Shutter Island y el estrés postraumático

Leah Padalino · 27 enero, 2018

Shutter Island es una película del año 2010 dirigida por Martin Scorsese, protagonizada por Leonardo DiCaprio y acompañada por unos sobresalientes Ben Kingsley y Mark Ruffalo. La película recupera el film noir de los años 40 y 50, mantiene el suspense hasta el final y nos sumerge en una situación totalmente perturbadora.

Una isla, una institución mental y una inexplicable desaparición serán los principales ingredientes de este thriller psicológico que, a más de uno, dejó con la boca abierta. La película nos sitúa en 1954, momento en el que las instituciones mentales todavía estaban en auge y algunas prácticas como la lobotomía transorbital todavía se seguían practicando.

Los agentes federales Teddy Daniels y Chuk Aule serán enviados al hospital de Ashecliffe para investigar una extraña desaparición. ¿Puede desaparecer alguien de una institución totalmente vigilada, en una isla, sin zapatos y bajo la lluvia? La película nos plantea una trama que, poco a poco, irá deformándose hasta llevarnos a un desenlace de lo más inquietante.

Locura e historia

A lo largo de la historia, el tratamiento de las enfermedades mentales ha sido de lo más diverso. Michel Foucault aborda este tema en su obra La historia de la locura en la época clásica, toma la transvalorización de valores nietzscheana y la aplica al término locura. Lo considerado “bueno” en un momento dado puede dejar de serlo en otro, o puede tomar otro rumbo y diversos matices; algo similar ocurre con la locura. No es que Foucault defienda la locura, sino que trata de explicar el cambio que se produce a lo largo del tiempo.

Centro psiquiátrico de la Shutter Island

En la Edad Media, los “locos” eran excluidos, pero no encerrados, porque suponían el acceso a otro tipo de conocimiento. No es hasta el Renacimiento, con la aparición del racionalismo, cuando comienzan a ser encerrados y aislados. Al generar la idea de la razón, aparece también la sinrazón, la locura.

En época moderna, la locura comienza a despertar cierto interés y fascinación entre los investigadores. A partir de este momento, comenzará la búsqueda hacia la curación, aunque lo cierto es que las primeras prácticas pueden escandalizarnos actualmente. Sin ir demasiado lejos, enseguida nos damos cuenta de que cada día descubrimos trastornos o enfermedades mentales de las que nunca habíamos oído hablar y, del mismo modo, se desmitifican algunas creencias. No olvidemos que hasta no hace mucho tiempo la homosexualidad era considerada como una enfermedad.

En Shutter Island asistimos a una institución mental de lo más espeluznante, Ashecliffe. Un hospital situado en una isla, donde nadie puede escapar, totalmente claustrofóbico y aislado (valga la redundancia), en definitiva, un lugar nada acogedor. La música tampoco acompaña a que el espectador espere ver algo agradable, sino todo lo contrario, crea una atmósfera tenebrosa, lúgubre y cargada de tensión.

La película nos muestra también la “guerra” psiquiátrica que se estaba viviendo en la época, pues se trata de un momento de cambio, de transición, donde las nuevas corrientes chocan con las antiguas.  El antiguo modelo en psiquiatría apelaba a la reclusión de los enfermos y a prácticas como los electroshocks o la lobotomía. Por otro lado, aparecía una nueva corriente que pretendía humanizar o normalizar la vida de los pacientes, sin acudir al encierro y abogando por el uso de fármacos. El problema es que muchos de los fármacos todavía no estaban desarrollados al cien por cien y se encontraban en una fase experimental.

El Doctor Cawley es el director de la institución. Se muestra como un hombre que trata de conciliar ambas corrientes, pues en ningún momento quiere que sus pacientes sean tratados como delincuentes, apela al uso de fármacos y pretende que los enfermos puedan llevar una vida “normal”. Sin embargo, esto contrasta con el hecho de dirigir una institución totalmente aislada del mundo, donde los pacientes están encerrados y todavía se practican lobotomías en casos muy extremos.

