El Bosco: biografía de un enigma

El Bosco es un artista cuya obra ha intentado explicarse cientos de veces sin demasiado éxito. Vamos a descubrir cómo fue su vida, qué y cómo pintó; repasaremos algunas de las teorías que intentan explicarnos la enigmática y desconcertante vida y obra de este gran maestro.
El Bosco: biografía de un enigma
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Escrito por Sonia Budner

Última actualización: 16 febrero, 2019

Las biografías oficiales de El Bosco nos cuentan una historia bastante simple de la vida de este excepcional artista. La historia del arte más ortodoxa presenta sus obras como arte de carácter religioso, pero sabemos que el rey Felipe II, coleccionista de todo lo oculto, se tomó gran interés por poseer sus obras. Algo que, por otro lado, tampoco deja de ser irónico.

Lo cierto es que hay algo en la vida y en la obra de este maestro de las artes que es difícil, muy difícil de explicar y, como consecuencia, parece que no alcanzamos a comprender completamente a este artista. Todo este halo de misterio en torno al Bosco le hizo ganarse a pulso numerosos rumores sobre cuadros pintados bajo estados alterados de conciencia, simbolismo oculto, cofradías secretas, trastornos psicológicos o incluso herejía. Estas acusaciones, para la época, suponían todo un peligroso desafío a las normas establecidas.

Su obra ha intentado explicarse cientos de veces sin demasiado éxitoPodemos empaparnos en lecturas sobre la figura del Bosco, aprendernos la descripción detallada de cualquiera de sus obras y, aun así, al contemplarlas, siempre queda esa sensación de “aquí hay algo más”.

El misterio siempre ha fascinado al ser humano y las pinturas y las figuras del pasado han alimentado enormemente nuestra imaginación. Por ello, nos hemos propuesto descubrir cómo fue su vida, qué y cómo pintó y repasaremos algunas de las teorías que intentan explicarnos la enigmática y desconcertante vida y obra de este gran maestro.

Cuadro al óleo de El Bosco

El Bosco: vida

Su nombre era Jheronimus van Aken, pero sería conocido como el Bosco. Pintor holandés, nacido en 1450, en el seno de una familia acomodada de artistas, fue hijo y nieto de pintores. Hacia la mitad de su vida, el Bosco produce sus obras más famosas, llenas de simbología evocadora y elementos fantásticos en lo que parecen mundos de sueños llenos de monstruos infernales.

Parece que el Bosco perteneció a una especie de cofradía que llevaba por nombre “los hermanos del libre espíritu”. Esta cofradía era, en realidad, una comunidad sectaria con origen en la herejía del adamismo, que no creía en el pecado ni en la redención.

Se oponía a todo orden establecido y sus ideas eran tildadas de anárquicas. Aunque esto no es más que una de las muchas versiones que se manejan sobre su biografía. Otros apuntan a que la cofradía a la que perteneció era la de “Nuestra Señora” que, por el contrario, poseía unos valores opuestos a la anterior.

El Bosco llevó una vida bastante desahogada gracias a su matrimonio con la hija de un exitoso comerciante que gozaba de buena posición. Como suele ocurrir cuando abordamos figuras emblemáticas del pasado, sus datos biográficos, igual que su obra, son un mar de conjeturas que muchos expertos de distintos campos han intentando aclarar durante los últimos quinientos años.

Su obra

Sus obras han sido interpretadas en innumerables ocasiones dentro de la tradición medieval de figuras ejemplarizantes sobre la vida, la muerte y el pecado. En las últimas décadas, sin embargo, las interpretaciones de su obra han dado frutos que contradicen la concepción clásica.

Varios autores sugieren que su obra, en especial, El jardín de las Delicias, su cuadro más reticente al análisis, pudieron estar pintados bajo los efectos de algún tipo de alucinógenos. Es decir, estados alterados de consciencia que le sumergían en el mismo mundo fantástico de figuras semihumanas que plasmaba en sus lienzos y que, en numerosas ocasiones, se representaban cercanos a verdaderas pesadillas en un mundo extrañamente onírico.

En el último centenario de su muerte, en 2016, un equipo de investigadores realizó una nueva clasificación de su obra que se encuentra repartida por varios países; se eliminaron, además, algunas de las obras que se le habían adjudicado y se incluyeron otras. En cualquier caso, parece que son 21 cuadros los que no han sido objeto de polémica en cuanto a su autoría, ya que no solía firmar sus cuadros.

Entre los cuadros cuya autoría no parece ser dudosa destacan: El jardín de las delicias, El juicio final, El carro de heno, La extracción de la piedra de la locura, Mesa de los pecados capitales, La nave de los locos y Tríptico de la Adoración de los Reyes Magos. Algunas de estas obras se conservan en el Museo del Prado, gracias a la obsesión de Felipe II por la colección de los trabajos del Bosco.

Pintura de El Bosco

¿Pintó el Bosco bajo estados alterados de consciencia?

Pues, aunque todo parece indicarlo, lo cierto es que no existe una opinión unánime acerca de este asunto, aunque esto es algo que podemos aplicar prácticamente a toda su figura, tanto a su vida como a su obra. Erich Peuckert, profesor de folklore germano, es una de las figuras más destacadas que ha prestado apoyo a esta teoría. Tras diversos estudios en la Universidad de Gotinga, Peuckert y otros investigadores han sostenido esta idea como una posibilidad.

Durante estas investigaciones, se realizó un experimento en el que se utilizó una receta elaborada a base de productos naturales, encontrada en antiguos tratados del siglo XV. La receta en cuestión es conocida como uno de los “ungüentos de las brujas” del medievo.

Los voluntarios en el estudio, sometidos a los efectos de dicho ungüento, experimentaron una larga somnolencia en la que tenían lugar extrañas alucinaciones. Durante las sesiones, parece que los voluntarios visualizaron imágenes con destacado contenido sexual, criaturas infernales, ataques de figuras monstruosas y muchos de los elementos que podemos encontrar en los cuadros de Hyeronimus Bosch.

Por otro lado, existen otros estudios que nos acercan a posibles trastornos mentales que, de alguna manera, el artista plasmó en toda su obra. Bajo los efectos de trastornos psicóticos o de efluvios aquelárricos, lo cierto es que la obra de El Bosco tiene algo que penetra más allá de los sentidos. De tal manera que uno no sabe explicar si los mensajes contenidos en sus cuadros provienen “desde” o están dirigidos “hacia” el subconsciente de manera intencionada.

Sea de una forma o de otra, podemos disfrutar de la obra del Bosco en la actualidad, empaparnos de su arte y experimentar las distintas sensaciones que nos puede provocar el disfrute de su obra.

 

 


Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.