuestro apoyo y nuestro compañero. Si esta expectativa no se cumplen aparecen la tristeza, la frustración y la decepción.

La asertividad de ambos miembros cobrará una gran importancia en el desenlace de los conflictos. Si son capaces de escucharse, comprenderse y negociar desde el amor y el respeto, la relación continuará y se irá fortaleciendo. Por el contrario, si la inmadurez o las carencias personales toman el control, las crisis irán erosionando la pareja hasta hacerla desaparecer.

3. Amor maduro

Esta tercera etapa está caracterizada por la calma, el sosiego y el compromiso. La lealtad, el respeto y el afecto profundo constituyen los pilares del amor maduro. El amor deja de vivirse desde la individualidad y comienza a considerarse a la pareja como un equipo. Ambas personas son más maduras y racionales, y en lugar de dejarse llevar por la atracción o el apego, eligen consciente y deliberadamente continuar cuidando el vínculo.

 

En este momento se podría decir que la relación ha completado su transformación y se ha consolidado. Gracias a la dedicación de sus miembros se ha construido un lazo emocional sólido y valioso. Es poco probable que surjan disputas o problemas de comunicación que no hayan tenido lugar anteriormente, y el amor se vive como un apacible mar en calma en lugar de como un torrente descontrolado.

Como conclusión podemos afirmar que el amor no se encuentra, se construye. Es cierto que la atracción y pasión iniciales son indispensables, pero sin trabajo personal y cooperación el vínculo no logrará consolidarse. El amor es más que un deslumbramiento.

  • Isabel, P. A. G., & Sinuhé, E. C. (2006). Intimidad, comunicación y satisfacción marital. Archivos Hispanoamericanos de Sexología12(2).
  • Serrano Martínez, G., & Carreño Fernández, M. (1993). La teoría de Sternberg sobre el amor. Análisis empírico.