Las heridas del autoritarismo son las que más tardan en sanar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 14 junio, 2018
Valeria Sabater · 14 junio, 2018

La humillación, el ninguneo, la agresión, la dominación… Las heridas del autoritarismo curan muy lento, dejan cicatriz y hasta nos condicionan en algunos aspectos. Así, aquella sombra de un padre o una madre autoritaria, de una pareja dominante o un jefe narcisista e igualmente autoritario puede acompañarnos durante años en forma de nudo que no sabemos deshacer.

Siempre es importante volver a este tema, el del autoritarismo. Ya sea desde un punto de vista social o psicológico, nunca está de más incidir sobre esta dimensión que tantos estragos ha causado a nuestra historia. Desde que Theodor Adorno teorizara por primera vez en 1950 sobre este tema en su libro La personalidad autoritaria, esta área no ha hecho más que avanzar y perfilarse mucho más gracias a la psicología social y a los múltiples trabajos e investigaciones de campo.

“Las heridas emocionales son el precio que todos tenemos que pagar para ser independientes”.

-Haruki Murakami-

Ahora bien, mientras la bibliografía sobre este tipo de perfil psicológico es cada vez más amplia y fiable, aún no contamos con demasiados trabajos sobre el impacto que puede tener el autoritarismo. Y no hablamos solo del efecto de una crianza bajo este contexto. Nos referimos también a las relaciones afectivas y a esos escenarios laborales controlados por una figura claramente autoritaria.

Son esas microesferas donde habitan una serie de dinámicas tan desgastantes como dañinas, y que no siempre sabemos cómo manejar. Hablamos de un tema importante en el que vale la pena profundizar.

Chico con ramas en la espalda

Las heridas del autoritarismo, marcas que persisten

Decía el poeta Luis Cernuda que todos somos eco de algo. Todos arrastramos una voz, un peso, un lastre que nos condiciona consciente o inconscientemente. Sabemos, por ejemplo, que una infancia de abuso y maltrato genera un efecto traumático que impacta en el niño a cualquier nivel: emocional, psicológico, desarrollo… Ahora bien, el velo del autoritarismo está presente de muchos modos en nuestra sociedad y aún más, no solo convive con nosotros: lo permitimos.

Hay madres y padres que infravaloran a sus hijos, que ejercen un control abusivo sobre ellos y que coartan por completo su desarrollo emocional. Asimismo, ocurre casi lo mismo en muchas organizaciones y empresas. Valoramos la innovación, la creatividad y el capital humano, pero en los puestos directivos siguen existiendo figuras que prefieren la docilidad y que no dudan en menospreciar y controlar a sus trabajadores.

El doctor Eric R. Maisel, conocido psicólogo y escritor de la Universidad de California, validó hace un año un cuestionario para evaluar las heridas del autoritarismo. Este interesante instrumento permite explorar el impacto que tienen sobre el ser humano este tipo de dinámicas. Así, y después de haber aplicado esta prueba en múltiples escenarios sociales: universidades, centros de salud y conocidas empresas, se ha podido concluir que una buena parte de la población “arrastra” la impronta de esa marca, esa que el autoritarismo ejerció en algún momento de nuestras vidas.

Mujer sentada y triste pensando en sus heridas del autoritarismo

El impacto del autoritarismo

La escala de Eric R. Maisel mide diez dimensiones que pueden acontecer en cualquier relación, en cualquier lazo familiar, de pareja, laboral, etc. Identificar estas características nos ayudaría a frenar el impacto negativo del autoritarismo y a actuar en consecuencia antes de que estas consecuencias echen raíces en nuestras dinámicas, tanto de pensamiento como conductuales.

Son las siguientes:

  • Amenazas y uso de la táctica del miedo o el chantaje.
  • Infravaloración.
  • Reglas quijotescas (poco claras, sin sentido o variables).
  • El odio: esta emoción siempre está presente, lo proyectan sobre nosotros o sobre los demás. El autoritario siempre tiene su “lista negra”, personas que detesta y que considera sus enemigos.
  • Tienen su propia verdad, su esquema y concepción de cómo es el mundo. El resto se equivoca.
  • Son controladores, pero la necesidad de control en la personalidad autoritaria va mucho más allá. También disfruta ridiculizando, humillando.
  • Pensamiento rígido.
  • Son intrusivos
  • Desconfían de todo y de todos.
  • Falta absoluta de empatía.

La anatomía de las heridas del autoritarismo

Las heridas del autoritarismo son traumáticas. Pueden cambiar nuestra personalidad, condicionar nuestras elecciones e incluso el modo en que nos vemos. Todo dependerá, sin duda, del tiempo en que hayamos estado en contacto con la figura autoritaria y el modo en que hayamos finalizado la relación con esa persona.

Veamos por tanto qué efecto puede tener en nosotros este tipo de dinámica abusiva y dolorosa.

  • Baja autoestima.
  • Sensación de que no tenemos control sobre nosotros mismos.
  • Inseguridad.
  • Ansiedad y estrés postraumático.
  • Sensación de ineficacia.
  • Frustración e ira acumulada que no sabemos cómo canalizar.
Chica acurrucada representando las consecuencias del incesto

¿Cómo sanar las heridas del autoritarismo?

Son muchas las personas que acuden a terapia después de muchos años trabajando en una empresa. Tras dejar ese contrato laboral, sienten la necesidad de dejar atrás otro tipo de contrato: el emocional. Ese remunerado solo con sufrimiento, con la vulneración de la dignidad y generado por una figura de autoridad que ejerció el abuso, el control y hasta la humillación.

Ocurre lo mismo en muchas relaciones de pareja, ahí donde uno de los miembros actuaba con las mismas dinámicas. Así, algo que debemos tener muy en cuenta es que en esos casos donde experimentemos que alguien coarta nuestra libertad en cualquiera de sus formas, lo que está ejerciendo es un tipo de maltrato. Puede que no deje huella física, puede que incluso nuestro código penal no registre determinadas conductas como objeto de denuncia, sin embargo, son formas en que se atenta a nuestros derechos y como tal, debemos defendernos.

La intervención psicológica en estos casos debe centrarse en restaurar la autoestima perdida. Lo que necesitan los pacientes es poner en voz alta muchas de esas situaciones y descubrir, entender y aceptar que, efectivamente, fueron víctimas del maltrato psicológico. Asimismo, terapias como la basada en el EMDR (Reprocesamieto y Desensibilización) se ha convertido en los últimos años como una estrategia interesante para tratar sucesos desagradables o traumáticos, reducir la ansiedad y favorecer la recuperación emocional.

Para concluir, no dejemos nunca de lado el efecto de esa lluvia fina del autoritarismo que cala casi sin que nos demos cuenta en infinidad de escenarios, tanto en los públicos como en los privados. Las consecuencias a menudo tienen un coste inmenso.

hombre con buho simulando el peso de las heridas del autoritarismo