El caso Diana y la angustia del adolescente

Edith Sánchez·
15 Mayo, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
14 Mayo, 2020
El caso Diana tiene que ver con el significado que llegan a adquirir los cambios de la pubertad en una niña que tiene un vínculo ambiguo con su madre.

El caso Diana es relatado por la psicóloga María del Carmen Cota Piñeiro, psicoterapeuta psicoanalítica de niños y adolescentes en Galicia (España). Nos cuenta que Diana llegó a su consultorio cuando tenía apenas 10 años. Como es habitual a esa edad, no fue por cuenta propia, sino que la llevaron sus padres y había sido remitida por la psicóloga escolar.

Padres y educadores la presentaron como una chica «difícil»: conflictiva en sus relaciones y autoritaria en el trato. Por otro lado, buena parte del contacto social parecía basado en la rivalidad. Además, resultaba evidente la tensión con su madre, producida en buena medida por celos hacia su hermano menor.

En el relato del caso Diana, se señala que la familia de la chica estaba compuesta por el padre, la madre y dos hermanos: uno mayor y el otro menor. Ambos padres eran médicos y, de hecho, se habían enamorado mientras estudiaban. El padre no se mostraba demasiado comunicativo, mientras que la madre era la que parecía dominar más áreas.

«Todo lo que ocurre en nuestra vida está ligado al inconsciente, porque es, antes que nada, la matriz de nuestras repeticiones, ya sean estas sanas o enfermas».

-Gabriel Rolón-

Adolescente enfadada con su madre

La madre en el caso Diana

Tal y como lo relata la psicoterapeuta, la madre de Diana describe a su hija inicialmente como alguien muy «demandante», a quien le cuesta mucho disfrutar de lo que tiene. Además, se queja de que manifiesta un rebeldía muy pronunciada, en especial si comparaban su comportamiento actual con el manifestado en etapas anteriores.

Entre tanto, hace una descripción más amable de sus hijos. El mayor, de 14 años, es listo, gran deportista, muy sociable y magnífico estudiante. A su vez, el hijo menor, de 7 años, es brillante, cariñoso y obediente. Diana, la única hija mujer, está en medio de estos dos varones y es la problemática.

Hay algo más. El caso Diana nos habla también de una madre que está en una condición especial. Cuando ella estaba muy pequeña, había sufrido de poliomielitis. Esto le había dejado secuelas permanentes, obligándola a utilizar muletas para desplazarse. Estas dificultades no habían impedido que fuese una mujer atractiva.

Por otro lado, la recomendación médica a raíz de la poliomielitis era que no se quedara embarazada. Recomendación que, como podemos adivinar, no siguió. Su primer embarazo fue normal. En cambio, el de Diana fue complicado, al igual que el del tercer hijo. Durante la infancia de los más pequeños, ella había dedicado su tiempo a atenderles; ahora, quería volver al mundo laboral.

El proceso con Diana

La primera parte de la terapia en el caso Diana fue de un año. Poco a poco la niña se fue abriendo y hablando de todo lo que la inquietaba. Manifestó principalmente que su conflicto tenía que ver con su hermano menor. Sentía rabia por la preferencia que manifestaba su madre hacia él, cuando a sus ojos era un hipócrita, en tanto que a ella no la quería.

Todo transcurría alrededor de ese relato, hasta que la psicóloga preguntó por los cambios que se estaban dando en su cuerpo en relación con la pubertad. Diana no quiso hablar del tema, de hecho fue un tema que hizo que se cerrara tanto como para querer abandonar la terapia. Sus padres estuvieron de acuerdo, ya que durante ese año la chica había mejorado su comportamiento.

Durante la última sesión, Diana habló acerca de una compañera suya que había mencionado el suicidio. También preguntó si su psicoterapeuta había atendido a una chica que se había suicidado. No era así, pero al ser interrogada por su interés, la niña evadió el tema.

Mujer triste pensando en suicidio

Una nueva fase

Tres años después de esa última sesión, la psicoterapeuta recibió una llamada de la madre de Diana. Estaba preocupada por la chica. Ahora tenía 13 años, había sido sorprendida con unas pastillas en su bolso. Una compañera suya dijo que Diana pretendía suicidarse. Así se retomó el vínculo terapéutico, pero esta vez fue más difícil.

Diana se mostraba muy agresiva con la terapeuta. En especial, comenzó a dirigir sus ataques contra el físico de ella. Le hablaba de lo vieja y poco agraciada que le parecía. También expresaba abiertamente que quería verla muerta. La psicóloga comprendió que estaba haciendo una transferencia de los sentimientos que tenía hacia su madre. Según la hipótesis de trabajo, lo que le decía a la psicóloga realmente iba dirigido a su madre.

Precisamente la madre, durante una de las visitas a la psicóloga, comenta que Diana ha mejorado. La psicóloga le pide que hable acerca de los sentimientos que ella experimenta como madre cuando Diana tiene comportamientos inadecuados. Así mismo, se le pregunta por los daños que tiene en su cuerpo. La madre no quiere entrar en este tema. La psicóloga tiene un lapsus. Quiere decir «Diana está dolida», pero dice «Diana no está tan jodida».

Para todos, el caso gira en torno a un punto. Se asume que el problema de Diana tiene que ver con su transformación en mujer, con el cuerpo de una mujer, en detrimento de su madre, que tiene el cuerpo afectado.

La familia decide dar por terminada la terapia, aunque la psicóloga no está de acuerdo con ello. Diana, de todos modos, comprende lo esencial de su conflicto y su madre también.

Piñeiro, M. D. C. C., & Ruiz, J. P. (2011). El enigma del síntoma y sus caminos en la psicoterapia psicoanalítica de niños y adolescentes: un caso clínico. Cuadernos de psiquiatría y psicoterapia del niño y del adolescente, (51), 201-215.