El cerebro social: ¿por qué es una ventaja evolutiva?

Edith Sánchez·
03 Mayo, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
03 Mayo, 2020
El cerebro social es uno de nuestro principales recursos para vencer los desafíos que nos plantea el entorno. A través de él, podemos disfrutar de experiencias únicas, como la de sentirnos acompañados, protegidos o valiosos para la sociedad.

El cerebro social es un concepto creado por las neurociencias y hace referencia a la capacidad innata para relacionarnos con los demás. Se ha comprobado que existen circuitos cerebrales que intervienen tanto en la formación de una autoconciencia como en la habilidad empática.

El concepto de cerebro social se fundamenta en la idea de que existen varias zonas cerebrales directamente vinculadas con las relaciones sociales. Está el giro fusiforme, que permite almacenar en la memoria los rostros; por supuesto, las neuronas espejo, que hacen posible la imitación; las neuronas Von Economo, que nos orienta en los conflictos, etc.

Por otro lado, está la capacidad de crear y utilizar el lenguaje. Este aspecto fue definitivo en la evolución del hombre y está directamente asociado a la necesidad de relacionarnos con otros. El cerebro social comprende dos grandes sistemas: las neuronas espejo y la teoría de la mente. Veamos.

Grandes descubrimientos y mejoras implican invariablemente la cooperación de muchas mentes”.

-Alexander Graham Bell-

Personas con representaciones mentales como ejemplo de la teoría de la mente

El cerebro social y las neuronas espejo

Las neuronas espejo son un tipo especial de neuronas que se activan cuando se observan acciones o expresiones emocionales en otras personas. Es decir, que cuando alguien contempla a otra persona haciendo alguna cosa, es como si él mismo la estuviera realizando. De una u otra manera, el ser humano se apropia de los sentimientos y las emociones de los demás.

Las neuronas espejo se encuentran principalmente en el lóbulo frontal, una región asociada al movimiento y a la sensibilidad del tacto; también en el lóbulo parietal, que aporta la imagen corporal y la información de los sentidos; y en la corteza insular y el cíngulo, ambos relacionados con las emociones y el dolor.

Las neuronas espejo hacen que se produzca el llamado “efecto de contagio”, el cual es uno de los mecanismos fundamentales del cerebro social.

Como el nombre lo indica, este efecto lleva a que las emociones y sentimientos de los demás se transmitan de una persona a otra, a través de un mecanismo casi automático. De este modo, se termina imitando lo que se percibe en el entorno.

La teoría de la mente

El otro gran sistema que estructura el cerebro social es la teoría de la mente. Esta es la capacidad para atribuir intenciones o pensamientos a otras personas o incluso a otras entidades en algunas ocasiones. Esta función permite reflexionar sobre el estado mental propio y el de los demás, principalmente a través de signos corporales.

Esta percepción propia y ajena incluye emociones, sentimientos, creencias, etc. Permite, finalmente, prever cómo será el comportamiento propio y el de los demás, ante determinados eventos. En general, esta capacidad no se ejerce de forma deliberada, sino intuitivamente.

Tanto las neuronas espejo como la teoría de la mente son los dos grandes componentes del cerebro social y de su producto más acabado: la empatía. Esta se define como la capacidad de comprender al otro en sus propios términos o, lo que es lo mismo, ponerse en el lugar de los demás.

Se nace con la potencialidad de desarrollar la empatía, pero no siempre se logra. En condiciones “normales” todos los seres humanos tendríamos la capacidad de ponernos en el lugar de otro. Sin embargo, las experiencias individuales y la educación pueden promover conductas poco empáticas, a través de conductas escasamente adaptativas, prejuicios, etc.

Manos de piedras agarradas

La cooperación es un acto inteligente

Si el ser humano viene equipado para ser sociable no es por un capricho de la naturaleza. La vinculación con otros fue decisiva para que la especie evolucionara. El lenguaje es uno de los productos más elaborados de esa evolución y tiene como función, precisamente, la de conectar los pensamientos y sentimientos de unos con otros.

Podríamos decir que el ser humano es un ser desvalido, con mucha menos fuerza y agilidad que otros seres de la naturaleza y con unos sentidos precariamente desarrollados en comparación con los de otros animales. Si logró enfrentarse con éxito a un entorno en el que no tenía mayores probabilidades de sobrevivir, fue gracias a su cerebro; este, a su vez, le debe mucho de su desarrollo a lo social.

Lo que era cierto para los primitivos sigue siéndolo para el hombre contemporáneo, aunque de momento prime una sociedad con valores individualistas y utilitarios. Se comprueba en la vida cotidiana y en la historia de los pueblos que la cooperación es el medio más expedito para superar problemas y llegar lejos. A eso invita la naturaleza, a través del cerebro social.

Valdizán, J. R. (2008). Funciones cognitivas y redes neuronales del cerebro social. Revista de neurología, 46(Supl 1), 64-68.