Los pacientes de Shutter Island no son pacientes comunes, son personas que han cometido hechos atroces: han asesinado, herido… Y en lugar de ser recluidos en una cárcel, son destinados a esta institución, en la que hay diversos pabellones en función de la peligrosidad de los pacientes.

Mujer con un dedo en la boca

Los trastornos en Shutter Island 

Me resulta imposible hablar de Shutter Island sin hacer spoilers, pues se trata de una película con muchos giros argumentales que irán dando pistas del desenlace, por lo que, si no has visto la película, no te recomiendo que sigas leyendo.

Aunque al principio todo parece apuntar hacia una película detectivesca, Scorsese nos va dejando algunas pistas que nos indicarán que, quizás, no todo es lo que parece en Shutter Island. Pequeños detalles como el hecho de que Chuck no sea capaz de sacar la pistola con la agilidad que debería hacerlo un policía o que Teddy comience a tener alucinaciones, que sueñe con su difunta esposa, los fármacos que le administra Cawley a Teddy para las migrañas, etc. nos invitan a pensar que algo extraño pasa con el protagonista.

A lo largo de la historia, vemos que Teddy Daniels comienza a tener migrañas y recuerdos de su pasado en la Segunda Guerra Mundial. Vivió experiencias realmente traumáticas que han creado una profunda herida en su mente. Las imágenes del campo de concentración de Dachau son muy difíciles de borrar y le pasan factura en su presente. A su regreso de la guerra, Daniels compartía su vida con su esposa Dolores y sus tres hijos, pero era un hombre muy volcado en su trabajo y apenas pasaba tiempo con su familia. Además, su forma de “enfrentar” los fantasmas del pasado no fue la más acertada, pues tuvo serios problemas con la bebida.

Daniels

Daniels comienza a revivir experiencias pasadas por medio de sueños y alucinaciones. De este modo, comprendemos que probablemente esté siendo víctima de un trastorno de estrés postraumático debido a las duras vivencias a las que ha tenido que enfrentarse. Conforme avanza la película, vemos que no solo la Segunda Guerra Mundial ha abierto una herida en el protagonista, sino la propia historia de su familia.

Su esposa le decía que algo en su cabeza le hablaba, una especie de gusano que estaba dentro de ella. Daniels estaba tan volcado en su trabajo y en sus propios traumas que desatendió por completo la enfermedad mental de su esposa y, como consecuencia, la salud de su esposa empeoró y terminó asesinando a sus propios hijos. Daniels, al descubrir tal atrocidad, mata a su esposa entre llantos.

Todo esto hace que el estrés aumente y aparece en Daniels un estado de negación y desdoblamiento de la personalidad, creando personajes inventados, a partir de anagramas, como Andrew Laedis (que es el propio Daniels) y Rachel Solando (su esposa). De este modo, inventa una fantasía en la que su esposa murió en un trágico incendio causado por un supuesto Laedis y, en su fantasía, él sigue siendo un agente federal y ha sido enviado a Shutter Island para investigar una misteriosa desaparición.

Psiquiatra con una pizarra

El protagonista crea una nueva realidad y, de este modo, olvida lo sucedido con anterioridad. Se niega a aceptarlo y prefiere vivir una mentira, pensar e investigar las supuestas conspiraciones y experimentaciones que se llevan a cabo en la isla.

El Doctor Cawley y su equipo le permiten llevar a cabo su fantasía con la esperanza de que, finalmente, al descubrir que no hay ninguna conspiración, tome conciencia de su pasado, lo acepte y llegue la curación.

Sin duda, Shutter Island es una interesante película que aborda temas vinculados a la historia de la psiquiatría y psicología y que, de una forma magistral, juega con nuestra mente y engaña a nuestros propios sentidos. Nada es lo que parece en Shutter Island.

“¿Qué es mejor? ¿Vivir como un monstruo o morir como un hombre bueno?”.

-Shutter Island-